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                                                <pubDate>Sat, 06 Dec 2014 14:00:00 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Revista D</div>

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							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img alt='Roberto Villalobos Viato' src='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=150&#038;d=mm&#038;r=r' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/?s=300&#038;d=mm&#038;r=r 2x' class='avatar avatar-150 photo avatar-default columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle' height='150' width='150' decoding='async'/>									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Roberto Villalobos Viato</h2>
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2014-12-06T08:00:00-06:00">6 de diciembre de 2014</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Revista D]]></category>
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</p>
<p>Allí se pasean unos 350 pacientes que sufren esquizofrenia  o algún otro trastorno psicótico. <strong>Tienen la mirada perdida; ríen,  lloran y se quejan sin razón aparente. No comprenden con exactitud qué  pasa a su alrededor, ignoran cómo llegaron ahí, no saben cuál es su  familia, desconocen cuándo terminará todo. Sus pies se encuentran  callosos  por tanto caminar descalzos. Deambulan de allá para acá; no  tienen rumbo. Es más, por cruel que suene, carecen de un  futuro  prometedor.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>La infraestructura de ese   psiquiátrico tampoco ayuda:  algunas  ventanas están   quebradas, la humedad y el moho penetran en  las paredes, las camas se utilizan aún   rotas y las colchonetas de  vinil café dan pena.</strong> A esto se suma la presencia de agentes de la  Policía Nacional Civil (PNC) y de custodios del Sistema Penitenciario  (SP),   encargados de vigilar a los pacientes enviados al lugar por  orden judicial por haber cometido algún  delito. &#8220;Ellos &mdash;la seguridad de  la PNC y del SP&mdash; son una lacra para este hospital&#8221;, menciona uno de los  médicos,  ya   que abusan de su autoridad. </p>
<p>&#8220;No son todos, porque  algunos son educados, pero hay varios que son muy abusivos&#8221;, enfatiza  Pedro Cisneros, jefe de enfermería.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>En repetidas ocasiones, los guardias de ambas  instituciones cometen atropellos que van desde incitar a los pacientes a  masturbarse, a que los enfermos mentales tengan relaciones sexuales  entre ellos, a maltratar al personal médico o lanzar piropos a la  practicantes de psiquiatría. </strong></p>
<p><strong>Cierta vez, comenta un trabajador del  lugar, se pidió a agentes de la PNC que se retiraran para dar  tratamiento a un paciente, pero estos, exacerbados por esa  petición,    regresaron más tarde con gorros pasamontañas para amenazar de muerte al  personal.</strong>
</p>
<p>Incluso, llegan a quitarles las pocas pertenencias a los  pacientes. Además, es normal verlos jugar naipes o dormir en la sombra.  Son aproximadamente 180 guardias, entre ambos grupos. De todo esto tiene  conocimiento la Procuraduría de los Derechos Humanos. De hecho, en el  2002 se emitió una condena moral a la Corte Suprema de Justicia por  hacer vitalicia la permanencia de reclusos en el hospital, al Ministerio  de Gobernación por no tener el control debido sobre sus custodios y al  Ministerio de Salud por permitir a esa población. Hasta ahora, ninguna  de esas tres dependencias gubernamentales ha movido un solo dedo. Es  más, la cantidad de reclusos ha aumentado  respecto de otros años; en la  actualidad hay  66, y permanecen allí por crímenes como homicidio,  parricidio o lesiones graves. Esta situación pone en peligro a los  pacientes más indefensos.<strong> &#8220;Esto se ha convertido en un anexo del  Preventivo para Varones&#8221;, expone Luis Felipe Alvarado, psiquiatra de esa  institución.</strong>
</p>
<p>Para solucionar este escenario, se ha solicitado hacer un  pabellón judicial psiquiátrico fuera del hospital y   que se sitúe en un  centro de detención con la seguridad perimetral para el efecto y que,  además, tenga su propio equipo médico multidisciplinario. La petición  data del gobierno de Álvaro Arzú y la última se solicitó  este año al  Ministerio de Salud y al vicepresidente Rafael Espada, pero, después de  haber   trasladado la responsabilidad a terceras personas sin capacidad  de decisión, ha quedado estancada.</p>
<p><strong>La diaria irrealidad</strong></p>
<p><strong>La enfermedad mental &mdash;define el psiquiatra Juan Jacobo Muñoz  Lemus&mdash; es una condición que afecta la cognición, el pensamiento y el  razonamiento; por lo regular, se manifiesta en errores de juicio y en   tomar decisiones equivocadas.</strong> Las más comunes son la depresión, el  trastorno bipolar y la esquizofrenia. Estos problemas surgen a nivel  bioquímico: cuando una persona tiene abundancia o escasez de dopamina,  serotonina o noradrenalina &mdash;sustancias que sirven para una transmisión  nerviosa adecuada&mdash; es propenso a uno  de estos padecimientos. En  ocasiones aparecen por tendencias hereditarias.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Estas personas viven fuera de la realidad,  y por lo regular  manifiestan   alteraciónes motrices, surgen trastornos del pensamiento    acompañados de percepciones irreales como alucinaciones visuales,  auditivas, olfativas, gustativas y cenestésicas.</strong>
</p>
<p>Todo trastorno mental necesita tratamiento y, en ocasiones,  el paciente  puede llevar una vida normal con la ayuda de fármacos.  Asimismo, para la recuperación de la persona resulta importante la  colaboración y el compromiso de  familiares, lo cual no siempre sucede  con los del psiquiátrico.   <strong>En el Hospital Nacional de Salud Mental,  muchos de ellos han sido abandonados. &#8220;Parientes traen a sus enfermos  porque no saben qué hacer con ellos; dan una dirección y otros datos  falsos, y se olvidan de ellos. Nosotros no podemos sacarlos a la calle,  porque se convierten en nuestra responsabilidad&#8221;, comenta el psiquiatra  Alvarado.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Los parientes no aparecen sino hasta que se enteran de que  su familiar falleció</strong>. De esa cuenta, muchos han permanecido en el  manicomio por varios años:  una señora  lleva allí desde la década de  1960.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>En tanto, deben pasearse por las instalaciones del hospital y  resignarse, sin querer, a ver por siempre las paredes celestes o verde  claro, a los policías con su uniforme negro o a guardias con vestimenta  gris, a sus compañeros de delirio, apenas ataviados con una delgada tela  rosada o azul, y a los enfermeros con un impecable blanco.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Todos los días desayunan, almuerzan y cenan sin lavarse las  manos y, además, sin cubiertos &mdash;pues podrían hacerse daño con estos&mdash;. El  comedor también lo comparten con algunos gatos negros que merodean en  busca de migajas.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Por las mañanas, los enfermos toman el sol, beben  atol en  su vasito de plástico o reposan a media cancha de basquetbol si les  apetece. Algunos se creen artistas y cantan mientras  otros bailan &mdash;con o  sin música, con o sin pareja&mdash;; de repente,  aparece otro que llora  porque dice que le pegaron &mdash;esa es su alucinación diaria&mdash;, luego se  acerca una señora que indica que por la tarde se va a ir a Santa  Catarina Pinula con su familia &mdash;que es falso&mdash;; por otro lado,  alguien  se masturba, y en un salón una joven se asoma para manifestar que ella  está sana y que los demás,  locos.</strong>
</p>
<p>Otros pacientes &mdash;unos 30&mdash; llegan hasta las hortalizas para  hacer sencillos trabajos que les sirve como terapia ocupacional.
</p>
<p>Por la mañana, se bañan, solo cuando no reniegan. <strong>En un  informe de la PDH se documenta que cuando no lo quieren hacer, se les  moja a manguerazos para tratar de mantenerlos aseados.</strong>
</p>
<p>Dentro de los pabellones hay olor a orines, sanitarios sin puertas y ropa de cama sucia.</p>
<p><strong>Un don especial</strong></p>
<p>&#8220;Cuando empecé aquí me deprimí con solo ver el rostro de los  pacientes&#8221;, dice Cisneros. Para permanecer allí se necesita un don  especial: tan de buen corazón debe ser esa persona que debe estar  dispuesta a tolerar los ataques de los pacientes cuando menos los  esperan, a escuchar los gritos y las amenazas de muerte. La tolerancia  es la clave, pues deben comprender que son enfermos que no se encuentran   en su sano juicio.
</p>
<p>Para controlarlos, el personal  les da medicamentos que no  los curan, pero sí los mantiene tranquilos. Según Muñoz Lemus, los  fármacos deben administrarse junto con terapia y tratamiento ambiental.</p>
<p><strong>Sección aparte</strong></p>
<p><strong>El hospital  se divide en seis pabellones.   Uno de ellos  &mdash;el  5&mdash; tiene el nombre de psiquiatría forense, donde se atiende a los  pacientes enfermos mentales privados de libertad &mdash;reclusos  por orden  judicial&mdash;.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>En este pabellón hay salas de aislamiento, adonde se conducen a los  pacientes que se comportan  agresivos en extremo. El cuarto es  prácticamente  un cubo liso: cuatro paredes, techo y piso. Apenas una  ventana y, en la puerta, una pequeña rendija donde se puede ver el  interior, solo  con  una colchoneta, y el paciente colérico que pasa de  dos a tres días encerrado, según la gravedad.</strong>
</p>
<p>Esta práctica, sin embargo, se considera contraproducente, según la PDH.   &#8220;Tal medida contraviene la normas internacionales y recomendaciones de  la Organización Mundial de la Salud&#8221;, cita un informe de la defensoría  de las personas con discapacidad de esa dependencia.
</p>
<p>Moisés Soto, director del hospital, justifica el proceso y señala que es  necesario encerrarlos porque, afuera, podrían agredir al personal  médico y a los otros pacientes, ya que no son conscientes de lo que  hacen. Alvarado, en tanto, indica que en esas salas no hay más que un  colchón,  pues, por ejemplo, si se les da una sábana, podrían usarla  para suicidarse. Lo único que se les da es comida y psicofármacos para  aliviarlos.<br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Un paciente de este pabellón  violó a su mamá,  y luego la mató. De  inmediato fue a la tienda y agredió a una persona; después  corrió  detrás de  otro  y lo golpeó con un palo. Por casualidad, por ahí pasaba  el hermano de la víctima y trató de defenderlo, pero el ahora paciente  agarró un azadón, le pegó en la cabeza y lo mató. Todo eso en media  hora.</strong> Esa clase de trastornados mentales viven allí, y por eso las  autoridades hospitalarias insisten en que los jueces no los manden a ese  lugar,  por el peligro que suponen para los demás. Uno de ellos ha  estado  en el hospital durante 12 años. <strong>En ocasiones, se dice, se han  colado algunos que se hacen los locos, con tal de evadir el Preventivo  para Varones.</strong>
</p>
<p>Y para remate, este hospital luce mejor que sus similares en Centroamérica, de acuerdo con  sus autoridades.</p>
<p><strong>Solución</strong></p>
<p><strong>Ante la deprimente situación que los pacientes llevan en el Hospital  Nacional de Salud Mental es  necesario que las autoridades de Gobierno  se comprometan a mejorar esas condiciones</strong>. Además, hay que tener en  cuenta que es el único psiquiátrico para toda Guatemala.  Silvia Quan,  defensora de personas con discapacidad de la PDH, sugiere que los  programas de salud mental se extiendan a todo el país, en especial en  las comunidades, ya que  en estas la percepción de ese tipo de  enfermedades es mala. &#8220;En ocasiones todavía se les considera como gente  poseída&#8221;, refiere.
</p>
<p>Un caso particular es la esquizofrenia, que se presume que  1 por ciento   de los guatemaltecos la padece. ¿Dónde están todos? El psiquiatra  Miguel Alejandro De León tiene una respuesta: <strong>&#8220;La gente los acoge como  excéntricos o como los &#8216;loquitos del pueblo&#8217;, los enjaulan, encadenan o  amarran&#8221;. No están en el psiquiátrico, ya que hay ignorancia.</strong><br />
<strong></strong></p>
<p><strong>Estos enfermos mentales, como todo ser humano, sienten dolor o alegría.  Necesitan atención y cariño. No deben ser olvidados. El psiquiátrico, en  la actualidad, dista mucho de su objetivo final, pues, de acuerdo a la  PDH, se   violan    los derechos humanos, ciertos guardias de presidios y  agentes de la PNC agraden a los pacientes y el centro carece de  recursos materiales y económicos.</strong>
</p>
<p>&#8220;Tratamos de ayudar a los que se cataloga como los menos queridos&#8221;,   explica De León. Precisamente por ello &mdash;porque los enfermos mentales son  los olvidados&mdash; se requiere del compromiso de diferentes sectores  sociales,  cuya meta común sea la de permitirles una vida digna y, en la  medida de lo posible, prepararlos para que se reintegren a la   sociedad.</p>
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