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            <title>Por qué dormimos menos (y peor) en confinamiento</title>
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                                                <pubDate>Thu, 30 Apr 2020 23:58:42 +0000</pubDate>
                        <dc:creator><![CDATA[ <div class="editorial-container__name" style="font-weight: 500;font-family: &quot;Acto-Small-Medium&quot;, Roboto !important;font-size: 14px !important;line-height: 18px !important;color: #00b9f2 !important;" >
       						Salud y Familia</div>

						<div class="note-normal-container__author-variant-two special-style-normal-note-author">
							<h3 class="special-pill-note-container-title">ESCRITO POR:</h3>
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									<img width="150" height="122" src="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/irvin-escobar.jpeg?quality=52&amp;w=150" class="avatar avatar-150 photo columnista-individual-container__photo special-img-author-note rounded-circle wp-post-image" alt="" decoding="async" srcset="https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/irvin-escobar.jpeg 400w, https://www.prensalibre.com/wp-content/uploads/2018/12/irvin-escobar.jpeg?resize=150,122 150w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" loading="lazy" />									<div class="columnista-individual-container__details">
										<h2 class="columnista-individual-container__author font-size-author-note special-border-none">Irving Escobar</h2>
										<h3 class="columnista-individual-container__description">
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						<div class="editorial-container__date" style="margin: 8px 0;font-family: &quot;Acto-Small-Light&quot;, Roboto !important;font-weight: 300 !important;font-size: 20px !important;line-height: 18px !important;color: #474747 !important;"><span class="posted-on"><time class="sart-time entry-date published updated" datetime="2020-04-30T17:58:42-06:00">30 de abril de 2020</time></span></div>]]></dc:creator>
                                                <category><![CDATA[Salud y Familia]]></category>
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<h3>¿Para qué dormimos?</h3>
<p>El sueño es una conducta caracterizada por la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30324609" target="_blank" rel="noopener noreferrer">suspensión de la conciencia</a> en la que el encéfalo presenta un <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/16688184" target="_blank" rel="noopener noreferrer">patrón de activación</a> característico y tienen lugar una serie de cambios fisiológicos en nuestro cuerpo. Se caracteriza por una necesidad imperiosa y apremiante de dormir de la que no nos podemos escapar. No importa lo que nos esforcemos por intentar permanecer despiertos: al final caeremos en los brazos de Morfeo.</p>
<p>A pesar de que el sueño existe en todos los <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28501499" target="_blank" rel="noopener noreferrer">mamíferos</a> y, probablemente, en todos los vertebrados, desconocemos a ciencia cierta todas sus <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29983241" target="_blank" rel="noopener noreferrer">funciones</a>. Sí sabemos que nos ayuda a reponer los <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25399336" target="_blank" rel="noopener noreferrer">niveles de glucógeno</a> (nuestra principal reserva de energía) cerebral. Asimismo, el sueño nos ayuda a regular el metabolismo de nuestro cuerpo, a nuestro <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30920354">sistema de defensa</a> a luchar contra las infecciones o incluso a limpiar la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24136970" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>basura</em> metabólica</a> producida por las neuronas durante las horas de vigilia.</p>
<p>Por otra parte, el sueño resulta crítico para la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28092659" target="_blank" rel="noopener noreferrer">maduración cerebral </a> producida durante el desarrollo, y también es de vertebral importancia para la adecuada <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32184462" target="_blank" rel="noopener noreferrer">función cognitiva</a> en la vida adulta. En este sentido, las <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/31601760" target="_blank" rel="noopener noreferrer">conexiones entre las neuronas</a>, inducidas por las experiencias que acaecen en vigilia, se consolidan mientras dormimos.</p>
<h3>Marcando el <em>tic-tac</em></h3>
<p>Los seres humanos ajustamos nuestra <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29195759">fisiología</a> y nuestra conducta a un ciclo de 24 horas de duración. Esto es, seguimos lo que se denomina un <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1389945717301909?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener noreferrer">ritmo circadiano</a>. Para ello disponemos de un reloj interno integrado en nuestros <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6916512/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">genes</a> y de una serie de señales de nuestro entorno que nos informan del momento del día en el que nos encontramos (entre ellas, la luz solar).</p>
<p>De ajustar y sincronizar la información externa con el reloj biológico endógeno se ocupa el <a href="https://www.nature.com/articles/nn1003-1005" target="_blank" rel="noopener noreferrer">núcleo supraquiasmático</a>, situado en el hipotálamo. Son sus neuronas las que marcan el <em>tic</em> <em>tac</em> cerebral. Estas neuronas funcionan a un ritmo circadiano, de forma que cuando están más activas nuestro cuerpo funciona como si fuese de día. Al contrario que por la noche.</p>
<p>El funcionamiento del núcleo supraquiasmático puede verse modificado por una sustancia denominada <a href="https://bpspubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/bph.14116">melatonina</a> que se libera en una glándula del tamaño de una alubia localizada en la parte central del encéfalo. A saber, la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK550972/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">glándula pineal</a>. La secreción de melatonina depende de la luz de nuestro entorno, liberándose exclusivamente por la noche.</p>
<h3>Poner en hora el reloj biológico</h3>
<p>Nuestro reloj biológico interno tiende a adelantarse. Para ajustarlo y “ponerlo en hora” el núcleo supraquiasmático se vale de las señales del entorno. ¿Pero qué sucede cuando estas señales son insuficientes o no son las adecuadas, por ejemplo, cuando alteramos de forma abrupta nuestras rutinas diarias, como tendemos a hacer en este confinamiento tan atípico?</p>
<p>Carecer de mecanismos de ajustes puede alterar nuestros ritmos circadianos, dificultar el sueño y deteriorar la salud. Nos hace más <a href="https://science.sciencemag.org/content/367/6479/800.long" target="_blank" rel="noopener noreferrer">vulnerables a sufrir enfermedades</a> como la <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S002228362030070X?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener noreferrer">diabetes</a>, la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/32243642">obesidad</a>, las enfermedades <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0735109720301625?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener noreferrer">cardiovasculares</a> o incluso el <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/iju.14231" target="_blank" rel="noopener noreferrer">cáncer</a>. Asimismo, puede afectar a nuestro <a href="https://www.pnas.org/content/115/17/E4091" target="_blank" rel="noopener noreferrer">estado de ánimo y a nuestras capacidades cognitivas</a>.</p>
<h3>Dormir en tiempos de coronavirus</h3>
<p>Que el coronavirus SARS-CoV-2 haya irrumpido en nuestras vidas como lo ha hecho, obligándonos a confinarnos, provoca que las rutinas diarias se diluyan.</p>
<p>Según hemos visto antes, que las rutinas se difuminen tan drásticamente puede afectar a cómo dormimos. Porque como las <a href="https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(20)30259-1?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS0960982220302591%3Fshowall%3Dtrue" target="_blank" rel="noopener noreferrer">señales externas</a> que llegan a nuestro sistema nervioso e identifican el momento del día en el que nos encontramos resultan insuficientes, no hay quien ajuste el reloj biológico interno. Esto se puede traducir en una menor calidad y duración de nuestro sueño.</p>
<p>Para añadir más leña al fuego, el gran eco que se le ha dado al virus en medios de comunicación de todo el planeta, unido a la convulsa incertidumbre sobre la duración que tendrá el confinamiento y sus repercusiones futuras, se está gestando una percepción de falta de control en parte de la población que puede devenir en <a href="https://theconversation.com/coronavirus-por-que-tenemos-miedo-134822" target="_blank" rel="noopener noreferrer">miedo y ansiedad</a>. Esta ansiedad puede redundar negativamente sobre el <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/hbm.24843" target="_blank" rel="noopener noreferrer">sueño</a>, haciendo que nos cueste conciliarlo o nos despertemos varias veces en mitad de la noche.</p>
<h3>¿Podemos hacer algo para evitarlo?</h3>
<p>Para combatir los efectos deletéreos que el confinamiento puede tener sobre el sueño contamos con poderosas armas.</p>
<p>En primer lugar, conviene ue estructurar nuestros horarios y <a href="https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0195078" target="_blank" rel="noopener noreferrer">mantener las rutinas</a>. En este sentido, es importante que utilicemos el despertador por la mañana y dejemos el pijama en la cama, a pesar de no salir de casa. Resulta crítico mantener las <a href="https://psycnet.apa.org/record/2020-09435-003" target="_blank" rel="noopener noreferrer">horas de las comidas</a> y programar diversas actividades a lo largo del día, acotadas en el tiempo. Entre dichas actividades el <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1087079216301526?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener noreferrer">ejercicio físico</a> puede ser nuestro gran aliado.</p>
<p>La <a href="https://www.cambridge.org/core/journals/proceedings-of-the-nutrition-society/article/sleep-and-dietary-habits-in-the-urban-environment-the-role-of-chrononutrition/AC71726D1015598DE195BFCFF7A1B582" target="_blank" rel="noopener noreferrer">dieta</a> puede coligarse con nosotros para hacérnoslo más fácil. Concretamente, es recomendable evitar bebidas estimulantes en la última parte del día y cenas copiosas por la noche.</p>
<p>Una tercera arma es huir tras el anochecer de los dispositivos tipo tabletas o smartphones, dado que su utilización durante los minutos antes de irse a dormir aumenta el estado alerta y provoca unos <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1389945716000599?via%3Dihub" target="_blank" rel="noopener noreferrer">patrones de actividad cerebral anómalos durante el sueño</a>.</p>
<p>También ayuda abrir bien las cortinas y persianas para que la <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6751071/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">luz del sol</a> pueda alumbrar lo máximo posible el interior de nuestros <a href="https://theconversation.com/asi-es-una-vivienda-digna-en-tiempos-de-pandemia-y-mas-alla-135424" target="_blank" rel="noopener noreferrer">hogares</a>. Y si tenemos la suerte de disponer de terraza o patio, salir fuera contribuirá a proporcionar más información a nuestro sistema nervioso de lo que sucede “ahí fuera”.</p>
<p>Por último, es recomendable evitar el empacho de información sobre el virus y su contexto, sobre todo durante la última parte del día o antes de dormir, dado que en caso contrario es probable que lo <a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1002/hbm.24843" target="_blank" rel="noopener noreferrer">incorporemos a nuestros sueños</a>.<!-- Below is The Conversation's page counter tag. Please DO NOT REMOVE. --><img decoding="async" style="border: none !important; box-shadow: none !important; margin: 0 !important; max-height: 1px !important; max-width: 1px !important; min-height: 1px !important; min-width: 1px !important; opacity: 0 !important; outline: none !important; padding: 0 !important; text-shadow: none !important;" src="https://counter.theconversation.com/content/135353/count.gif?distributor=republish-lightbox-basic" alt="The Conversation" width="1" height="1" /><!-- End of code. If you don't see any code above, please get new code from the Advanced tab after you click the republish button. The page counter does not collect any personal data. More info: https://theconversation.com/republishing-guidelines --></p>
<p><a href="https://theconversation.com/profiles/diego-redolar-ripoll-986764" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Diego Redolar Ripoll</a>, Profesor de Neurociencia y Vicedecano de Investigación de la Facultad de Ciencias de la Salud., <em><a href="https://theconversation.com/institutions/uoc-universitat-oberta-de-catalunya-3540" target="_blank" rel="noopener noreferrer">UOC &#8211; Universitat Oberta de Catalunya</a></em></p>
<p>This article is republished from <a href="https://theconversation.com" target="_blank" rel="noopener noreferrer">The Conversation</a> under a Creative Commons license. Read the <a href="https://theconversation.com/por-que-dormimos-menos-y-peor-en-confinamiento-135353" target="_blank" rel="noopener noreferrer">original article</a>.</p>
<div class="gsp_post_data" data-post_type="post" data-cat="salud-y-familia" data-modified="120" data-title="Por qué dormimos menos (y peor) en confinamiento" data-home="https://www.prensalibre.com"></div>]]></content:encoded>
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