Economía

Entre el cambio climático y corrupción

El cambio conlleva retos y da miedo, y si para un individuo esto es difícil, imagínense lo que significa para una empresa.

Por Karen Wantland

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Karen Wantland

El universo es perfecto y por lo tanto tiene leyes inalterables como la causa y el efecto. Cada acción que tomamos tiene un efecto. No podemos pretender que las empresas mejoren sus prácticas si nosotros no mejoramos y compramos sin consciencia. De igual manera, es inconcebible que nos quejemos de los efectos del cambio climático si nuestra casa está llena de empaques que no son reciclables y que se produjeron emitiendo dióxido de carbono.

Por poco que hagamos, la solución solo puede estar en nosotros. De qué nos sirve señalar a un gobierno corrupto si presumimos cuando “nos pasamos de listos” o bien, culpar a compañías por su falta de ética, si a pesar de eso les compramos sus productos porque “son más baratos”. Como he mencionado, los costos no desaparecen sino se trasladan.

Si prefiero comprarle productos a firmas que contaminan, el costo que se ahorra el negocio que contamina no desaparece sino que se traslada a un tercero que en este caso, podría ser la comunidad que utiliza el agua de los alrededores, la cual probablemente padecerá enfermedades relacionadas con el agua y por lo tanto, deberá utilizar algún centro de salud que se sostiene con el pago de los impuestos. Sin embargo, como los centros de salud están en mal estado por todos los que se han “pasado de listos”, la comunidad puede demandarle a la empresa ayuda para sanar ciertas enfermedades, que en principio se generaron por el costo que no quiso asumir la compañía.

En economía a este término se le llama externalidad y una sola acción puede tener muchos efectos que se revierten. De igual manera, si una empresa soborna a funcionarios para construir una carretera, este costo no desaparece, sino que se traslada a los usuarios, comerciantes y al país.

Por eso, tanto los ciudadanos, las empresas como las gremiales debemos cuestionarnos cada acto que hacemos a favor del ambiente, de la sociedad y de la transparencia porque al final todos los costos se trasladan y recaen en nosotros mismos. Si en verdad queremos promover la paz en nuestro país y luchar por un mundo más sostenible e íntegro, debemos cambiar nuestras prácticas porque el planeta no nos necesita pero nosotros si necesitamos de él.

El país está en crisis que hemos generado nosotros mismos. Es más fácil señalar que cambiar porque el cambio conlleva retos y da miedo, y si para un individuo esto es difícil, imagínense lo que significa para una empresa. Cada vez que compremos, comamos, usemos algo, cuestionémonos si estamos siendo parte de la solución o del problema y quién paga el costo de nuestro ahorro y cómo esto se nos revertirá.