Cómo la CIA rastreó al líder de Al Qaeda

Durante décadas, Estados Unidos había buscado a Ayman Al Zawahiri. El plan para su asesinato no fue tarea fácil.

Publicado el
Guardar Compartir
El presidente Joe Biden aparece en varias pantallas en la sala de reuniones de la Casa Blanca, durante un discurso televisado a nivel nacional en el que anunció que un ataque aéreo estadounidense en Afganistán mató al líder de Al Qaeda Ayman al Zawahri, en Washington, el 1 de agosto de 2022. (Foto Prensa Libre: Al Drago/The New York Times)
El presidente Joe Biden aparece en varias pantallas en la sala de reuniones de la Casa Blanca, durante un discurso televisado a nivel nacional en el que anunció que un ataque aéreo estadounidense en Afganistán mató al líder de Al Qaeda Ayman al Zawahri, en Washington, el 1 de agosto de 2022. (Foto Prensa Libre: Al Drago/The New York Times)

Los agentes de inteligencia hicieron un descubrimiento crucial esta primavera después de seguir la pista a Ayman al Zawahiri, el líder de Al Qaeda, hasta Kabul, Afganistán: le gustaba leer solo en el balcón de su casa de seguridad a primera hora de la mañana.

Los analistas buscan ese tipo de información sobre patrones de vida, cualquier costumbre que la CIA pueda aprovechar. En el caso de Al Zawahiri, sus largas visitas al balcón daban a la agencia la oportunidad de un claro disparo de misil que pudiera evitar daños colaterales.

La caza de Al Zawahiri, uno de los terroristas más buscados del mundo, se remonta a antes de los atentados del 11 de Septiembre. La CIA siguió buscándolo mientras ascendía a la cima de Al Qaeda tras la muerte de Osama bin Laden y después de la toma del poder por los talibanes en Afganistán el año pasado. Y un paso en falso durante la persecución, el reclutamiento de un agente doble, condujo a uno de los días más sangrientos de la historia de la agencia.

Poco después de que Estados Unidos abandonó Kabul, la CIA intensificó sus esfuerzos para encontrar a Al Zawahiri, convencida de que intentaría volver a Afganistán. Altos funcionarios habían dicho a la Casa Blanca que podrían mantener y crear redes de informantes dentro del país desde la distancia y que EE. UU. no estaría ciego ante las amenazas terroristas en ese país. Para la agencia, encontrar a Al Zawahiri sería prueba clave de esa afirmación.

Lea también:
Divisiones entre líderes talibanes se profundizan

Este artículo se basa en entrevistas con funcionarios y exfuncionarios estadounidenses y de otros países, con analistas independientes que han estudiado esta cacería que lleva décadas y con otras personas informadas sobre los acontecimientos que condujeron al ataque del fin de semana. La mayoría de ellos hablaron con la condición de mantener el anonimato debido a la confidencialidad de los datos utilizados para encontrar a Al Zawahiri.

Durante años, se pensó que Al Zawahiri se escondía en la zona fronteriza de Pakistán, donde se refugiaron muchos líderes de Al Qaeda y de los talibanes tras la invasión estadounidense de Afganistán a finales de 2001. Se le buscaba en relación con los atentados de 1998 contra las embajadas en Tanzania y Kenia, y la CIA había rastreado una red de personas que, según los funcionarios de inteligencia, la apoyaban.

El análisis de esa red se intensificó con la salida de EE. UU. de Afganistán el año pasado y la creencia de algunos funcionarios de inteligencia de que los altos dirigentes de Al Qaeda tendrían la tentación de regresar.

La corazonada resultó ser acertada. La agencia descubrió que la familia de Al Zawahiri había regresado a una casa de seguridad en Kabul. Aunque la familia trató de asegurarse de que no los vigilaban y de que se mantendría en secreto la ubicación de Al Zawahiri, las agencias de inteligencia no tardaron en informarse de que él también había regresado a Afganistán.

“Hubo un esfuerzo renovado para averiguar dónde estaba”, comentó Mick Mulroy, exfuncionario de la CIA. “Lo único bueno que podría haber tenido la retirada de Afganistán es que ciertas figuras terroristas de alto nivel pensarían entonces que es seguro para ellos estar allí”.

La casa de seguridad era propiedad de un ayudante de altos cargos de la Red Haqqani, un ala violenta y aguerrida del gobierno talibán, y estaba en una zona controlada por el grupo. Los altos dirigentes talibanes se reunían ocasionalmente en la casa, pero los funcionarios estadounidenses no saben cuántos estaban al tanto de que los Haqqanis escondían a Al Zawahiri.

Si algunos altos cargos talibanes no sabían que los haqqanis habían permitido el regreso de Al Zawahiri, su asesinato podría abrir una brecha entre los grupos, según han declarado analistas independientes y otras personas informadas de los acontecimientos.

“Los haqqaníes tienen una larga relación con Al Qaeda que se remonta a los días de los muyahidines”, explicó Dan Hoffman, exfuncionario de la CIA. “Proporcionan a Al Qaeda una gran cantidad de apoyo táctico que necesitan”.

Una vez localizada la casa de seguridad, la CIA siguió la estrategia que estableció durante la caza de Bin Laden. La agencia construyó una maqueta del lugar y trató de aprender todo sobre él.

Los analistas acabaron identificando a Al Zawahiri como una figura que permanecía en el balcón leyendo, pero que nunca salía de la casa.

Los funcionarios estadounidenses decidieron rápidamente atacarlo, pero la ubicación de la casa planteaba problemas. Estaba en el barrio de Sherpur de Kabul, una zona urbana de casas muy juntas. Un misil armado con un gran explosivo podría dañar las casas cercanas. Y cualquier tipo de incursión de las fuerzas de operaciones especiales sería muy peligroso, lo que limitaría las opciones del gobierno estadounidense para llevar a cabo un ataque.

La búsqueda de Al Zawahiri tenía una enorme importancia para la agencia. Tras la invasión de Afganistán por parte de EE. UU., la base de la CIA en la provincia de Jost se convirtió en la sede de un grupo de búsqueda dedicado a rastrear tanto a Bin Laden como a Al Zawahiri. Fue una de las pistas desarrolladas por la CIA para seguir a Al Zawahiri que resultó desastrosa para los funcionarios de la agencia en esa base, Camp Chapman.

Los agentes de la CIA esperaban que Humam Khalil Abu Mulal al Balawi, un médico jordano y propagandista de Al Qaeda, los llevaría hasta Al Zawahiri. Proporcionó a los funcionarios estadounidenses información sobre la salud de Al Zawahiri. Los convenció de que su información era real, pero en realidad era un agente doble y el 30 de diciembre de 2009 se presentó en Camp Chapman con un chaleco suicida. Al explotar, siete oficiales de la CIA murieron.

Para muchos, el atentado de Jost intensificó los esfuerzos por encontrar a Al Zawahiri. “Para honrar su legado, hay que seguir con la misión”, señaló Hoffman.

El 1.° de abril, altos funcionarios de los servicios de inteligencia informaron a los responsables de seguridad nacional en la Casa Blanca sobre la casa de seguridad y cómo habían rastreado a Al Zawahiri. Después de la reunión, la CIA y otras agencias de inteligencia trabajaron para conocer mejor lo que denominaron el patrón de vida de Al Zawahiri.

Uno de los datos clave fue que nunca se le veía salir de la casa y que solo parecía salir a tomar el aire en un balcón de un piso superior. Permanecía en el balcón durante largos periodos, lo que daba a la CIA una buena oportunidad para apuntarle.

Al Zawahiri siguió trabajando en la casa de seguridad, produciendo videos que se distribuían a la red de Al Qaeda.

Un alto funcionario de gobierno, que habló con la condición de mantener su anonimato para discutir las delicadas decisiones que condujeron al ataque, dijo que la inteligencia presentada a la Casa Blanca había sido examinada en repetidas ocasiones, incluso por un equipo de analistas independientes encargados de identificar a todos los que se alojaban en la casa de seguridad.

A medida que se desarrollaban las opciones de ataque, los funcionarios de inteligencia examinaron qué tipo de misil podría dispararse contra Al Zawahiri sin causar daños importantes en la casa de seguridad o en el barrio que lo rodea. Finalmente se decidieron por un tipo de misil Hellfire diseñado para matar a una sola persona.

William Burns, el director de la CIA, y otros funcionarios de los servicios de inteligencia informaron al presidente Joe Biden el 1.° de julio, esta vez con el modelo de la casa de seguridad, aseguró el alto funcionario.

En esa reunión, Biden preguntó por la posibilidad de que se produjeran daños colaterales e incitó a Burns a que le explicara los pasos que habían seguido los agentes para encontrar a Al Zawahiri y confirmar su información, así como sus planes para matarlo.

Biden ordenó una serie de análisis. La Casa Blanca pidió al Centro Nacional Antiterrorista que proporcionara una evaluación independiente sobre el impacto de la eliminación de Al Zawahiri, tanto en Afganistán como para la red en todo el mundo, reveló un alto funcionario de inteligencia. El presidente también preguntó sobre los posibles riesgos para Mark R. Frerichs, un rehén estadounidense retenido por los Haqqanis.

En junio y julio, los funcionarios se reunieron varias veces en la Sala de Situación para discutir la información y examinar las posibles ramificaciones.

Los planes de la CIA preveían el uso de sus propios drones. Dado que utilizaba sus medios, pocos funcionarios del Pentágono participaron en la planificación del ataque y muchos altos funcionarios militares se enteraron poco antes del anuncio de la Casa Blanca, afirmó un funcionario.

El 25 de julio, Biden, satisfecho con el plan, le autorizó a la CIA realizar el ataque aéreo cuando se presentara la oportunidad. El domingo por la mañana en Kabul, lo llevó a cabo. Un dron, pilotado por la CIA, encontró a Al Zawahiri en su balcón. Los agentes de la agencia dispararon dos misiles, poniendo fin a una caza de más de dos décadas.