Eduardo Cáceres: Un narrador de películas desde el sonido

El ganador a Mejor Dirección de Sonido en los Premios Platino 2021 por su trabajo en ‘La Llorona’ habla del arte de contar historias desde la sonoridad.

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Durante los últimos 13 años, Eduardo Cáceres ha realizado  sonido directo y posproducción de sonido en cortometrajes, largometrajes y documentales. (Foto Prensa Libre: Cortesía Eduardo Cáceres)
Durante los últimos 13 años, Eduardo Cáceres ha realizado sonido directo y posproducción de sonido en cortometrajes, largometrajes y documentales. (Foto Prensa Libre: Cortesía Eduardo Cáceres)

De estudiar ingeniería electrónica a ingresar a Casa Comal y a la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, hasta convertirse en el ganador iberoamericano del premio Platino 2021 a Mejor director de sonido.

Así podrían sintetizarse algunos de los hitos más representativos en la carrera de Eduardo Cáceres, cineasta que, sin imaginarlo, terminó por crear un vínculo con ese aspecto tan universal como delicado en el cine como lo es el sonido.

Su aproximación a ese campo se ha perfeccionado en los últimos 13 años, mediante su participación como sonidista y posproductor de sonido en proyectos audiovisuales de la región, como Ixcanul, La Isla, 500 Años, La Cachada, Temblores, La Llorona y un par de decenas de títulos más que han sido reconocidos internacionalmente en el medio cinematográfico.

Una década y tres años después de su primer acercamiento con el cine, Eduardo puede verse como uno de los especialistas en sonido con más recorrido en Guatemala, ya que ha trabajado en cerca de 34 producciones realizadas en Guatemala, Estados Unidos, México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Cuba, Alemania, Francia y España.

Su experiencia se refuerza, además, con su desempeño como facilitador de talleres de sonido directo y charlas sobre la importancia del sonido en el cine.

Algunas de esas apreciaciones las comparte en esta conversación, registrada semanas después de haber sido reconocido como Mejor director de sonido en los premios Platino 2021, por su trabajo en la película La Llorona, de Jayro Bustamante.

¿Cómo fue su acercamiento al mundo audiovisual? ¿Siempre estuvo inclinado hacia el sonido?

Cuando salí del colegio ingresé a estudiar Ingeniería electrónica en la Universidad de San Carlos. Luego trabajé en una empresa de telecomunicaciones. En ese periodo miraba muchas películas durante mi tiempo libre y descubrí muchas que estaban fuera del circuito comercial.

Eran títulos que solíamos compartir entre varios amigos. A partir de ese encuentro empecé a buscar escuelas de cine en internet y ver cuáles posibilidades había. Tiempo después me encontré con un gran amigo que había estudiado ingeniería y también cine en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba (EICTV).

En ese momento, me dijo que pronto comenzaría un taller de cine en Casa Comal acá en Guatemala y no lo pensé mucho. Decidí ir al taller. Al inicio pensaba que solo existía la idea del director y creía que todo lo demás se hacía automáticamente.

Cáceres ganó el premio Platino a Mejor dirección de sonido en octubre del 2021. (Foto PL: Cortesía Eduardo Cáceres)

Durante los primeros ejercicios me di cuenta que no comprendía tanto los aspectos más sensibles de una película como la fotografía o la iluminación. Hasta ese momento mis conocimientos eran dirigidos a fórmulas y matemáticas; algo similar a la ingeniería.

A partir de eso tuve un acercamiento con el sonido en las producciones. Era un área con la que me sentía cómodo porque abarcaba cuestiones más técnicas.

¿Cómo era esa visión técnica con la cual consideraba el sonido?

Lo consideraba desde el desarrollo de las ondas eléctricas y sonoras. Como tenía que acercarme a los actores, grabar el sonido, y registrarlo, se trataba de una dinámica bastante directa con las herramientas y el equipamiento técnico.

¿Cómo se reforzó su involucramiento con el cine?

Luego de la experiencia en el taller seguía con la idea de formarme y de hecho hubo una convocatoria para la grabación de una película en Casa Comal donde necesitaban un microfonista. Me invitaron participar y al momento del rodaje me asignaron un rol de asistente de vídeo.

Al principio no estuve en el área de sonido, pero estaba cerca de los monitores y de los aspectos técnicos. En ese tiempo hice amistad con un sonidista que me prestaba libros del tema y comencé a descubrir una parte menos técnica del sonido y comencé a explorar lo más artístico y expresivo. Impulsado por eso, apliqué a la EICTV y me aceptaron.

Allí me sentí muy cómodo aprendiendo del sonido y me especialicé en esa área. A la fecha he comprendido que mi rol no es solo una cuestión de hacer el sonido, sino que ayudo a contar la historia a través del sonido.

¿Cuál considera es la importancia que tiene un sonidista en la elaboración de la narrativa de una película?

En el caso de las últimas películas, entre las que he trabajado con Jayro Bustamante, a él le gusta hacer lecturas previas del guion con los integrantes de todos los departamentos para saber de qué manera cada quién puede aportar desde su lugar de acción.

En esas charlas se unen ideas, nos concentramos en la historia y hacia donde queremos llegar. Por eso creo que no se trata tanto de una cuestión de roles o si el sonidista es imprescindible. Todos son importantes para contar la narrativa.

A propósito del trabajo con Jayro Bustamante, ¿cuáles fueron las características sonoras en La Llorona?

Hubo un trabajo grande, porque aunque todo estaba escrito, surgieron cosas inesperadas en la historia y teníamos que ver cómo representarlas desde el sonido. Teníamos que generar ideas para ciertas atmósferas o sensaciones que iban desde silencios a gritos violentos.

Hubo un desglose muy creativo en lo sonoro de esa película. Cuando le di el listado de sonidos a la asistente de dirección teníamos un total de 80 distintas piezas sonoras. Pareciera un número corto, pero si se pone de corrido llega a ser bastante extenso.

(...) no se trata tanto de una cuestión de roles o si el sonidista es imprescindible. Todos son importantes para contar la narrativa.

¿Cómo describiría su relación con las películas de Jayro Bustamante desde la perspectiva sonora?

Cada película es diferente pero la interacción con Jayro radica en estas charlas de las que he hablado, y también en que él es alguien que propicia la investigación. La parte más dura suele ser en la preproducción, luego nos preguntamos de qué manera lo realizaremos y allí comienzan los retos.

Una gran ventaja del sonido es que tiene bastante libertad de propuesta. Se pueden imaginar muchas cosas, pero no deja de ser una misión colaborativa que surge desde la cercanía con el director.

¿Qué define para Eduardo Cáceres un buen sonido dentro de piezas audiovisuales?

Claro que puede ser algo subjetivo porque en mi caso, trabajo el sonido desde elementos delicados que pueden convivir con las películas sin ser muy notorios. Esta elección también es algo que depende mucho del tono de cada producción.

Algo que ocurre con el sonido es que también hay puntos comunes y clichés inevitables que funcionan para el espectador. A veces nos percatamos de la buena fotografía de una película pero no podemos quedarnos solo con eso. Hay otros elementos que deben ser integrales para hablar de una buena producción, como el sonido.

El cineasta guatemalteco asegura tener una inclinación por la sonoridad delicada durante la realización de producciones audiovisuales. (Foto Prensa Libre: Cortesía Eduardo Cáceres)

¿Qué reflexiones le surgen después de haber ganado el premio Platino a Mejor dirección de sonido por su trabajo en La Llorona?

Me hace sentir muy emocionado, pero solo el hecho de haber sido nominados y compartir créditos con otras películas es un indicador de que se está en un buen camino. Al final es un gran incentivo respecto a los proyectos que vienen.

No solo disfruto yo el premio como sonidista, sino con todo el equipo de producción. Hay alegrías compartidas con los demás y eso me hace recordar que sin todo ese apoyo grupal, no hubieran ocurrido muchas cosas.

A veces nos percatamos de la buena fotografía de una película pero no podemos quedarnos solo con eso. Hay otros elementos que deben ser integrales para hablar de una buena producción, como el sonido.

A partir de este logro, ¿cuáles son las metas que desea seguir trazando como sonidista?

En estos momentos estoy inclinándome más a la postproducción de películas. Esto implica generar el espacio apropiado para hacer el trabajo; algo que además tiene que ver con la acústica y los sonidos.

Al ver que estamos creciendo como industria cinematográfica pienso en la necesidad de una constancia de proyectos para así mejorar las condiciones para generar mis proyectos de posproducción. Espero que las oportunidades que surjan sean acá en Guatemala. Me siento cómodo en este espacio, a pesar de todo el contexto del país.


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