La Antigua Guatemala desde el ojo de Eduardo Andrade Abularach

El arquitecto aborda las nociones estéticas de la ciudad colonial, la relevancia de sus colores, así como la importancia de su conservación.

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El arquitecto y máster Eduardo Andrade Abularach. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)
El arquitecto y máster Eduardo Andrade Abularach. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Recorrer Antigua Guatemala siempre hace palpable la historia del país, aporta un soplo de espiritualdad en sus numerosos templos y, por supuesto, sorprende siempre con su traza urbana perfectamente alineada.

A pesar de los sismos y de los siglos se mantiene en pie monumentos como el Arco de Santa Catalina, los templos de La Merced y El Calvario o el insigne Hospital de San Pedro; edificaciones que comparten un color icónico, el amarillo y que, a la vez evocan otros tiempos ya distantes.

Eduardo Andrade Abularach, arquitecto con una maestría en Conservación de Patrimonio Cultural, aborda estas nociones desde una experiencia profesional de 38 años.

En el imaginario colectivo se percibe a Antigua Guatemala como un lugar encantador, por su riqueza arquitectónica colonial

Sí, definitivamente tiene que ver su diseño arquitectónico que es patrimonio de siglos atrás. Por eso su conservación es fundamental, pues se ha mantenido desde el terremoto de Santa Marta de 1773. Después tuvo un auge económico y poblacional en el siglo XIX, su rescate inicia hacia la primera mitad del siglo XX.

Es importante considerar que parte de su encanto, además de su diseño arquitectónico, se fundamenta en dos elementos que a veces no se consideran: su traza urbana —el casco original data del siglo XVI— y el entorno natural.
Otra situación que la hace encantadora es que se trata de una ciudad viva, depositaria de un patrimonio intangible de costumbres y tradiciones.

¿Qué hay del color? ¿También está dirigido el gusto hacia ese aspecto?

Todas las ciudades históricas se identifican con un color. Se puede encontrar el azul mediterráneo y blanco de las ciudades egeas en las costas griegas, el rojo romano o el amarillo sevillano, también conocido como amarillo albero, entre otros.

Este último tuvo una relación con Antigua Guatemala porque varios de los españoles que vinieron durante el período colonial eran andaluces y el amarillo albero estaba impregnado en su identidad.

Una auténtica estampa antigüeña donde figura la capilla del Hospital de San Pedro y su característica tonalidad amarilla. (Foto Prensa Libre: Cortesía Oscar Palencia)

En Guatemala, donde la cultura es producto del mestizaje, se dio una integración con todo el gusto cromático entre las culturas originarias del país, que aportaron reinterpretaciones estéticas de flora y fauna locales, y los peninsulares.

Inicialmente el color era a base de pigmentos naturales y cal. Eran colores terrosos, basados en los tres primarios: azul, rojo y amarillo. Fue predominando el amarillo sevillano albero, sobre todo para edificaciones residenciales y algunos monumentos. Este color era utilizado con contrastes de blanco y resaltaba las labores de estuco en las decoraciones de los atauriques, elaborados con mano de obra local.

¿Cuáles son los colores representativos de la ciudad colonial?

Dentro de las atribuciones del Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala también está la conservación del color urbano. En 2010 se publicó una cartilla de 10 colores que surgieron de estudios arqueológicos a base de “calas” para definir los originales, y posteriormente fueron autorizados.

Estos son los amarillos: Tridentino, La Merced, Jocotenango y Pensativo; los rojos: Santo Domingo y Concepción; los celestes: Colonial y Santiago; además del ocre y el blanco. Los nombres van de acuerdo con la identidad de monumentos emblemáticos de la ciudad.

Cartilla de colores autorizados para pintar inmuebles en la ciudad colonial, avalada por el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala. (Foto Prensa Libre: Cortesía Eduardo Andrade Abularach)

Los tonos variaban a partir de la cantidad de cal y el color en polvo. Dependiendo de esto, se puede graduar y matizar su intensidad. También se le agregaba un aglutinante al aplicarlo, que actualmente es a base de látex y es proporcionado por casas comerciales de pintura.

Del uso de este aglutinante surgen las leyendas urbanas que narran que antiguamente se usaba leche, azúcar o la liga del nopal.

¿De qué materiales han salido estos colores?

El color azul, del añil; el amarillo viene de diferentes minerales, por procesos de oxidación y eventualmente de origen vegetal; el rojo se logra de la cochinilla, a base de un gusano desarrollado en los nopales.

El rojo de la cochinilla, su comercialización y exportación fueron la base de la economía durante la Colonia, pues era muy apreciado y difícil de conseguir en Europa en los siglos XVI y XVIII. En América, los españoles lo producían en las fincas de cochinilla, como un secreto comercial, que decrece con el surgimiento de tintes químicos en Europa durante la Revolución Industrial del siglo XIX.

 

¿Por qué predomina tanto el amarillo en la ciudad?

Después del traslado de la capital al valle de La Ermita en 1776, la ciudad de Antigua Guatemala y tuvo un nuevo despertar en el siglo XIX e inicios del siglo XX; el color de moda era una paleta de colores neoclásicos.

El amarillo que vemos hoy es producto de los esfuerzos de rescate de colores originales realizados en los últimos 100 años y está presente, por ejemplo, en los templos de La Merced y El Calvario, en el Arco de Santa Catalina o el Hospital de San Pedro.

¿Cómo ha variado la utilización del color a lo largo de la historia de Antigua?

Se dio una tendencia inicial de encalar, es decir pintar solo de blanco las residencias de adobe en las periferias, en parte por una necesidad de higiene. En las residencias de construcción formal se pintaba, a manera de protección, un zócalo rojo.

Existen indicios de que, durante la Colonia, los templos fueron pintados de blanco y las residencias particulares con los tres colores primarios bastante rebajados a base de cal, a discreción del gusto de cada propietario.

El amarillo de la ciudad, también conocido como “Jocotenango” o “Sevillano albero”. (Foto Prensa Libre: Cortesía Oscar Palencia)

Es preciso mencionar una tendencia alienante, que tuvo auge hace unos 15 años, siguiendo una moda foránea, en la que se usan colores como el violeta, fucsia o pitaya.

También se ha abusado de la técnica de “washeados” que van solamente manchados con una esponja (para simular una textura vetusta) totalmente ajena a la paleta cromática de Antigua. Esta tendencia ya se ha corregido.

Mucho se dice del estilo ‘colonial’, pero hay discrepancia entre estética y período. ¿Qué opina de esto?

Se debe diferenciar la clasificación de período, que es un rango de tiempo, de los estilos arquitectónicos o artísticos. Cuando se habla de la Colonia, se refiere a un lapso —entre 1524 y 1821— y dentro de ese período se dieron diferentes estilos.

A nivel coloquial, se habla de estilo colonial, lo cual es incorrecto. En toda América hispana, durante el período colonial, se sucedieron diferentes estilos arquitectónicos y artísticos, iniciando con un renacimiento tardío o el gótico isabelino que dominaba en España al momento de la Conquista, hasta un manierismo, barroco y neoclásico.

La predominancia del amarillo en La Antigua Guatemala proviene de una tradición cultural bicentenaria (Foto Prensa Libre: Cortesía Oscar Palencia)

Lo correcto es referirse a un período y especificar el estilo artístico. Por ejemplo, período colonial, estilo barroco y referirlo a un lugar geográfico: de Guatemala.

¿Cuáles son los retos que quedan para la conservación en Antigua Guatemala?

Preservar la ciudad de cara al nuevo milenio, conservando su patrimonio urbano, arquitectónico, artístico y el entorno natural. Siendo una ciudad viva, con una sociedad que la habita, depositaria de un patrimonio intangible, de costumbres y tradiciones, requiere para su bienestar resolver necesidades sociales, culturales, económicas y políticas de manera sostenible y sustentable.

Si no se cuida este equilibrio sostenible se pueden perder el entorno natural del valle donde se asienta, su patrimonio urbano, arquitectónico y artístico, y el patrimonio intangible o inmaterial. Con esta nueva realidad de la pandemia, Antigua Guatemala tiene el reto de su futura permanencia como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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