Revista D

La fauna que se resiste a ser vencida por el concreto de la ciudad 

Algunas especies de la fauna del departamento de Guatemala luchan para no ser vencidas por el crecimiento desordenado de la ciudad. 

Por Francisco Mauricio Martínez / Guatemala

Escondidos en los escasos matorrales, bosques y corrientes de agua del departamento de Guatemala, algunas especies de mamíferos, reptiles, batracios y aves se adaptan a vivir junto a las toneladas de  concreto que a diario inundan  la metrópoli  como consecuencia del crecimiento acelerado y desordenado.

Pero  ¿por qué no se marchan? Los biólogos expresan dos causas. La  primera es que aún encuentran alimentos; la segunda, porque en la naturaleza  “el que no se adapta perece, mientras que el que lo logra, persiste y subsiste”. “El  problema es que adecuarse  a los cambios que el humano efectúa no es fácil, entonces la fauna nativa está condenada a perecer y extinguirse”, explica  el biólogo Carlos Vásquez Almazán, investigador del Museo de Historia Natural de la Escuela de Biología  de la Universidad de San Carlos (Usac).

Ratones y murciélagos

Un estudio del Centro de Estudios Conservacionistas (Cecon) de la Usac, efectuado en el 2005, documentó que en el departamento de Guatemala vivían aproximadamente 31 especies de mamíferos silvestres. “Seguro hay más, las cuales     se podrían descubrir si se desarrollaran proyectos para actualizar la diversidad biológica, al menos cada cinco años”, opina el investigador Hugo Enríquez, especializado en mastofauna, que ha trabajado para dichas instituciones, entre otros centros.

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La fauna que más se ha adaptado a la dinámica de la capital y sus municipios son cuatro especies de ratas y ratones, así como 10 de  murciélagos y dos de ardillas, explica el experto.

Las ratas como Rattus rattus, Rattus norvegicus y Mus musculus son las  que infestan las casas y no salen al bosque ni áreas verdes, porque necesitan estar cerca de los humanos, quienes los proveen de comida con los residuos del hogar, mientras que los ratones del bosque son animales  silvestres importantes en la vida  ecológica —sirven de alimento a los depredadores, por ejemplo—, sin ellos no vivirían otros animales de mayor tamaño.

Los murciélagos son importantes para la naturaleza, porque son útiles en la regeneración del bosque y la recuperación de las áreas silvestres. De estos depende el control de un montón de  insectos, que de lo contrario se convertirían en plagas. “Durante la noche comen hasta tres veces su peso”, expresa Enríquez.

En las áreas verdes es fácil observar dos especies de ardillas: Sciurus aureogaster y Sciurus deppei.  La primera es grande de pelo gris y rojizo hasta llegar a amarillento y cola  esponjosa; la otra es pequeña, oscura y su  cola es delgada.

Ya un tanto más reducidos en número se pueden observar  dos especies de marsupiales, los tacuacines: Didelphis virginiana,  el más común, se le ve cerca de los basureros buscando restos de alimento, y Didelphis marsupialis, que es  más oscuro que el primero. Estos, según Enríquez, son importantes por su  historia evolutiva, pues son mamíferos muy  antiguos. Viven en los matorrales y pueden estar cerca de las casas siempre y cuando haya un parche de bosque.

En los barrancos aún rondan el armadillo (Dasypus novemcinctus), que por lo general vive cerca de ríos y barrancos. En el mismo ambiente hay mapaches (Procyon lotor), que se alimentan de cangrejos, caracoles, roedores, ranas y sapos, así como  larvas.

Otro roedor del departamento de Guatemala es la cotuza (Dasyprocta punctata), que prolifera en los cultivos de maíz de  algunos barrancos, como el de Las Guacamayas, zona 5 de Mixco, en la zona 18, Santa Catarina Pinula y Villa Nueva.  En el mismo hábitat merodea la taltuza (Orthogeomys hispidus), la cual provoca problemas en los cultivos y abre túneles. Sus principales alimentos son las raíces y los tubérculos.

Sin embargo, uno de los más escasos y escurridizos es el  yaguarundi (Puma yagouaroundi), el único felino silvestre que   todavía persiste en los bosques urbanos, quizás porque es, de su familia taxonómica, el que más tolera la presencia del humano, cuenta Enríquez.

Es de talla mediana y se alimenta de roedores y aves. Se le ha visto en los  barrancos de la zona 16, en  El Encinal, Mixco, en la reserva de Cerro Alux y por las Nubes,  Santa Catarina Pinula.

A veces, también se encuentra entre la maleza un gato de monte (Urocyon cinereoargenteus), que en realidad es un zorro gris. “Lo que pasa es que cuando uno lo ve saltando en el campo parece un gato”, acota Enríquez.

Los reptiles son parte de la fauna del departamento de Guatemala (Foto Prensa Libre: Carlos Almazán)
Los reptiles son parte de la fauna del departamento de Guatemala (Foto Prensa Libre: Carlos Almazán)
Sobre la tierra

Vásquez Almazán, quien es profesor de Zoología en la USAC e investigador y conservacionista en Fundaeco, calcula que en el área metropolitana aún subsisten unas 50 especies de reptiles y entre 10 a 15 de anfibios, que para vivir necesitan de bosque, sotobosque, agua, sol y ecosistemas sanos.  “Cuando llega el concreto, las fuentes de agua se secan y los animales se mueren por insolación y deshidratación, porque no tienen acceso al vital líquido; están supeditados a los períodos de lluvias. Además, son depredados por las aves y algunos mamíferos cuando desaparece la cobertura forestal y no pueden ocultarse de los depredadores”.

El biólogo enfatiza que hace aproximadamente ocho años se describió la salamandra (Bolitoglossa kaqchiquelorum), que es endémica de la meseta central, y está en peligro de extinción, y habita en el Cerro Alux.

En las quebradas frías de esa área protegida, así como en Santa Rosalía y Muxbal, donde hay una alta incidencia sobre el cambio del uso de la tierra por la construcción de condominios, pulula la rana Plectrohyla guatemalensis, estudiada por Vásquez, que pertenece al género más amenazado de ranas a nivel mundial, por la pérdida de hábitat y porque el ecosistema donde habita son bosques de alta montaña y de niebla.


Los batracios abundan en las quebradas de los barrancos (Foto Prensa Libre: Carlos Almazán)
Los batracios abundan en las quebradas de los barrancos (Foto Prensa Libre: Carlos Almazán)

Otra especie de rana (Agalychnis moreleti), muy llamativa por su color verde, sobrevive en algunos barrancos como Las Guacamayas, Finca El Zapote, Llano Largo y recientemente fue reportada en las primeras lluvias en áreas como El Naranjo, San Isidro y Cayalá.

Unos seres muy emblemáticos son los llamados geckos, cuijas o niños dormidos (Hemidactylus frenatus); no son venenosos. Son invasores porque llegaron de las tierras bajas cálidas a la parte alta de la ciudad, que ahora es caliente. Han colonizado áreas de casas donde se alimentan de moscas, mosquitos, cucarachas, arañas y otros insectos, pero son inofensivos, asegura Vásquez.

De serpientes todavía se conserva una buena cantidad de especies nativas de la meseta central, pero se encuentran muy amenazadas por los humanos, porque creen que son venenosas y las matan, pero la mayoría no lo son.  Las cabeza roja y la negra (Ninia sebae) viven en los jardines y áreas forestales. Lo mismo sucede con la zumbadora (Drymarchon melanurus).

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Una de las escasas venenosas es la mano de piedra  (Atropoides nummifer), que  deambula  por el Cerro Alux, Muxbal,  Santa Rosalía, Santa Rosita, zona 16,  Carretera a El Salvador,  Amatitlán y Villa Nueva. En los mismo lugares rondan ejemplares de coral de la especie Micrurus nigrocinctus, que es la que más abunda en la costa sur, pero que por el cambio climático ha migrado y colonizado áreas en la capital, indica Vásquez.

En los últimos días de abril, en los alrededores de la Casa Presidencial, se encontró una víbora de cascabel (Crotalus simus). Estos ejemplares subsisten en los bosques de Llano Largo, Ciudad San Cristóbal y Villa Nueva. La que se halló en el Centro Histórico, seguro fue abandonada por alguien y pudo haber salido de un tragante, porque se alimentan de ratas que salen de las alcantarillas durante la noche, comenta el biólogo.

La mazacuata (Boa imperator) no es una especie nativa del distrito metropolitano, porque es propia del clima cálido. Se han localizado algunas porque existe la tendencia o moda de tener animales exóticos como mascotas, pero con la nueva regulación de la Ley de la vida Silvestre, que ordena registrarlas en el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, por lo que ya no es tan fácil tenerlas, por lo que algunas personas han abandonado algunas irresponsablemente en los barrancos.

Las aves

Las pequeñas aves se encuentran en los parques y barrancos del departamento de Guatemala (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)
Las pequeñas aves se encuentran en los parques y barrancos del departamento de Guatemala (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Probablemente, las aves grandes que más abundan son las carroñeras: zopilotes y auras. Se distinguen entre sí por su tamaño, forma y color de la cabeza, así como la posición de las alas durante el vuelo. Los primeros las mantienen rectas, mientras que las segundas las extienden con un ángulo con forma de V.

El biólogo Juan Fernando Hernández, especializado en aves, considera que las palomas eurasiáticas (Columba livia) son las que más proliferan de esta categoría, “son una plaga”, expresa.  Las trajeron los españoles —por eso se les llama de Castilla—.  Sus heces destruyen los monumentos, ensucian y contaminan todo.

“También hay numerosas palomas nativas de ala blanca, que no necesitan nada más que un parque abierto para sobrevivir. Todavía son muy comunes en el centro de la ciudad”, remarca Hernández.

Los azulejos también son comunes en el departamento de Guatemala. Viven desde la parte occidental de Estados Unidos hasta Centroamérica. Son principalmente insectívoros, evitan la proliferación de estos. Para cazar se paran sobre una rama o un cable y se lanzan sobre sus víctimas.  Se les encuentra sobre todo en espacios abiertos. Es común verlos en los campus de cualquier universidad.

Los cenzontles son muy frecuentes en toda América y el distrito metropolitano no es ajeno. Se caracterizan por comer prácticamente de todo. Son agresivos y dominantes ante otras aves. Tienen por lo general un canto muy bello. Pueden anidar prácticamente en cualquier parte.

En el departamento de Guatemala proliferan dos especies; la más común visita mucho los patios de las casas donde hay un poco de comida. Son principalmente de color café. También están los que viven en las tierras altas, éstos se distinguen por sus colores negro y café rojizo, vuelan en el Cerro Alux, y el municipio de Santa Catarina Pinula y sus alrededores, indica Hernández.

Los colibríes son pequeñas aves que vuelan en muchas partes, sobre todo donde se producen flores. Uno de los más abundantes es el orejiblanco, el cual es fácil de identificar. “Poliniza numerosas especies de flores”. El coronadito abunda desde el sur de México hasta Chile (allá le dicen chingolo). Comen semillas y pequeños insectos.

El gorrión doméstico europeo es muy abundante y compite con los coronaditos nacionales en espacio y recursos. Llegaron a América traídos por los ingleses, quienes los “extrañaban” y los trajeron desde Europa y en dos siglos han proliferado sobre toda América.

Los chocoyos (Psittacara holochlorus strenuus o Psittacara strenuus), que se ven cruzar el cielo en parvada y devorar las plantaciones de maíz son inquilinos urbanos. “Proliferan y son muy inteligentes. Cavan sus madrigueras en paredones de material volcánico expuesto”, cuenta el biólogo.

Se desconoce cuántas especies de aves podrían compartir espacio con los habitantes del distrito metropolitano, pero otras que son fácil de contemplar son la xara cabeza negra, común en los barrancos, la golondrina, la tangara azul y gris y la de ala amarilla, el lúgano centroamericano (Carduelis notata o Spinus notata) y otras. “Estas son las más comunes, pero hay varias decenas más que solo se logrará conservar con la protección absoluta de las áreas verdes”, asegura Hernández.