Los años perdidos por la pandemia

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Si hoy estuviera con vida, Anna Carter tendría 14 años. En un año, hubiera entrado a la preparatoria; en dos, habría obtenido su licencia para manejar. Pero Anna murió repentinamente en julio pasado en un hospital en Lawton, Oklahoma. “Nos registramos como a las 6:15 horas”, dijo su madre, Amber Carter, de 42 años. “Y para las 8:00 horas, mi marido y yo salíamos sin ella”.

Ella fue la primera niña en morir de Covid-19 en Oklahoma. La mayoría de las personas que han muerto por esta pandemia en los Estados Unidos eran mucho mayores, pero, en promedio, cada víctima murió unos nueve años antes de lo esperado, arrojó un estudio publicado recientemente por la Universidad del Sur de Florida.

Cada muerte representó tiempo perdido.

Durante el último año, los expertos y periodistas han luchado por expresar lo que el Covid-19 ha robado. Pero los estadísticos de la salud utilizan cada vez más un cálculo llamado años de vida perdidos, que cuenta cuánto tiempo podrían haber vivido las víctimas si no hubieran muerto. Dicen que puede ayudarnos a priorizar cómo recuperarnos.

“En una situación de pandemia, todo el mundo ha optado por el común denominador más bajo, que es el número de muertes”, dijo Andrew Briggs, profesor en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres.

Observar los años perdidos cambia el enfoque de la muerte a la vida y revela la profundidad del cráter de impacto de esta pandemia: en el 2020, Estados Unidos perdió alrededor de 4 millones de años de vida potencial, halló un estudio internacional publicado en febrero.

“Es un número tan grande que, si soy sincero, no tenemos capacidad mental para procesarlo”, dijo Mikko Myrskyla, autor del estudio y director del Instituto Max Planck de Investigación Demográfica, en Alemania.

“La vida tiene etapas y todos esperamos experimentarlas todas”, dijo Mary Bassett, experta en salud en la Universidad de Harvard.

Incluso las muertes entre la gente de la tercera edad fueron prematuras.

Briggs dijo que al centrar la conversación de Covid-19 en las muertes, es más fácil desestimar a algunos de los fallecidos. “Pasamos de una situación en la que todos estaban preocupados por aplanar la curva, a que la gente empezara a hablar de que, bueno, estos son ancianos que habrían muerto de todos modos”.

Es fácil dar otro sesgo a la estadística de muertes, porque no contiene mucha información.

El estudio de Briggs comparó los años de vida perdidos durante la primera ola de la pandemia en Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países. Mostró que incluso las personas mayores con comorbilidades perdieron una gran cantidad de años —más de un año por persona, incluso entre los que tenían entre 90 y 100 años. El estudio de febrero encontró que los mayores contribuyentes a los años perdidos estaban en el grupo de 55 a 75, que el estudio de Briggs halló que habían perdido entre 5.5 y 25 años cada uno, dependiendo de su edad y estado de salud.

“No es cierto que la gente hubiera muerto de todos modos”, dijo.

Dar prioridad a las personas de mayor edad para las vacunas salvó no sólo la mayor cantidad de vidas, sino también la mayor cantidad de años de vida potencial.

Una razón de hallazgos como estos es que la esperanza de vida generalmente aumenta cuanto más se vive, dijo Briggs. Por ejemplo, ahora se puede esperar que las personas que tenían 65 años en el 2020 vivan hasta los 80, en lugar de morir a los 74.2 años, que era su esperanza de vida al nacer en 1955.

No se puede contraer Covid-19 si no es expuesto al patógeno. Y en EU, la probabilidad de exposición está relacionada con la raza. Datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran que las muertes de personas negras y latinas ocurren a una tasa 1.9 y 2.3 veces mayor que las de las personas blancas.

La pérdida de grandes números de jóvenes también es un sello distintivo de los impactos del Covid-19 en los países de ingresos bajos y medios, de acuerdo con el estudio de febrero.

“Importa la edad a la que muere”, dijo Bassett. La gente valora la presencia de los ancianos en sus vidas, dijo, “pero cuando alguien muere demasiado joven, una familia puede perder al sostén de la familia. Pueden dejar a niños sin padre”.

Ningún número puede capturar realmente la pérdida humana.

“No vivimos nuestras vidas estadísticamente”, dijo Dan Bouk, historiador en la Universidad de Colgate, en NY. Tras el Covid, la gente recordará a los que cuidaron o a los seres queridos que perdieron. “Ni los totales de muertes ni los años de vida perdidos capturarán con precisión esa experiencia”, dijo.