La terrible historia de cómo un accidente puede cambiar la vida

Después de perder a un familiar en un accidente de tránsito, Héctor y Celia María Morales buscan fomentar la educación vial y apoyar a las personas afectadas por esta clase de   percances.

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Celia María Morales y Héctor Morales son parte del movimiento Embajadora Flor de María. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández).
Celia María Morales y Héctor Morales son parte del movimiento Embajadora Flor de María. (Foto Prensa Libre: Carlos Hernández).

En esta historia hay un accidente de tránsito, varios lesionados, un deceso y mucho dolor. El 16 de agosto del 2013, Héctor Morales recibió una llamada por teléfono que le marcó la vida. Su hijo Manuel Alberto, quien entonces tenía 13 años, estaba al otro lado de la línea. “Papá, nos chocaron”, escuchó.


El joven iba en los asientos traseros del automóvil con sus hermanas, Flor de María, hija (19) y Celia (15).
Minutos antes, los tres habían salido de su casa para ir al cine, pero, en la carretera a El Salvador un carro los colisionó.
Flor de María Orellana, mamá de los chicos, acompañó a los bomberos en el traslado al hospital de sus hijos menores. Celia quedó inconsciente, con fracturas en la cara y un brazo, y con lesiones en la columna vertebral y las piernas. En tanto, la lámina de la carrocería le fracturó el fémur a Manuel Alberto.
Don Héctor suplicaba a los paramédicos que ayudaran a la mayor, Flor de María, pero nada se podía hacer, pues había fallecido al instante.
La terrible y conmovedora escena mostraba a un padre hincado sobre el pavimento llorando a su hija. A eso de las cinco de la tarde, el sol empezó a caer y el cielo a nublarse. A los minutos hubo un tremendo aguacero. “Sentía que las gotas de lluvia caían como piedras sobre mi rostro; aquellos momentos fueron sumamente desequilibrantes”, narra don Héctor.
 “Mi esposa y yo estábamos partidos”, refiere. Y es que mientras velaban a su hija mayor, también debían estar atentos a lo que pasaba en el hospital con los otros.
 

El dolor continúa

Han pasado cuatro años de aquel suceso. El dolor físico y emocional persisten. Celia aún tiene molestias en varias partes de su cuerpo. Manuel Alberto, después de dos operaciones en su pierna, aún debe someterse a una tercera. Hasta antes del percance, su objetivo era ser futbolista profesional. Ahora se ha involucrado en la música. Interpreta guitarra, batería y teclado. Asimismo, compuso una canción en honor a su hermana, la cual tituló Creo verte. Esta empieza así: “Solo quiero decirte que tu voz está aquí / tu risa y tu energía infinita / hoy va más lejos de lo que imaginé / creo verte en mi pared”.
Flor de María estudiaba Relaciones Internacionales en la Universidad Rafael Landívar. Su sueño era ser embajadora de Guatemala en algún país. Por eso, en su lápida le colocaron la inscripción: “Tu sonrisa siempre brillará, y en nuestros corazones quedará. Te declaramos Embajadora en el cielo”.
Hoy, la familia Morales Orellana impulsa el movimiento juvenil Embajadora Flor de María, cuyo objetivo es concienciar a los guatemaltecos respecto de la buena conducción de automóviles. Asimismo, en el 2015 fundaron la Asociación para la Prevención y Atención de la Seguridad Integral en el Tránsito (Apasit). Ambas iniciativas tienen cuentas en las redes sociales Facebook y Twitter, donde dan a conocer sus actividades.

 

¿Cómo recuerdas a tu hermana?

Celia: Era cariñosa, alegre, extrovertida, ordenada y responsable.

Emocionalmente, ¿cómo se supera una situación como esa?

Celia: Una no logra recuperarse, pero hay que aprender a vivir tal como son las cosas.
 

¿Qué recomendación le brindas a las familias que están pasando por un momento similar?

Celia: Sugiero tener una buena conexión espiritual, sea cual sea su creencia religiosa. También hay que tener en cuenta que la persona que se perdió físicamente aún está con nosotros, a pesar de que no entendamos la situación en toda su magnitud. Por supuesto, es importante buscar terapia psicológica.
Héctor: Hay otra cuestión, y es que uno suele buscar culpables, pero eso es un desperdicio. A veces surgen pensamientos relacionados con “los hubiera”: “Si no le hubiera comprado ese carro o moto”, “si no le hubiera dado permiso a ir a tal fiesta”. Eso, insisto, no sirve de nada.
 

¿Cura enfrentar a la persona con quien se tuvo el percance?

Héctor: Hay que entender que al volante cualquiera puede ser víctima o victimario. Fíjese que, en el caso que enfrentamos, quien iba en el otro automóvil es una persona buena y a quien le tengo respeto. No iba alcoholizada, pero tuvo el error de ir a alta velocidad. Como familia lo perdonamos y le dimos un abrazo. Eso nos ha ayudado a vivir.
 

Es una cuestión que a muchos les resultaría difícil hacer.

Héctor: Sí, pero nada puede cambiar las cosas del pasado. Lo mejor es pensar en lo que se puede evitar.
 

Esta es una época en la que se incrementan los percances de tránsito debido a los convivios y, muchas veces, el consecuente consumo de alcohol. ¿Qué recomendaciones brinda?

Héctor: Lo primero es que la gente deje de pensar que no les va a pasar nada. No es que anden con miedo, pero es que hay mucha despreocupación. Lo segundo es que le bajen a la velocidad; es mejor llegar tarde que no llegar. Otra cuestión es controlar el estado mental; para manejar no hay que estar ni estresado ni muy relajado; tampoco eufórico, enojado o triste, o estar con cansancio o sueño excesivos. Básicamente, hay que estar mentalmente equilibrado.
 

También evitar distracciones.

Héctor: Por supuesto. Cosas que nos quitan la atención al manejar pueden pasar desde una conversación hasta ver el teléfono celular o manipular la radio.
 

Tampoco consumir alcohol.

Héctor: Exacto. Conducir en estado de ebriedad combinado con la alta velocidad puede ser fatal.
 

Ustedes hablan bastante sobre la alta velocidad.

Héctor: Sí, porque el 90 por ciento de las fatalidades viales ocurren cuando se va arriba de los 80 km/h.
 

¿Cree que los guatemaltecos tienen suficiente educación vial?

Héctor: Los mensajes de concienciación han empezado a calar, pero aún falta bastante. Suelo comparar la criminalidad que vive el país con los hechos de tránsito. ¿A qué me refiero?  Considero que son pocos los ladrones, pero hacen un tremendo daño, de la misma forma que son pocas las personas que agreden al manejar un vehículo, pero suficientes para crear un caos.
 

¿Cuáles son los objetivos del movimiento Embajadora Flor de María?

Celia: La iniciativa fue espontánea y empezó a girar alrededor de los compañeros y amigos que tenía nuestra hermana. La intención es fomentar la educación vial y atender a las personas afectadas por los percances de ese tipo. Lo mismo efectúa la Asociación para la Prevención y Atención de la Seguridad Integral en el Tránsito (Apasit), la cual forma parte de la Federación Iberoamericana contra la Violencia Vial (Ficvi).
 

¿Cuántas personas se han acercado a ustedes?

Héctor: Aproximadamente 25 familias, las cuales apoyan y donan su tiempo o recursos. Algunas han perdido a alguien en un hecho de tránsito, pero no todas están listas para dar su testimonio.
 

¿Qué actividades llevan a cabo?

Celia: Talleres de sensibilización y concienciación, los cuales son gratuitos. También efectuamos caminatas con el mismo objetivo, tanto en la capital como en la provincia. En otras ocasiones hemos expuesto en países de Latinoamérica.
 

¿Qué proyectos tienen para el mediano y largo plazo?

Héctor: Impulsamos una iniciativa de ley para elevar el perfil del Departamento de Tránsito, pues pretendemos que se convierta  por lo menos en una Dirección General, ya que así tendría más fuerza. De momento, las funciones están repartidas entre varias dependencias, sin recursos y sin demasiada autoridad. Asimismo, deseamos que los percances viales se vean como un tema de salud pública, ya que estos generan ocupación en los hospitales y se consumen medicamentos en algo que se puede prevenir.
 

¿Han recibido apoyo de las entidades del Estado?

Héctor: No; ellos son muy fríos y se limitan a manejar cifras y esas cosas. No entienden a las víctimas. De hecho, los reportes que redactan, en sus primeras páginas, se refieren al número de remisiones que han impuesto, lo cual ya da una idea de sus prioridades. Hemos enviado cartas a la Presidencia de la República y al Ministerio de Gobernación, y nos han remitido al Departamento de Tránsito, pero no nos han atendido.