Contagió pasión musical en el Istmo

Uno de los pocos compositores guatemaltecos de la época que siguió el ejemplo del maestro José Eulalio Samayoa y abordó la composición sinfónica con devoción fue el violinista y escritor José Escolástico Andrino.

Por POR REDACCIÓN

<p>PARTITURA  de la obra Libera Me,  de Escolástico Andrino.</p>
PARTITURA de la obra Libera Me, de Escolástico Andrino.

Muchos de los músicos de más influencia a partir de la mitad del siglo XIX fueron alumnos de Máximo Andrino (1805-1873), virtuoso del violín y que fundó su propia escuela alrededor de 1830, al llegar a ser uno de los maestros más renombrados.

Uno de sus discípulos más destacados fue su hermano José Escolástico, quien nació en la Nueva Guatemala de la Asunción en 1817.

Durante cierto tiempo trabajó como integrante de la sección de violines primeros de una orquesta de teatro en La Habana, Cuba.

En 1845 se fue a San Salvador, donde inicialmente se desempeñó como maestro de capilla de la Catedral y de violín, y luego ocupó altos puestos oficiales en el Gobierno de ese país, donde fundó una orquesta que llegó a ser la mejor de su época. En algunos textos se le presenta como salvadoreño, pero en realidad es guatemalteco.

Su obra presenta la forma de construcción periódica clásica, pero contiene un idioma armónico propio del temprano romanticismo, al igual que sus Variaciones para violín y orquesta, en sol mayor, escritas para su propio uso como concertista.

Cobró relevancia su pieza La mora generosa, ópera estrenada bajo la dirección del compositor en el Teatro Variedades, en 1859, así como numerosos villancicos y tonadas patrióticas.

Escribió el libro Nociones de filarmonía y apuntes para la historia de la música (1847), el cual ha servido de fuente de consulta a varios historiadores musicales.

Esta obra contiene datos detallados de la música y biográficos de los músicos en Guatemala, gracias al cual es posible conocer los nombres de muchos filarmónicos que de otra forma hubieran quedado en el olvido. Falleció en San Salvador en 1887.

AUTOR DE SINFONÍAS

Sobresalen sus obras para conciertos.

Escribió innumerables piezas de música religiosa y ligera, en las que evidenció el amor a su tierra natal en sugestivos títulos como Lejos de la patria, Brisas guatemaltecas y Recuerdos del hogar.

Compuso Variaciones para violín y orquesta, en sol mayor, probablemente escritas para uso propio del compositor como solista.

Esta fue la primera obra concertante compuesta en Guatemala de la que se tiene conocimiento.