Economía

Editorial

Pantalones de hierro para el 2017

El 2017 exige tomar medidas agresivas, especialmente en aquellos campos donde se necesitará de “buenos pantalones” para actuar. El 2016 fue un año que no dejó buen sabor en el contexto mundial. 

La debilidad inesperada de la economía de Estados Unidos, el triunfo de Donald Trump con sus amenazas en contra de los TLC, anunciando la revisión del Nafta y el de Centroamérica (Cafta). El voto en Inglaterra a favor de salirse de la Unión Europea.

Todo ello terminó en reducir casi a la mitad las expectativas de crecimiento mundial. Guatemala también tuvo que hacer sus ajustes a la baja.

El 2017 puede ser mejor si se tiene el valor de tomar el toro por los cuernos y entrarle a esos temas que muchos los ven como la peste, porque resolverlos los expone al desgaste y a la crítica. Don Quijote, al avanzar, decía: “Ladran Sancho, pues caminamos”. El trabajo de este nuevo año está en entrarle con ganas y valentía a esos temas que tradicionalmente han generado controversia.

Uno de ellos es la flexibilidad laboral hoy practicada en todo el mundo, menos en Guatemala. La ratificación del convenio 175 de la OIT con su respectiva ley de trabajo por hora ya no puede esperar, lleva más de 7 años en el Congreso.

Seguramente en el pasado no se aprobó esperando que alguien negociara algo a cambio. Afortunadamente hay aires de cambio en el Legislativo que impulsan su aprobación.

El otro hueso duro para el 2017 es el contrabando. Es un descaro ver cómo este se ha corrido hacia todo el territorio nacional. Ahora es común ver negocios de buen tamaño llenos de producto ilegal.

Ya es hora que las visitas de la SAT que tan alegremente se anunciaron para Navidad lleguen a pedir cuentas. No es solo detener unos cuantos camiones cerca de la frontera. Es cerrar locales abiertos deliberadamente para comercializar contrabando.

Qué podemos decir de la necesidad urgente de prepararse ante un colapso de la infraestructura portuaria. Todos sabemos las amenazas que presenta la infraestructura de Puerto Quetzal y la situación en Santo Tomás también está muy seria. El comercio exterior del país ha crecido diez veces en los últimos 30 años y la infraestructura está igual desde 1970.

La solución está, pero a quien le toca es al Congreso. Ni modo, a ellos les queda lavar la ropa sucia que dejaron los políticos del pasado, pero esa es la obligación que les toca.

Qué podemos decir con el tipo de cambio, donde Guatemala se ha quedado como una isla con un quetzal tan caro, más fuerte que el dólar, el euro y cualquier otra moneda de países que sí cuentan con fortaleza productiva para soportarlo. Si no se hace algo radical con la mejora de la productividad, ya sea con herramientas de bajar los costos o con medidas de política macroeconómica o de política pública de apoyo, la destrucción de la producción nacional es un hecho. Este es quizá el reto más grande en el campo económico para el 2017.

Es triste ver cómo el éxodo de la inversión se consolidó en el 2016. No hay inversión llegando, ni siquiera en minería, cuando en todo el mundo se hace uso racional de estos recursos. Casi desaparecen las inversiones en energía, sector que apostó al país y hoy no sabe qué hacer con tanta energía disponible.

Aquí surge otro tema para el 2017. Urge subir el consumo vía nuevas inversiones en industria o negociar con dureza con Centroamérica la forma de exportar. Esto va a requerir de mucha fuerza para eliminar los pretextos para bloquear la compra de energía de Guatemala.

Para el Ministerio de Educación, los retos siguen siendo inmensos, pero si se quiere crear empleos rápidos, sin duda debe abandonar el miedo que le critiquen por no reforzar lo suficiente los idiomas ancestrales y poner algo de recursos para enseñar inglés en los colegios públicos. Ministro, esta crítica vale la pena para favorecer a muchas familias.

Ministro de Agricultura, siga el plan nacional de riego planteado por su ministerio, sin duda con ello el área rural producirá más ingresos y no tendrá necesidad de regalar ni fertilizante ni alimentos en esas áreas. Nuestro país es de los que más agua le cae en el mundo, pero se pierde porque no se guarda.

La burocracia en los procedimientos vinculados a facilitar negocios es otro de los retos.

Es combatir lo que yo llamo “los guerrilleros de escritorio”. Aquí hay decenas de ejemplos en todas las dependencias. Que el 2017 marque esa diferencia. Al final, los resultados de las acciones tomadas con valentía, levantarán la imagen de quien se atrevió a tomarlas.