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                                                <pubDate>Sun, 26 Oct 2014 06:05:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Revista D</div>

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							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img alt='Francisco Mauricio Martínez' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2014-10-26T00:05:00-06:00">26 de octubre de 2014</time></span></div>]]></dc:creator>
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<p>Pero <strong>esta área, que se encuentra a la orilla de la carretera y que los lugareños conocen como el caserío&nbsp; Las Champas</strong>,&nbsp; es apenas la parte visible de la&nbsp; aldea El Rancho que aspira a convertirse en municipio. Cuatro kilómetros adentro, al virar en el 82, se encuentra <strong>el casco central&nbsp; habitado por 12 mil 700 vecinos,</strong>&nbsp; donde converge&nbsp; un ambiente de&nbsp; prosperidad comercial con el fantasma de los recuerdos del ferrocarril de finales del siglo XIX y principios del XX.</p>
<p>En la aldea tampoco falta el toque que caracteriza a los pueblos del oriente, asentados en el serpenteado recorrido del río Motagua, como&nbsp; los son las leyendas. Es común, aunque cada vez&nbsp; menos, escuchar a los&nbsp; longevos relatar&nbsp; historias a los nietos de la llorona, el duende,&nbsp; el jinete sin cabeza, la siguanaba, el sisimite, el cadejo y otros personajes más propios de&nbsp; la tradición oral de la región.</p>
<p><strong>Un recorrido breve por la población permite observar las antiguas instalaciones de la estación del tren,</strong> el cual se pretende convertir en museo; la iglesia católica construida en 1934; el parque central, adornado con árboles de laurel de la India;&nbsp; las huellas&nbsp; del puente Orellana que sucumbió en el 2010 por&nbsp; el Ágatha, y contemplar&nbsp; el&nbsp; río Motagua. Si se cuenta con más tiempo también se pueden visitar&nbsp; algunos vestigios de sitios precolombinos que se localizan en la periferia de la comunidad.</p>
<p><strong>Centro de pujanza</strong></p>
<p>Adentrarse en&nbsp; esta comunidad puede convertirse en un viaje enriquecedor para&nbsp; los que decidan hacerlo. A escasos metros del pequeño parque central se encuentran aún en pie <strong>un inmueble de madera donde operó la estación del tren</strong> a mediados del siglo XX, ya que el primero se incendió en 1945.</p>
<p><strong>Se conservan lo que fue la ventanilla donde se adquirían los boletos para viajar en el ferrocarril, la silla donde se sentaba el encargado de estos cobros y una o dos piezas del telégrafo</strong>. También, olvidadas por el tiempo y oxidadas por la humedad, una gigantesca bomba de agua y dos vagones. Lo que más llama la atención es una telaraña de rieles tendidos en el piso que evidencian el intenso tráfico en esos años.</p>
<p>Toda esta infraestructura se instaló en el&nbsp; último cuarto del siglo XIX debido a que hasta allí llegaba el ferrocarril.&nbsp; &#8220;Aquí llegaban&nbsp; comitivas de hasta 300 mulas cargadas con los productos que se enviaban&nbsp; a Puerto Barrios para ser exportados. Venían de la capital, las verapaces y los jalapas&#8221;, indica Rubén Paiz, quien&nbsp; en la actualidad redacta la historia de El Rancho.</p>
<p>Esta condición provocó que los mandatarios de esa época y otras más recientes&nbsp; visitaran con frecuencia la comunidad. Paiz relata que <strong>Justo Rufino Barrios llegaba a la comunidad&nbsp; a caballo y acostumbraba visitar al hacendado&nbsp; Saturnino Pinto</strong> de quien se hizo amigo, después de un incidente que tuvieron por un guacal de agua.</p>
<p>También frecuentaba el lugar, según cuenta Paiz, <strong>el presidente José María Orellana, quien era originario del&nbsp; municipio cercano&nbsp; de El Jícaro.</strong> Esta vecindad&nbsp; generó que dicho presidente mandara a construir un&nbsp; puente,&nbsp; que posteriormente llevó su nombre, que pretendía&nbsp;&nbsp; acortar distancias con su pueblo y la región de las Verapaces. El mismo fue inaugurado por Lázaro Chacón en 1927.</p>
<p><strong>Jorge Ubico también incluyó en su larga lista de visitas a&nbsp; El Rancho</strong>&nbsp; y&nbsp; cuando llegó hizo lo que&nbsp; acostumbraba hacer en&nbsp; toda comunidad que visitaba: revisar las cuentas de las instituciones públicas,&nbsp; escuchar los problemas de los vecinos, incluso los personales&nbsp; y emitir una sentencia que debía cumplirse inmediatamente,&nbsp; al pie de la letra.</p>
<p>Pablo Oliva, de 99 años, cuenta que en esos años un empleado del tren bajó del mismo a traer un poco de agua, pero fue asesinado por motivos que nunca se conocieron. &#8220;A los poquitos días llegó Ubico y alguien le dijo quienes habían sido. Los mandó a traer, los amarró con los brazos hacia atrás y los colgó de un árbol (no se sabe qué&nbsp; habló con ellos)&nbsp; y luego los envió al presidio&#8221;.</p>
<p><strong>El presidente Carlos Castillo Armas también forma parte de la historia de El Rancho</strong>, Paiz cuenta que el mandatario de la Liberación contrajo matrimonio con una vecina del lugar de apellido Palomo, por&nbsp; lo cual frecuentaba dicha comunidad, incluso, tenía una residencia por la plaza. &#8220;Como muestra de cariño al lugar regaló 150 manzanas de tierra a 150 campesinos, lo cual hoy se conoce como Malpais&#8221;, afirma.</p>
<p>En cuanto al origen del nombre de la aldea,&nbsp; la versión&nbsp; que más se cree es la que relata la historia de los ingenieros y los trabajadores&nbsp; que construyeron la estación del ferrocarril, que al buscar un lugar para dormir, <strong>solo contaban un rancho, propiedad de don Saturnino Pinto</strong>, el cual estaba ubicado en la loma donde ahora se encuentra el templo de El Calvario. Desde entonces quedó &#8220;El Rancho&#8221;.</p>
<p>En la actualidad, <strong>los pobladores buscan&nbsp; que su comunidad se convierta en municipio</strong>, ya que consideran que llenan todos los requisitos y tienen una economía fuerte que los hace auto sostenibles. &#8220;Ya es tiempo que seamos municipio, porque somos una comunidad grande que tiene mucho comercio, bancos, colegios, incluso&nbsp; universidad&#8221;, afirma Josefina Archila, vecina del lugar.</p>
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