Economía

Lucha política paraliza economía de Brasil

Los diputados brasileños decidirán este domingo si la presidenta de izquierda Dilma Rousseff puede seguir ocupando el cargo o si el Senado debe abrirle un proceso de destitución por supuesta manipulación de las cuentas públicas.

Por Agencia AFP

Miles de personas se han manifestado en Brasil, tanto para apoyar como para repudiar al régimen de Dilma Rousseff. (Foto: Hemeroteca PL)
Miles de personas se han manifestado en Brasil, tanto para apoyar como para repudiar al régimen de Dilma Rousseff. (Foto: Hemeroteca PL)

La despiadada lucha política que paraliza a la principal economía latinoamericana tendrá este domingo otro epicentro en las calles de las principales ciudades del país, donde ambos bandos preparan concentraciones masivas, con pantallas gigantes, para asistir en directo a una ceremonia de rituales meticulosos.

La sesión se iniciará a las 14H00 locales (17H00 GMT), con la intervención del autor de un informe que recomienda el "impeachment" (o juicio político) de la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), seguida por breves proclamas de los líderes de las bancadas partidarias.

Una hora después, cada uno de los 513 diputados será llamado a comunicar su voto por un micrófono y a justificar en 10 segundos su decisión. Se calcula que el destino de Rousseff estará zanjado a eso de las 21H00 locales (00h00 GMT).

Si 342 legisladores (dos tercios) votan a favor del impeachment, y el Senado ratifica esa decisión a inicios de mayo, Rousseff, de 68 años, será sometida a un juicio político que implica su separación transitoria del cargo. La sustituiría su vicepresidente Michel Temer, quien podría gobernar hasta fines de 2018, cuando finaliza el mandato, si los propios senadores declaran a Rousseff culpable en un plazo de 180 días.

Dilma Rousseff, presidenta de Brasil. (Foto: Hemeroteca PL)
Dilma Rousseff, presidenta de Brasil. (Foto: Hemeroteca PL)


La crisis política brasileña tiene en vilo a América Latina y es observada con preocupación por el resto del mundo, a menos de cuatro meses de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Rio.

Vencedores y vencidos

Rousseff niega los cargos que se le imputan y los atribuye a una conspiración liderada por Temer y el jefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, ambos del partido centrista PMDB.

Temer ya está ensayando el traje de presidente. El sábado recibió a más de cien responsables políticos en su residencia oficial en Brasilia, tratando de amarrar los votos que podrían revertir la tendencia favorable que las encuestas le anuncian en las últimas horas.

Durante la jornada, en un mensaje por twitter, salió al cruce de acusaciones de Rousseff para negar terminantemente tener la intención de acabar con planes sociales emblemáticos de los gobiernos de Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) y de su sucesora.

A inicios de la semana, en un audio difundido involuntariamente, según dijo, llamó a formar un "gobierno de salvación nacional" y a realizar "sacrificios" para sacar al país de una recesión que entra en su segundo año.

También Rousseff dijo que, de sobrevivir al impeachment, propondría un "pacto" a todas las fuerzas políticas, para que Brasil pueda salir del pozo.

Manifestantes protestan contra Rousseff en Sao Paulo. (Foto: Hemeroteca PL)
Manifestantes protestan contra Rousseff en Sao Paulo. (Foto: Hemeroteca PL)


Pero la crisis actual polarizó al país hasta un punto que por momentos lo vuelve irreconocible para los propios brasileños.

"Sea cual sea la decisión de la Cámara, las heridas dejadas por estos meses de confrontación no cicatrizarán tan rápido", escribió el cineasta Cacá Diegues este domingo en el diario o Globo.

Sin contar que los derrotados no están dispuestos a bajar los brazos. Cunha amenazó con abrir otros juicios de destitución contra Rousseff, si la actual propuesta es rechazada. Y el PT y varios movimientos sociales no piensan darle tregua a Temer en caso de que "el golpe" triunfe.

Rousseff, con una popularidad en sus mínimos históricos (en torno al 10%), nombró a Lula jefe de gabinete para articular las negociaciones que le permitan superar el trance parlamentario.

Pero Lula no pudo asumir el cargo, a causa de una orden judicial relacionada con sospechas de que pudo haberse beneficiado de las redes de corrupción de Petrobras.