Para los trabajadores del sector minorista, los trastornos causados por la variante ómicron no solo afectan la salud

Infecciones por covid-19 aumentan en el personal de negocios, y muchos temen por sus vidas.

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Liisa Luick, vendedora de Macy's en Lynnwood, Washington, a menudo no puede tomar descansos y ha recibido quejas de clientes sobre la falta de ayuda en ventas y las cajas sin personal. (Foto Prensa Libre: Grant Hindsley/The New York Times)
Liisa Luick, vendedora de Macy's en Lynnwood, Washington, a menudo no puede tomar descansos y ha recibido quejas de clientes sobre la falta de ayuda en ventas y las cajas sin personal. (Foto Prensa Libre: Grant Hindsley/The New York Times)

Largas filas en las cajas. Probadores cerrados. Estantes vacíos. Reducción de horarios en las tiendas.

Además, el pavor de contraer covid y una temporada más de escaramuzas con los clientes que se rehúsan a usar mascarillas.

En el sector minorista, una fuerza laboral agotada está experimentando los efectos secundarios de la ola más reciente de la pandemia, con una variante que se propaga a toda velocidad y reduce al personal.

Aunque los datos muestran que es mucho menos probable que la gente infectada con la variante ómicron sea hospitalizada en comparación con quienes contrajeron la variante delta, en especial si está vacunada, muchos de los trabajadores en las tiendas están enfrentando un nuevo aumento en los casos de enfermedad y de exposición, además de los lineamientos para sus turnos en un entorno de aislamiento y de los malabares para resolver el cuidado de sus hijos. Al mismo tiempo, las tiendas minoristas por lo general no están extendiendo las prestaciones por trabajar en condiciones peligrosas como lo hicieron a inicios de la pandemia y han estado reacias a adoptar las mandatos de vacunación o pruebas.

“Habíamos llegado al punto en el que nos sentíamos cómodos, no era tan malo, y de pronto llegó esta nueva variante y todo el mundo se enfermó”, comentó Artavia Milliam, quien trabaja para H&M en Hudson Yards en Manhattan, un sitio popular entre los turistas. “Ha sido abrumador, no tenemos suficiente personal y hay el doble de gente en la tienda”.

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Milliam, una miembro del Sindicato de Tiendas Minoristas, Mayoristas y Departamentales, está vacunada, pero contrajo el virus durante las fiestas decembrinas y experimentó síntomas leves. Milliam señaló que había menos empleados, trabajando en las cajas y organizando ropa, y que su tienda había cerrado los probadores en las mañanas porque nadie estaba disponible para monitorearlos.

La semana pasada, Macy’s señaló que durante el resto del mes iba a reducir de lunes a jueves los horarios de sus tiendas a nivel nacional. En semanas recientes, al menos 20 tiendas de Apple han tenido que cerrar porque muchos empleados han contraído el virus o han estado expuestos a alguien que la ha tenido y otras han limitado sus horarios o el acceso a las mismas.

En un Macy’s de Lynnwood, Washington, Liisa Luick, quien desde hace mucho tiempo trabaja como vendedora en el departamento de hombres, declaró: “Todos los días, tenemos personas que se reportan enfermas y son muchas”. Luick mencionó que en 2020 la tienda ya había reducido el personal para cortar costos. Ahora, a menudo no puede tomar descansos y ha recibido quejas de los clientes sobre una falta de ayuda en las ventas y cajas sin personal.

“El ánimo no podría estar más bajo”, opinó Luick, quien es representante de la división local del sindicato United Food and Commercial Workers. Aunque Washington ordenó el uso de mascarillas para los espacios públicos bajo techo, “nos enfrentamos con mucha resistencia, así que la moral está todavía más baja porque hay mucha gente que, no hay una manera fácil de decir esto, simplemente no cree en el uso de mascarillas”, agregó.

Los trabajadores de las tiendas están sorteando la naturaleza cambiante del virus y miden los nuevos riesgos lo mejor que pueden. Para muchos, las vacunas y los refuerzos los hace temer menos por sus vidas que en 2020 —el sindicato United Food and Commercial Workers lleva registradas más de 200 muertes de trabajadores del sector minorista desde el inicio de la pandemia—, pero contagiarse del virus y propagarlo es algo que los sigue preocupando.

En un Stop & Shop en Oyster Bay, Nueva York, Wally Waugh, un gerente de cajeros, comentó que las filas para las cajas se estaban volviendo más largas y los estantes de los alimentos no eran reabastecidos a tiempo porque mucha gente se estaba reportando enferma con sus propias pruebas positivas o las de sus familiares.

En un supermercado QFC en Seattle, Sam Dancy, un supervisor de cajeros, mencionó que muchos colegas habían dejado de ir por sentirse enfermos. La tienda, parte de una cadena propiedad de Kroger, ha cerrado temprano varias veces y los clientes están ayudando a empacar sus propias compras. Hay filas largas y algunos de los carriles de los autocobros están cerrados porque no hay empleados disponibles para vigilarlos.

“Algunas personas están hartas de lo que pasa: algunas están expuestas y otras lo usan como pretexto para no tener que trabajar en estas circunstancias”, opinó Dancy, un miembro de la división local del sindicato United Food and Commercial Workers que ha trabajado en la cadena durante 30 años. “Me siento nervioso hasta que llego a casa, pues voy pensando: ‘¿Estaré contagiado o no?’. Es algo mental que yo creo que muchos estamos soportando”.

Los lineamientos cambiantes en torno al aislamiento también están causando confusión en muchas tiendas. Aunque H&M les ha dado la instrucción a los empleados como Milliam de aislarse catorce días después de dar positivo por covid, en un memorando que Macy’s dirigió a sus empleados les dijo que iba a adoptar nuevos lineamientos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades que recomendaban una reducción de diez a cinco días para el aislamiento de la gente infectada si era asintomática o estaba mejorando de sus síntomas.

No obstante, aunque las tiendas minoristas reduzcan los periodos de aislamiento, las escuelas y las guarderías podrían alargar los periodos de cuarentena para las familias expuestas, con lo cual los padres trabajadores estarían en aprietos.

Luick de Macy’s comentó que las directrices estaban dirigidas a “tratar, una y otra vez, que la gente vaya a trabajar” y no la hacían sentir segura.

Aunque la ómicron se propaga más rápido que otras variantes, los empleadores no han demostrado una disposición para reinstituir precauciones anteriores o aumentar salarios, señaló Kevin Schneider, secretario-tesorero de una división del sindicato United Food and Commercial Workers en el área de Denver.

Como muchas tiendas minoristas, Kroger no ha pagado prestaciones a nivel nacional por trabajar en contextos peligrosos desde las primeras etapas de la pandemia, aunque el sindicato está negociando que sean reincorporadas. La cadena también descontinuó las medidas como el control sobre la cantidad de clientes que es permitida en un determinado momento dentro de las tiendas. El sindicato solicitó guardias armados en todas sus tiendas de la zona de Denver pues están aumentando los incidentes de violencia.

“La empresa dice que está brindando un ambiente seguro para que los empleados hagan sus trabajos”, mencionó Schneider. “No creemos que sea así”.

En un comunicado, una vocera de Kroger señaló: “Hemos sorteado la pandemia durante casi dos años y, de acuerdo con nuestros valores, la seguridad de nuestros colaboradores y clientes se ha mantenido como nuestra máxima prioridad”.

La empresa agregó que cada uno de los empleados de primera línea había recibido hasta US$1 mil 760 en remuneración adicional para “recompensarlos y reconocerlos por sus esfuerzos durante la pandemia”.

En términos más generales, la escasez de personal ha puesto bajo un nuevo reflector la posibilidad de que el gobierno del presidente Joe Biden vuelva obligatoria la vacunación o la realización de pruebas, algo a lo que se han resistido las principales tiendas minoristas. El temor de perder trabajadores parece aproximarse, en especial ahora.

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Aunque en un inicio la industria minorista citó las compras para la temporada navideña como una razón para resistirse a esas reglas, en fechas recientes señaló la carga que representa hacerles pruebas a los trabajadores no vacunados. Después de los argumentos orales vertidos el viernes en el caso, la mayoría conservadora de la Corte Suprema expresó escepticismo sobre la posible autoridad legal del gobierno de Biden para ordenarles a los grandes empleadores que les exijan a sus trabajadores estar vacunados.

En un comunicado emitido la semana pasada, la Federación Nacional de Minoristas, un importante grupo de cabildeo de la industria, mencionó que sigue “creyendo que la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, en inglés) excedió su autoridad al promulgar su mandato sobre las vacunas”. La agrupación estimó que la orden iba a requerir 20 millones de pruebas a la semana a nivel nacional, con base en datos externos sobre los trabajadores no vacunados, y que “ese tipo de capacidad para realizar las pruebas no existe en la actualidad”.

Sin embargo, la semana pasada, antes de la audiencia de la Corte Suprema celebrada el viernes, Macy’s fue uno de los grandes empleadores en empezar a pedirles el estatus de sus vacunas a los empleados y señaló que a partir del 16 de febrero podría comenzar a exigir a estos que presenten pruebas negativas.

“En este momento, nuestra preocupación principal es preparar a nuestros miembros para una posible orden a fin de garantizar que tengan la información y las herramientas necesarias para administrar sus fuerzas laborales y satisfacer las necesidades de sus clientes”, comentó Brian Dodge, presidente de la Asociación de Líderes de la Industria Minorista, que incluye empresas como Macy’s, Target, Home Depot, Gap y Walmart.

Ahora que los brotes estacionales de covid se están volviendo la norma, los sindicatos y las empresas buscan políticas consistentes. Jim Araby, director de campañas estratégicas del sindicato United Food and Commercial Workers en el norte de California, comentó que la industria minorista necesitaba implementar apoyos más sostenibles para los trabajadores que enfermen.

Por ejemplo, Araby mencionó que un fondo fiduciario administraba al sindicato y varios empleadores ya no podían ofrecer licencias relacionadas con el covid a los miembros del sindicato.

“Debemos comenzar a tratar esto como si fuera endémico”, opinó Araby. “Y encontrar los problemas estructurales que debemos proponer para hacerle frente”.