¿Dónde está la mística, Minex?

Opinión

Ser trabajador, en estos tiempos, del Ministerio de Relaciones Exteriores, pone a prueba la integridad de una persona. Disciplinado, y rígidamente jerarquizado, el “Minex” no es lugar idóneo para la libertad de expresión. A los diplomáticos, la ley les impone una carrera laboral. Ordenado en rangos, el escalafón hace recordar las categorías de una carrera militar. Comparando, mientras que en esta última, es largo el camino desde soldado hasta general de división, en la diplomacia vemos también que un principiante pasa cinco largos rangos intermedios para llegar de tercer secretario a embajador extraordinario y plenipotenciario. Las carreras de servicio traen bondades, y se busca replicarlas en la burocracia pública. Y en ministerios como el del Exterior, o la Defensa, el orden jerarquizado es especialmente necesario, pues ambos reflejan posición de Estado, que es y puede ser solo una. Por ello se comprende que los diplomáticos de carrera siguen su deber civil y obedecen las directrices que desde arriba les envían. Pero en la medida en que se desenvuelve el trágico momento que viven los más vulnerables, crece un clamor por ver acciones más patrióticas de quienes están dentro de la institucionalidad, que desafíen la perversidad que se impone contra los evidentes intereses de la Nación.