Economía

Ganamos lo que no nos gastamos

Un ejercicio dentro de una organización con personas que devengan diferentes salarios puede ser engañoso sobre quién gana más.

Por Eduardo Palacios

Un empresario preocupado porque el salario de sus empleados cada día les alcanzaba menos, se reunió con todo el personal en el salón de conferencias para platicar sobre la situación, ya que la baja de las ventas no le permitiría aumentarles. A manera de introducción y para refrescar su memoria, pidió que cada quien diera su nombre, puesto y le dijeran cuánto ganaban al mes.

El gerente de Ventas, muy ufano, se adelantó y dijo: Soy Raúl Gutiérrez y gano Q34 mil. Todos le voltearon a ver muy impresionados. El contador dijo: Soy Antonio López y gano Q10 mil 500. Y así, cada uno fue presentándose y diciendo qué puesto ocupaba  y cuánto ganaba. Finalmente le tocó el turno a la recepcionista, quien dijo: soy Lucrecia Jiménez y gano Q600.

El empresario, muy preocupado y molesto llamó al encargado de personal y le preguntó cómo podía suceder eso. Nadie podía ganar tan poco en su empresa, pues no era ni siquiera la cuarta parte del salario mínimo. El encargado inmediatamente contestó: “La señorita está mintiendo, pues ella gana Q2 mil 600”.

Al preguntarle de nuevo, ella dijo: Efectivamente recibo un cheque por Q2 mil 600, y utilizo Q2 mil para mis gastos personales, por lo que la diferencia de Q600 es lo que realmente gano en el mes, y los deposito en mi cuenta de ahorros.

Inmediatamente todos guardaron silencio, impresionados, relacionando mentalmente esa respuesta cada quien a su condición personal.

Raúl, el flamante gerente de Ventas que “ganaba” Q34 mil para mantener su estilo de vida, acudía a su tarjeta de crédito, que siempre mantenía sobregirada.

En lugar de ganar, perdía mensualmente unos Q5 mil en pagos de intereses y cobros moratorios. Es decir, se le esfumaban casi Q48 mil al año, equivalentes a casi dos meses de trabajo. Recurría constantemente a préstamos y a pedir adelantos a cuenta de vacaciones y otras prestaciones.

El contador Antonio López —que devengaba Q10 mil 500— todos los meses también se sobregiraba en Q2 mil 500, por lo que al fin de año acumulaba una deuda de Q30 mil y usaba su bono 14 y aguinaldo para medio subsanar esto, y aún así se quedaba corto en Q9 mil anuales. Vivía desconcertado, de mal humor y su trabajo era ineficiente.

Lucrecia, por su parte, tenía ahorrados al final del año Q7 mil 200 y, además, ahí depositaba los Q2,600 de su bono 14 y los Q2 mil 600 del aguinaldo, por lo que cada año acumulaba o ganaba Q12 mil 400, más los intereses, aunque su salario era bajo. Vivía tranquila y trabajaba muy a gusto. Era muy eficiente y altamente productiva.

Recuerde que usted puede gastar, pero, por amor a Dios, no se lo gaste todo, pues lo que no nos gastamos es lo que realmente ganamos al mes.

Es decir, si nada ahorramos, nada ganamos. Dicho en otras palabras, nada ganamos si todo lo gastamos.

* eduardopalacioslima@ icloud.com