Deporte Nacional

Rebeca Rubio una vida de esfuerzo

La exatleta guatemalteca cuenta su historia y la manera en que el deporte la hizo dejar de ser una niña tímida, insegura y vulnerable. además, detalla que estudió antropología inspirada en encontrar los restos de su padre, quien era guerrillero.

Por Milton Meléndez

Rebeca Rubio sigue poniendo en alto el nombre de Guatemala, ahora en su faceta de conductora en Televisa Deportes. (Foto Prensa Libre: Cortesía Rebeca Rubio)
Rebeca Rubio sigue poniendo en alto el nombre de Guatemala, ahora en su faceta de conductora en Televisa Deportes. (Foto Prensa Libre: Cortesía Rebeca Rubio)

El ímpetu y las ganas de salir adelante para alcanzar sus sueños y sus metas han hecho de Rebeca Rubio una persona fuerte física y mentalmente, que lleva en su sangre el coraje y la fortaleza “como herencia” de su padre para enfrentar las situaciones que le hacen vivir .

Rebeca comenzó en la televisión por un casting al que asistió casi por obligación, luego de hacer varios eventos de modelo antes de ser deportista. Se graduó de antropóloga por la Universidad del Valle de Guatemala, practicó ciclismo durante un tiempo, fisicoculturismo y fitnees, ahora es la conductora del programa de televisión Ponte Fit, que se transmite de lunes a viernes a las 9.30 horas por la cadena mexicana Televisa Deportes.

La historia de la vida de Rebeca comenzó  con situaciones complicadas desde que era muy pequeña. Su padre, Ricardo Rubio, fue guerrillero, casi no conoció a su mamá y creció con sus abuelos, quienes murieron cuando ella estaba de viaje y terminó viviendo con una tía.

“El deporte me sirvió para dejar todos mis miedos, me hacía fuerte y sacaba a la verdadera Rebeca de mi interior”.

“Mi papá fue guerrillero en la década de los años 1980 y murió cuando yo era muy pequeña. Tenía nueve años cuando lo vi por última vez, en esa ocasión me dijo que se iba a ir porque él quería ayudar a los demás. Para mí fue una impresión muy fuerte porque de por sí yo no tenía mamá, ella me dejó con mi papá y mis abuelos —Francisco Rubio Casasola y Rosalía Guzmán de Rubio—. A ella casi nunca la vi, y aunque está viva, es como si hubiera muerto”, asegura Rebeca desde la capital mexicana.

“Cuando la guerrilla estuvo en la ciudad logré ver a mi papá dos veces. Lo veía llorar desde que llegaba hasta que se iba. Tres años después nos confirmaron su muerte. Ese fue el mayor golpe que pude recibir y que marcó mi vida. Por eso cuando me quedé viviendo con mis abuelos y como me exigieron estudiar escogí Antropología para poder entender muchas cosas y para encontrar los restos de mi padre. Deseo hacerlo porque quiero cerrar ese círculo, a los muertos hay que enterrarlos”, expresa la guatemalteca.

El deporte pasó de ser un pasatiempo a un modo de vida. Se convirtió en una válvula de escape y de respiro ante todas sus adversidades. Esa niña vulnerable, insegura y tímida desaparecía cuando comenzaba a correr o a realizar cualquier actividad física.

No pudo ser gimnasta

“Yo quería ser gimnasta, mi ídolo era Nadia Comaneci, pero era imposible hablarle al abuelo de hacer algo así. En el colegio veía a todas las demás con sus mamás y yo no tenía y para colmo mi papá se había ido, entonces el deporte se volvió una arena donde peleaba de otra manera. Me sirvió para dejar atrás todos mis miedos, me hacía fuerte y sacaba a la verdadera Rebeca”, afirma.

En un momento de su vida viajó a París con la idea de estudiar francés, cosa que también le sirvió como pretexto para salir un poco del control que tenían sus abuelos sobre ella.  Después se trasladó a Tailandia y allí tomó la decisión de estudiar Antropología.  Al volver a Guatemala, después de dos años se encontró con que sus abuelos habían muerto. Y su familia solo eran sus tíos Gilda y Milton Rubio.

“No tenía nada cuando vine. Me encontré con una soledad de familia. Solo tenía a Max Leiva, que era mi novio y había sido mi entrenador de ciclismo”, comparte Rebeca.

“Trabajaba medio tiempo como asistente de antropólogo, donde  ganaba Q500 mensuales y pagaba Q250 de universidad. Eso fue lo que hizo que incursionara en el modelaje, después saltó a la televisión por una necesidad de más recursos.

“Fue en esa época del programa Aló qué tal América donde conocí el fitness y me enamoré de ese deporte. Era lo parecido a lo que había querido hacer desde pequeña con la gimnasia, me entrenaba mi maestra Karla Gurrola, creo que ha sido la mejor que he tenido”, asegura mientras se sonríe.

Fue en ese momento cuando nació en Rebeca Rubio la idea de practicar su deporte y transmitirlo en televisión; sin embargo, eso debería esperar mucho tiempo más, porque el programa donde estaba no era el adecuado para eso.

“Hubo comentarios que me ofendieron porque decían que se empezaba a marcar mucho los músculos o que mejor me tapara un poco y nadie sabía que todo era parte de una historia que venía desde pequeña y que se traducía en mi cuerpo. Ya no me sentía cómoda y renuncié”, expresa.

“Pensé suicidarme”

En el 2006, en su etapa como atleta, se sometió a un tratamiento hormonal por un problema de salud en la matriz y que le provocó un descontrol en su nivel de grasa en el cuerpo, que superó incluso el porcentaje de una mujer normal saludable.

Lo que debes saber de Rebeca

  • La guatemalteca tiene una vida muy normal en el Distrito Federal, capital mexicana. Disfruta del descanso en casa y es activa en redes sociales.
  • Evita el estrés  del tránsito de la ciudad, por lo que prefiere movilizarse en el Metro.
  • Celebró su cumpleaños el viernes anterior con la visita de su tía Gilda Rubio.
  • No tiene mascota, pero le gustaría   un perro en su apartamento.
  • Su excompañero Francisco Calvillo, del programa Aló, es su vecino en México.
  • El tiempo libre que le queda lo ocupa para descansar.

“Fue horrible, tenía celulitis en los brazos y yo era el triple de lo que soy. Creo que hasta pensé suicidarme. El doctor no me dijo que tendría efecto de rebote el tratamiento. Era una menopausia artificial, en lugar de ser de 30 años parecía una mujer de 60 descuidada, fue un trauma”, asegura Rebeca mientras sigue su relato con asombro.

A partir de ese momento suspendió las clases que impartía en los gimnasios, incursionó en medios de comunicación escritos con suplementos de salud mientras se recuperaba.

Después de ese tratamiento volvió a competir en 2007 y hasta el 2010 participó en varias competencias internacionales, pero no lograba cuajar ningún proyecto en televisión o radio para transmitir sus conocimientos.

Ponte Fit, en TDN

En junio del 2010 ganó el título del campeonato internacional de Fitness Universe Weekend en Miami, logro que nunca imaginó que le serviría de trampolín para encontrar el éxito que hoy tiene en México.

“Cuando gané ese título apareció un intermediario que me dijo que en México había una oportunidad y me decidí a venir. Llegué el 3 de noviembre y me llevaron de gira por varios canales y en menos de un mes me llamó Televisa directo a mi celular para proponerme ser la imagen de salud que necesitaban”, afirma.

“Fue como sacarme la lotería, desde el día que me presenté en La Jugada por primera vez, Javier Alarcón dijo ‘Rebeca tiene que hacer un programa de ejercicios en TDN’ y después se logró’”, agrega.

El programa se convirtió en el sueño hecho realidad para Rebeca Rubio, y después de 18 años de trabajo y entrega Ponte Fit es la realidad que la mantiene como una de las guatemaltecas destacadas a nivel internacional.

“El deporte me cambió la vida porque ahora soy una mujer decidida con carácter fuerte y es mi pilar”.

“Me agrada que vean el programa y también en Guatemala porque creo que a la gente le puede servir como a mí, puedo decir que lo logré”.

“Mi abuelo no podría imaginar que ahora vivo del deporte”, concluye con una sonrisa mientras se prepara para una nueva rutina de ejercicios.