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“Murió con el corazón partido”: cómo me encontré con la historia de un amor trágico en un cementerio judío de India

No hace mucho, los judíos de Bagdad (Irak) eran una de las grandes comunidades comerciales de Asia. En la ciudad portuaria de Chennai (anteriormente llamada Madrás), en el sur de India, el periodista Andrew Whitehead se encontró con un último remanente de la presencia judía allí y tropezó con una trágica historia de amor.

El cementerio judío en Chennai en 2007. NANCY HENNIGAR REISIG

El cementerio judío en Chennai en 2007. NANCY HENNIGAR REISIG

Me dijeron que el lugar sería difícil de encontrar.

Estaba escondido en una concurrida calle de un mercado no muy lejos de la playa Marina, con puestos de venta tapando la entrada.

Pero vi la estrella de David. Las puertas habían sido recientemente pintadas de celeste y sobre la entrada estaban las palabras Beit Ha Haim en hebreo que significa “La casa de la vida”. En otras palabras, un cementerio judío. Pero estaba cerrado con candado.

Una de las mujeres del mercado me hizo un gesto para que esperara mientras sacaba su teléfono. Otra mujer me ofreció una silla de plástico y me aseguró: “Alguien vendrá”.

Media hora más tarde, apareció Kumari, una mujer vivaz que vestía un sari (un vestido tradicional indio) rosado.

Tenía un manojo de llaves y en un par de minutos me encontré en medio de un pequeño cementerio, un poco más grande que una cancha de bádminton.

Estaba un poco desolado, pero claramente bien cuidado.

Y en caso de que no supiese quién era responsable del mantenimiento, Kumari sacó energéticamente su escoba y empezó a despejar las hojas de las lápidas.

La sinagoga, en lo que alguna vez fue la ciudad de Madrás, fue demolida hace décadas.

La ciudad ahora no tiene comunidad judía, aunque algunos dicen que todavía hay algunos.

El cementerio es casi todo lo que queda y ha sufrido mudanzas, quizás dos, a través de los años.

Sólo un puñado de tumbas de las más antiguas sobrevivieron, la más completa es la de Abraham Salomons, un comerciante de coral, que murió en 1745.

Hay algunas de tumbas del siglo XX. Una llamó mi atención: una mujer que murió en 1943 en sus tempranos veinte años: Victoria M. Sofaer.

¿Cuál era la historia detrás de esa muerte temprana?


Sorpresa

Hay un sitio web de historias familiares dedicado a la diáspora judía sefardí.

Y según descubrí, Victoria era conocida como Toyah y había nacido en Bagdad.

Pero curiosamente, su familia no sabía acerca de su tumba, ni cuándo o dónde murió Toyah.

A través de ese sitio web hice contacto con la sobrina de Toyah e indirectamente con el medio hermano de la joven fallecida, Abraham, quien ahora tiene 94 años y vive en un hogar de ancianos en Toronto, Canadá.
Él nació dos años después de Toyah y fue el más cercano a ella dentro de la familia.

Se sorprendieron al enterarse de la tumba de Toyah. Y, a su vez, me llenaron de curiosidad con la historia de su vida y muerte, apenas conocida incluso dentro de la familia.

El padre de Toyah, Menashi, era el dueño de una importante tienda en Bagdad en las décadas de 1920 y 1930.

Importaban queso suizo, brandy francés, cigarrillos estadounidenses, chocolate belga y tenían una gran tienda en Rashid Street, la calle principal de Bagdad en ese entonces.

La tragedia del amor

En torno a 1940, Toyah se enamoró de un hombre armenio de una familia que administraba la tienda de ropa del otro lado de la calle.

Su familia se enteró y ellos estaban decididos a poner fin al romance.

Trataron de encontrarle un novio judío, pero ella los rechazó a todos. Así que enviaron a Toyah a India.

Abraham, el medio hermano de Toyah, entonces vivía en la ciudad india de Bombay para evitar el servicio en el ejército iraquí. A finales de 1942, sus padres llegaron allí con Toyah.

“Ella estaba en completo shock, en silencio. Nunca me dijo una palabra”, recuerda. “Me entristeció muchísimo”, dice.

Después de un tiempo, Toyah y sus padres se mudaron, pero no dijeron a dónde. Luego se enteró de que Toyah había muerto.

Sus padres regresaron a Bagdad y nunca hablaron de lo que pasó.

Fue mucho tiempo después que Abraham se enteró por su abuela sobre el romance trasgresor de Toyah.
“Creo que mi hermana murió con el corazón partido”, dice.

Le pregunté si había algún retrato de Toyah. Me enviaron una foto de familia con tres niños. Toyah habría tenido siete en ese momento. Pero, ¿por qué no estaba en la foto?

Cuando murió, sus padres retocaron la foto para quitar su imagen. Así no habría ningún recordatorio del escándalo y la tragedia, dice la sobrina de Toyah.

Otra foto apareció y tal vez incluye a Toyah. Es una joven de aspecto serio con pelo despeinado, nadie está seguro de si es ella y más después de 70 años de su muerte. Supongo que nunca lo sabremos.

El hermano de Toyah se consuela con saber que su hermana tiene una tumba apropiada y con la oportunidad de poder hablar dentro de la familia sobre el destino que sufrió su hermana.

Fue como un cierre para él y además le dio a su hermana el reconocimiento público sobre el mal que se le hizo.
Su hija me envió unas líneas: “Traer recuerdos de Toyah es increíblemente emocionante para nosotros”.

Lo es para mí también.

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