Maya Juracán y los puentes de la curaduría: “Me ha interesado construir nuevas historias del arte”

La curadora e historiadora se aproxima a las dinámicas detrás de las enunciaciones artísticas y su relación con el contexto sociopolítico en Guatemala.

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Maya Juracán y los puentes de la curaduría: “Me ha interesado construir nuevas historias del arte”
Maya Juracán, frente a una de las obras en “Emancipadas y emancipadoras”, muestra artística que curó para la versión del CCE en Guatemala. (Foto Prensa Libre: Abraham Montenegro)

La forma como se conciben las “artes” puede ir más allá de lo dicho por los libros de historia o, en la mayoría de casos, de lo que deciden mostrar las galerías o los museos. En Guatemala, donde las expresiones artísticas han sido tan fértiles, cabe preguntarse por aquellas obras que tengan una resonancia social y política.

Partiendo de esa mirada y desde una especie de trinchera académica en la que se busca más allá de lo netamente estético y apacible del arte, la curadora e historiadora Maya Juracán encuentra un lugar de acción.

Juracán, que también se ha formado en la literatura, las ciencias sociales y la gestión cultural, ha investigado sobre propuestas artísticas que se posicionan respecto del contexto social y político desde el cual se gestan.

Como curadora ha fomentado espacios de confluencia en los que realizadores de distintas latitudes e identidades tejen sus obras. Ejemplos de ello han sido la Bienal en Resistencia o Proyecto 44, ambas plataformas propiciadas en Guatemala.

A propósito de su accionar en los mencionados campos de investigación, presentamos un diálogo con la curadora e historiadora respecto de sus impresiones sobre el quehacer artístico en Guatemala, las posibilidades de expresarse en el espacio público, sus consideraciones frente a la validación de las esferas institucionales del arte y los retos en la divulgación de obras.

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¿Cómo definiría su accionar desde la curaduría?

Es algo que he desmitificado porque a los curadores se les ha visto como autoridades en el arte. Eventualmente quise construir puentes allí, pero también me topé con grandes preguntas y respuestas.

Una de ellas fue pensar una curaduría comunitaria en la que se reconociera el juicio crítico de todas las personas alrededor de una situación. Esto me llevó a concluir que todos somos impactados por todos y que, a la vez, aprendemos juntos.

Eso quiere decir que, como curadora, me debo al cuestionamiento, al aprendizaje, pero también a la equivocación. Por ejemplo, decir que un curador solo puede contar la historia del arte de un país es un error completo. Conocer nuestras limitantes como historiadores y curadores nos hace generar una amplitud desde la curaduría comunitaria.

Todos son parte de un rizoma en el cual se pueden nombrar “las nuevas historias del arte”, en las que pueden caber las mujeres, los pueblos originarios o los cuerpos diversos.

¿Cómo logra distinguir qué es y que no una propuesta artística?

Considero que se debe tener un argumento con bases políticas, históricas, referenciales y contextuales. Desde la raíz histórica he tratado de desmitificar el vínculo de lo que se considera arte en espacios que suelen ser eurocentristas, occidentales y machistas.

Soy historiadora del arte y algo que persiste en este ámbito es que muchos especialistas hablan desde el arte, pero en mi caso eso no está desligado de la realidad social. Creo que es algo genuino que evidencia los contextos que se viven. El muralismo guatemalteco o mexicano han sido ejemplos de ello, por los reflejos de lo vivido en estas sociedades.

Más que un ejercicio para hablar de qué es arte o un buen arte, siempre he tenido la necesidad de abordarlo como una manera de referirnos a nuestra propia historia.

Por eso, en el ejercicio curatorial y lejos de construir una “historia del arte”, me ha interesado construir nuevas historias del arte. Esto se ha relacionado con hacer espacios para personas que generen propuestas que vayan más allá de espacios exclusivos como museos o galerías.

En ese sentido, ¿qué importancia considera que tienen las expresiones en el espacio público y cómo influyen en Guatemala?

Es interesante pensar en quién está a cargo del espacio público que todos habitamos y quién puede pagar por estar allí. Hay un espacio, pero a la vez es manejado por una élite económica. Basta con ver la abundancia de vallas gigantes.

Sin embargo, cuando un lugar es tomado por expresiones artísticas se puede ver como una oportunidad de decir muchas cosas. En Guatemala, manifestaciones como las de Regina José Galindo han sido referencias de esa necesidad por hablar desde el espacio público.

Hacer arte allí genera juicio crítico, pensamiento y camaradería porque no está sometido a grupo de expertos en una galería. Muchos artistas han visto el espacio público como una oportunidad. Este puede ser desde el compromiso social, en el que hay una genuina línea de comunicación con las personas que transitan.

Para que sea considerada una expresión de arte público creo que debería ser contextual frente a un evento histórico, que tenga un genuino interés por comunicar una narrativa, y que tenga un interés social, así como un discurso.

Maya Juracán y los puentes de la curaduría: “Me ha interesado construir nuevas historias del arte”
Desde su práctica como curadora e historiadora, Juracán crea reflexiones alrededor del vínculo entre activismo, arte y acciones públicas-sociales. (Foto Prensa Libre: Cortesía CCE Guatemala)

Muchas veces se complica difundir las propuestas artísticas. ¿Cuáles cree que son algunas herramientas necesarias para que artistas potencien su talento y tengan mayor expansión en Guatemala?

Hay dos cosas puntuales ante estas complicaciones y tienen que ver con la formación, puesto que en el ejercicio educacional no se enseña del todo a los artistas cómo mantener sus obras o cómo monetizarlas bien.

Por otro lado, están las dinámicas estructurales del Gobierno, que muchas veces son lentas o escasas para fomentar condiciones económicas idóneas para los artistas.

Ante ello se puede proponer la autogestión de los proyectos artísticos. Esto se logra creando redes, teniendo compañía, dinamitando nuevos espacios de confluencia, hacer charlas, y así fomentar una economía estable y una insurgencia.

Más que un ejercicio para hablar de qué es arte o un buen arte, siempre he tenido la necesidad de abordarlo como una manera de referirnos a nuestra propia historia.

¿Qué opinión tiene frente a la visibilidad femenina en los registros históricos del arte guatemalteco?

Varias cosas que me han hecho ruido en este aspecto tienen que ver con curadores hombres, quienes han dicho que ciertas artistas eran “adelantadas a su época” solo por el hecho de ser mujeres, o bien que se necesita un nombramiento desde espacios institucionales del arte para legitimar la presencia femenina. Lo cierto es que las mujeres siempre hemos estado.

Una de las investigaciones que hicimos con el colectivo La Revuelta fue entender que en el Museo de Arte Moderno había alrededor de un 30% de mujeres expuestas, pero en el archivo encontramos más nombres. Esto me ha hecho pensar que no me gustaría trabajar sin un archivo en el que no se reconozca a las ancestras del arte. Estos registros son fundamentales para construir nuestras propias voces y continuar indagando.

Maya Juracán y los puentes de la curaduría: “Me ha interesado construir nuevas historias del arte”
La investigadora comenta que la presencia de “las artes” en el espacio público posibilitan el reconocimiento de nociones sociales y políticas. (Foto Prensa Libre: Cortesía Fernanda Alvarado)

¿Qué impactos ha tenido la pandemia sobre el trabajo y la divulgación artística?

Creo que la pandemia funcionó como un ejercicio catalizador a espacios independientes. De repente, cuando no existen las cuatro paredes de un museo, el curador tiene infinitas posibilidades porque no se restringe a ese espacio para una exhibición. Este tiempo nos ha hecho pensar en nuevos ejercicios independientes artísticos.

Ante esto quedó la opción de un espacio público, como lo es internet y las redes sociales. Los realizadores, al tener esa herramienta, se acoplaron a una nueva forma de producción. Creo que funcionó como una suerte de encuentro entre muchas personas que no hallaban un espacio para dialogar desde el arte para reinventarse.

(...) no me gustaría trabajar sin un archivo en el que no se reconozca a las ancestras del arte. Estos registros son fundamentales para construir nuestras propias voces y continuar indagando.

Partiendo de estas complejidades situadas en Guatemala, ¿qué pautas podría considerar un artista emergente para visibilizar su obra y afinar su voz creativa?

Creo que debe existir un compromiso personal para no olvidarse de ser feliz. El mundo del arte es muy pequeño y en Guatemala hay muchas batallas por librar. Por eso, mantener la felicidad va a repercutir. También se debe entender que no es una competencia.

Es algo tan diverso que quien compite muchas veces, por estar buscando y buscando, se tropieza con su propia sombra. Se debe tener en cuenta principalmente el contexto y construir a través de las realidades sociales; que haya una pertinencia cultural y no construir narrativas que se asumen desde los privilegios.

Hacer compañeros, amigos, unirse y crear una comunidad para compartir. No tener problemas con aprender y ser oyente. Solo así podemos aprender entre todas las personas.


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