Comunitario

“Yo nunca quiero rendirme”

La palabra amor no se resume solo al afecto hacia una pareja, amigos o familia, sino que también al prójimo, tal y como lo demuestra Gustavo Girón, con su vocación de servir.

Por Gabriela López

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Día del Cariño Historias

El 14 de enero del 2014, Girón, quien tenía entonces 25 años, recibió una descarga de 13 mil 800 voltios que le causó quemaduras de tercer y cuarto grado, y como consecuencia sus manos tuvieron que ser amputadas.

Recuerda que ese día  se encontraba en Quetzaltenango, finalizando el proyecto de demolición y reconstrucción de viviendas para las personas afectadas por el terremoto de noviembre de 2012.

A punto de morir

Él  movía una talanquera que representaba peligro para las personas que allí se encontraban, pero esta se quebró y cayó sobre cables de alta tensión, que lo lanzaron inmediatamente al suelo, inconsciente. Fue trasladado vía aérea al Centro Médico Militar, en donde paso ocho días en coma. Le amputaron las manos.

En cuatro meses de recuperación, Girón aprendió a escribir, dibujar, hacer los quehaceres de su casa, comer y hasta conducir su vehículo; indicó que su fe, familia y amigos le dieron la fuerza para continuar.





Diez meses después  se casó con su novia de tres años y fruto de ese amor nació su pequeña hija, Briana Yarely.   

“Yo no sabía qué era ser padre y ahora que lo soy, tengo alguien que va seguir mis pasos; entonces yo nunca espero rendirme”.

Los sueños de Girón van más allá de superar una discapacidad, pues  “los límites están en la mente”.    Con la sonrisa que lo caracteriza aseguró que  su trabajo es lo que más le gusta,  y seguirá al frente del pelotón porque servir a la población es su mayor satisfacción.

Girón  es parte del Cuerpo de Ingenieros del Ejército que construye casas para afectados de El Cambray 2.