Carlos Valenti

Paisajes parte (1).

En el desolado panorama de los primeros años del siglo XX, surge un grupo de jóvenes intelectuales, entre ellos, Carlos Valenti y Carlos Mérida.

Sin claras referencias, con ayunos de información, buscan un tanto a ciegas catalizar sus irrefrenables deseos de cambio, a un lenguaje ?moderno?, que intuyen pero no conocen. Lo intuyen por referencias que les transmiten Jaime Sabartés, conocedor de la obra Pablo Picasso y del efervescente movimiento artístico catalán.

Este heterogéneo grupo casi no tiene nada en común, excepto una cosa, ?luchar contra el academicismo?. Sobre Carlos Valenti mucho se ha dicho, sobre todo en estas últimas semanas, pero su presencia dentro de nuestra plástica nunca fue olvidada.

Partir a París, era el sueño de todo artista de cualquier parte del mundo.

Y para allá partieron Valenti y Mérida. ¿Qué le sucedió a Valenti a su llegada, al enfrentarse con ese complejo mundo artístico? Lo que creaba en Guatemala era novedoso, pero en París ya no lo era.

Pero su talento y sus disposiciones para el arte, nadie las pondría en duda. El conjunto de paisajes, realizados en formato pequeño, actualmente exhibidos en la Casa Mima, realizados en su mayoría antes de su partida, dan fe de su inmenso caudal creativo. En estas obras intuimos claramente una postura determinante, una voluntad clara de ruptura con los modelos de la academia, refugiándose en los lejanos ecos de las últimas tendencias europeas, siempre a través de Sabartés.

No creo que en Valenti existiera un gran interés por el paisaje, lo que demuestran éstos es el interés del artista por la pintura-pintura.

Se vale del paisaje para utilizar un lenguaje plástico ?moderno?. En ellos se conjugan elementos ?impresionistas? y ?expresionistas?. Los paisajes de Valenti son austeros, pundorosos. Pero ¡cómo sabe captar las alteraciones de la luz!, y qué libertad le otorga al color y a la pasta, configurando una imagen global y distinta. Le interesa el paisaje por la ordenación mental que puede realizar con éste.

Las obras de Valenti con este tema están poblados de cosas, aunque sería más apropiado decir: de ?seres mínimos?, que él magnifica, arbustos, arenales, flores, nubes.

Con estos elementos se inicia un proceso de despojamiento, en donde el artista confiere total libertad a las formas plásticas, dentro de su propio concepto. Valenti se coloca ante el paisaje en el punto justo, en que el caos y orden se encuentran, no como si uno hubiera surgido del otro, sino como si ambos surgieron a la vez.

Para Valenti su libertad artística consiste en hacerse servidor de algo que lo trascienda. Escoge paisajes y seres humildes, para descubrir en ellos su grandeza. La enorme fuerza de su pintura es el resultado de su propia personalidad. Con ella transmite la difícil sensación de lo vivido. Su pintura siempre será, un diálogo plástico ensimismado y recurrente.