Mascarillas y guantes en los vertederos de basura: la pandemia también azota al medioambiente

La gestión inadecuada de desechos bioinfecciosos puede causar la expansión de contagio y un fuerte impacto al entorno ecológico.

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En vertederos de la ciudad se pueden observar desechos sanitarios, entre ellos mascarillas y guantes. Foto Eswin García.
En vertederos de la ciudad se pueden observar desechos sanitarios, entre ellos mascarillas y guantes. Foto Eswin García.

Se calcula que una mascarilla de uso sanitario de polipropileno —termoplástico— puede tardar en degradarse unos 400 años, si se encuentra en un entorno propicio para ello.

Este, como otros objetos de equipo de protección individual (Epi), cuyo uso ha aumentado en los últimos meses para prevenir el contagio de la pandemia del covid-19, han desencadenado gran cantidad de desechos bioinfecciosos, cuya disposición final debe hacerse de manera responsable, para evitar que la naturaleza y la sociedad se vean afectados.

Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el 30 por ciento de los residuos municipales en América Latina y el Caribe se disponen de forma incorrecta.

Sandra López, especialista del Departamento para el Manejo de los Residuos y los Desechos Sólidos, del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (Marn), explica que la mayor parte de los Epi —clasificados como bioinfecciosos, por estar en contacto con el ser humano— están compuestos de polipropileno, poliuretano, látex, poliéster, policarbonato, aluminio y otros materiales, derivados de combustible fósil. También hay mascarillas elaboradas con tejidos, algodón y fibra de celulosa.

Además de que es esencial que los fabricantes de estos productos mantengan estándares de calidad y normas establecidas con un sentido de responsabilidad social y solidaria, es importante la eliminación y tratamiento adecuado de este tipo de desechos, añade López.

Alerick Pacay, fundador y director de Semillas del Océano, oenegé que promueve programas educativos y de ciencia para la conservación de océanos y vida marina, refiere que hay siete categorías de plástico —agrupadas por sus características químicas—, y muchos de estos productos ni siquiera tienen impreso el número de plástico del que están fabricados.

Si el desecho contiene polipropileno, su degradación puede llegar hasta los 400 años, mientras que los productos elaborados con materiales como nitrilo o vinilo pueden tardar 30 años en degradarse, pero influirá el clima y el entorno —bacterias, pH o humedad—, entre otros factores.

Estos residuos no solo producen contaminación al medioambiente tanto hídrica —fuentes de agua—, edáfica —suelos— o lítica —piedras—, sino que son uno de los agentes dispersores del covid-19, dice López. Los más afectados serían el personal de recolección de basura, pepenadores, guajeros e, incluso, comunidades que viven alrededor de basureros, expone Pacay.

Pedro José Ramírez, gerente comercial de Biotrash, empresa gestora de residuos industriales, químicos y hospitalarios, señala que, además, está el riesgo de que al recuperarse objetos de Epi estos sean revendidos.

De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), se están introduciendo en la naturaleza a nivel global unos 10 millones de mascarillas cada mes. Solo una mascarilla contiene alrededor de dos gramos de polipropileno, plástico altamente contaminante, lo que supone un incremento de mil 318 toneladas de plástico y millones de microplásticos.

Según datos del Marn, se estimaba que en Guatemala la generación de residuos y desechos sólidos comunes era de 0.519 kilogramos —1.15 libras— por habitante al día y que los desechos sanitarios representaban el 14%.

“Si planteamos un escenario hipotético en el cual todos los guatemaltecos utilizáramos diariamente una mascarilla desechable, se generarían unos 17 millones de residuos solo de este objeto. ¿Y cuántas de estas quedarían esparcidas en el medioambiente como consecuencia de una mala gestión de residuos?”, se pregunta Gabriela Caal, fundadora y directora de la iniciativa ambientalista y blog Impulsando el cambio GT.

Hay que tomar en cuenta que el 44 por ciento de los hogares de Guatemala incinera la basura y apenas un 20 por ciento utiliza los servicios municipales de recolección, según un estudio del Instituto de Investigación y Proyección sobre Ambiente Natural y Sociedad, de la Universidad Rafael Landívar, por lo que el daño es aún mayor por la contaminación ambiental que se desencadena.

Caal refiere que el incremento de las incineraciones como método “eficaz” para evitar más contagios ha intensificado las emisiones de gases de efecto invernadero, así como otras sustancias tóxicas, lo cual perjudica y revierte los avances en la lucha contra el cambio climático.

López aclara que es difícil determinar cuántos productos se han utilizado en estos cuatro meses de emergencia sanitaria en Guatemala, debido a su variedad en el mercado, tiempo de uso, material de fabricación, peso y tipo de desecho.

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Disposición adecuada

Ramírez refiere que, según el reglamento del acuerdo gubernativo 509-2001, los desechos bioinfecciosos en hospitales deben ser segregados en bolsa roja, identificados como tales y recolectados por una empresa autorizada para ello. En casa, refiere Ramírez, las personas deberían disponer mascarillas o guantes también de la misma forma para que un gestor pueda recolectarlos.

Sin embargo, añade, no hay suficientes empresas de manejo de estos desechos a nivel nacional, por lo que recomienda que municipalidades, Consejos Comunitarios de Desarrollo, comités de colonias, vecinos, edificios y condominios se organicen para establecer un centro de acopio —un bote grande de basura específico para ese fin, por ejemplo—, para que las personas lleven ahí estos desechos, a fin de que compañías gestoras puedan ir a un solo punto a recogerlos, y no hacerlo casa por casa.

Ramírez explica que ningún Epi bioinfeccioso se puede reciclar. por el riesgo de contaminación.

Estos desechos, mediante un proceso tecnológico, son esterilizados y triturados, y pueden ser incinerados, aunque esta última acción no es recomendable, por el alto contenido de emisiones contaminantes derivadas del plástico, a menos de que el incinerador tenga filtros apropiados para destruir dichos gases.

“Podría haber la posibilidad de que batas hospitalarias de tela pasen por un proceso de desinfección para ser reutilizadas, pero requeriría de una inversión considerable, por lo que no sería una actividad económica viable”, dice Ramírez, quien añade que hay mejores tecnologías como desinfecciones con microondas, si no tienen contenidos metálicos.

Caal aclara que las caretas o lentes de protección fabricados en PET son reutilizables, 100% reciclables y amigables con el medioambiente. Se recomienda realizar una correcta desinfección antes de proceder a su clasificación y recolección.

La Organización Mundial de la Salud y diversos estudios afirman y han alertado de que el virus puede permanecer activo hasta por tres días en superficies plásticas, por lo que es responsabilidad de cada individuo desechar correctamente los Epi para evitar la propagación del virus. “Sin embargo, esto parece ser irrelevante para quienes desechan de forma irresponsable mascarillas o guantes usados e infectados en las vías públicas, incrementado el riesgo de contagio en el país”, afirma Caal.

Ramírez agrega que los Epi, si no son desechados correctamente, aumentan el volumen del relleno sanitario o basureros o van a parar a alcantarillas, que pueden resultar obstruidas por mascarillas o guantes que no filtran líquidos.

Además, dice Pacay, causan graves perjuicios a animales por enredo, asfixia o ingestión.

Los ecosistemas marinos representan el 70% de la superficie del planeta y se calcula que el 66% de los océanos y los mares muestran “una alteración severa debido al impacto humano”, según datos de la oenegé ambientalista Greenpeace.

“La pandemia nos ha hecho retroceder, pues veníamos luchando por la regulación y prohibición de los plásticos de un solo uso, y no parece que suceda en un futuro cercano”. Gabriela Caal, fundadora y directora de Impulsando el Cambio GT

En los últimos meses, se ha visto un aumento en el uso de empaques plásticos, que no solo tienen impacto dañino en el medio ambiente, sino que pueden transmitir el covid-19 si no se desinfectan. Fotografía Prensa Libre: Esbin Garcia

Aumento de residuos plásticos

Por temor al contagio del covid-19, se ha percibido en los últimos meses un incremento tanto en la producción como en el uso de empaques y envases plásticos variados de un solo uso —bolsas de supermercados, embalaje de alimentos, botellas, pajillas y contenedores—, por lo que se ha convertido en un material “imprescindible”.

Desde el inicio de la crisis sanitaria, varios países y regiones paralizaron algunas legislaciones para restringir el uso de plásticos, a consecuencia de la expansión de la pandemia.

En algunas ciudades estadounidenses, como Nueva York y Maine, han levantado “temporalmente” la prohibición de empleo de bolsas plásticas, y el Reino Unido suspendió los debates sobre una ley para aumentar el precio de las bolsas plásticas.

Tanto Pacay como Caal recomiendan disminuir el consumo en general para reducir los empaques, y buscar opciones de reutilización y rellenado de contenedores de productos de higiene y desinfección, por ejemplo, y disminuir el uso de mascarillas desechables y evitar el empleo de guantes de látex.

Al degradarse, con el transcurso de los años, estos objetos se convertirán en microplásticos y nanoplásticos, refiere Rosario Calderón, oficial de Comunicaciones de WWF Mesoamérica. Según la Pnuma, bolsas plásticas y contenedores de poliestireno —duropor— tardan miles de años en descomponerse. Un 50 por ciento de desechos plásticos generados a nivel global son empaques.

En el caso de materiales biodegradables “no se asegura que no tendrán un impacto negativo en el medioambiente y tienen el mismo riesgo de provocar contagios”, señala Calderón.

Al ser un producto biodegradable, se cree que su tiempo de descomposición es “relativamente corto”, dice Caal. Sin embargo, para que eso suceda, se requiere de ciertas condiciones ambientales. Por ejemplo, los guantes de látex son 100 por ciento biodegradables, pero tardan 30 años en degradarse naturalmente y al no ser desechados correctamente, terminan en basureros clandestinos o en las calles, lo cual extiende su tiempo de descomposición.

Por ello, incluso los llamados bioplásticos derivados de plantas como almidón de maíz, raíces de yuca o caña de azúcar no se degradan automáticamente en el medioambiente, y tampoco en el océano, aclara Caal.

Desde la selección inicial hasta el momento de hacer una compra, dice Calderón, se debería considerar cuál va a ser la disposición final que se le dará a los empaques y productos que se adquieren, para tomar decisiones más responsables.

Francisco Javier Cárdenas, de la Gremial de Fabricantes de Artículos Plásticos, de la Cámara de Industria de Guatemala, refiere que no se tiene dato del aumento de producción de plásticos en Guatemala en los últimos cuatro meses, y añade que “el material plástico es y seguirá siendo uno de los aliados para sobrellevar esta crisis”, debido a que ayuda a reducir los contagios. Por otro lado, afirma que en Guatemala no se fabrican enseres de Epi, aunque tienen conocimiento que se han iniciado a producir caretas.

“Como sector, creemos que se debe fomentar la sensibilización hacia el adecuado manejo de residuos”, dice Cárdenas, quien enfatiza que en Guatemala se necesita un marco regulatorio que aborde este problema de una forma completa y que permita integrar a toda la población.

Greenpeace aseveró en un comunicado conjuntamente firmado por 130 científicos, académicos y médicos de 19 países, a finales de junio, que los objetos reutilizables pueden ser empleados con seguridad durante la pandemia, si se siguen medidas básicas de higiene, pues se ha comprobado la eficacia de desinfectantes comunes para desinfectar superficies.

“El plástico es indispensable como material utilizado en la fabricación de los Epi, pero hay una gran diferencia entre estos y los empaques para comida y otras mercaderías”, señala dicha oenegé. “Los plásticos de un solo uso no son más seguros que los reutilizables, porque causan problemas a la salud pública adicionales una vez que son desechados, pues pueden estar contaminados con el virus”, afirma.

De igual forma, es esencial el lavado de manos con agua y jabón, después de tocar alguna superficie, y evitar tocarse los ojos, boca o nariz, para prevenir el contagio del covid-19, añade.

Lamentablemente, dice Caal, en Guatemala, a causa de la falta de un sistema eficiente de gestión de residuos, educación ambiental e higiene, es perceptible que la contaminación por desechos sólidos siga en aumento.

“Indudablemente, la pandemia nos ha hecho retroceder, pues veníamos luchando por la regulación y prohibición de los plásticos de un solo uso y no parece vaya a suceder en un futuro cercano”, puntualiza.

Según el informe Plásticos de uso único, una guía para la sostenibilidad (2018), del Pnuma, si los patrones de consumo y prácticas de manejo de desechos continúan, para el 2050 habrá 12 mil millones de toneladas de basura plástica en el medioambiente.

 

LEGISLACIÓN
Manejo de desechos hospitalarios

El acuerdo gubernativo 509-2001 establece normas para el manejo idóneo de desechos que son capaces de diseminar elementos patógenos derivados de la actividad en los hospitales.

Las empresas o entidades encargadas de la disposición final de desechos bioinfecciosos establecen un plan de disposición de estos, su transporte y lugar de incineración, aprobado por el Marn. Los desechos bioinfecciosos son aquellos que han entrado en contacto con pacientes y que representan diferentes niveles de peligro, de acuerdo con los agentes infecciosos. Los desechos especiales son aquellos generados durante las actividades auxiliares, sin contacto con el paciente —como bolsas de suero—, pero que también constituyen peligro para la salud, por su reactividad, toxicidad o radiactividad, para los cuales se utilizará un sistema de relleno sanitario de seguridad. Los hospitales deberán separarlos de los desechos comunes en recipientes debidamente identificados, empacados para fácil manejo, a fin de evitar roturas y derrames.

Todos los desechos infecciosos deberán depositarse en bolsas o recipientes rojos, con la identificación de bioinfecciosos.

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