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“Sin cuerpo no hay delito”: el escabroso caso de la niña desaparecida que obligó a cambiar las leyes en Reino Unido

Han pasado exactamente 80 años del asesinato de la niña Mona Tinsley, de 10 años, un caso que ha sido calificado de horrible, oscuro y, sobre todo, impenetrable.

Mona Tinsley desapareció en enero de 1937 sin dejar rastro. Tenía 10 años. CHRIS HOBBS.

Mona Tinsley desapareció en enero de 1937 sin dejar rastro. Tenía 10 años. CHRIS HOBBS.

Pero que también cautivó a Reino Unido y ayudó a cambiar al antiguo principio legal que establece que “sin cuerpo no hay delito”.

“No puede haber sido él”, le dijo Lilian Tinsley a la policía

Los oficiales de policía tenían una pista sobre la desaparición de su vivaz hija de 10 años, Mona. Pero necesitaban de la ayuda de la madre.

Pocas horas después de que Mona desapareciera tras salir de a escuela en la localidad de Newark-on-Trent (en el norte de Reino Unido) el 5 de enero de 1937, un testigo identificó a un hombre que había sido inquilino en la casa de la familia de la menor.

“La reacción de Lilian (la madre) y su esposo, Wilfred, cuando la policía los interrogó fue extraña. Parecían evasivos”, le comentó a la BBC el historiador local Chris Hobbs.

“Cuando la policía presionó un poco más durante el interrogatorio, Lilian admitió que ellos habían tenido un inquilino, al que la niña conocía como el 'tío Fred'”.

Según Hobbs, la madre de la menor dio el nombre del huésped: Frederick Hudson. También dijo, después de mucha insistencia, que él era amigo de su hermana Edith Grimes, que vivía en la ciudad de Sheffield, en el norte de Inglaterra.

“¿Por qué los padres actuaban de esta forma evasiva teniendo en cuenta que su hija había desaparecido?”, se preguntó Hobbs.

Una turbia respuesta emergería.

La hermana de la madre, Edith, dio otro nombre -Frederick Nodder- pero insistió en que ella no lo había visto en meses.
Pero esto resultó ser mentira.

La policía se dio cuenta que los vecinos habían visto al “Tío Fred” en Sheffield poco antes de Navidad, conduciendo una camioneta pintada con el nombre de “Retford”, un mercado ubicado en la ciudad.

Esta pista condujo a las autoridades a una empresa de transporte que les dio una dirección en un pueblo cercano, Hayton.

Toda esta información fue recopilada en el primer día en que la niña había sido reportada desaparecida.

“Sin cuerpo, no hay delito”


“El principio de que sin cuerpo no hay delito existía desde el año 1660 por el caso de William Harrison, que es conocido como el milagro de Campden. Harrison despareció ese año cerca de Chipping Campden [en el centro de Reino Unido] y tres personas fueron declaradas culpables y condenadas a la horca por ese crimen”, contó el historiador de temas legales Benjamin Darlow.

“Pero dos años después, Harrison apareció con vida y dijo que había sido secuestrado. Esto tuvo un dramático impacto en las leyes de Inglaterra y el principio de 'sin cuerpo no hay delito' sobrevivió por los próximos 294 años”, explicó Darlow.

Del mismo modo, según Darlow, el caso de Mona Tinsley fue fundamental para que finalmente en 1954 ese principio fuera eliminado de la ley inglesa.

“Fue tal vez el caso de más alto perfil en relación con este tema durante la primera mitad del siglo XX. De hecho, no hay más 'sin cuerpo no hay delito' vigente en las leyes de Inglaterra”, aseguró el historiador.

“Una acusación por asesinato puede estar basada en evidencia circunstancial si es lo suficientemente convincente. Ahora bien: aunque el principio no existe más, es bastante difícil probar un crimen sin un cuerpo”, agregó.

Momentos vitales

Interrogado frente a su casa, Nodder o “Tío Fred”, que en ese entonces tenía 50 años, negó cualquier relación con el caso, pero otros testigos afirmaron que poco antes del mediodía habían visto a un niña en su casa.

Y, de hecho, cuando las autoridades ingresaron a la vivienda hallaron varios dibujos hechos por un menor y huellas digitales. Nodder fue arrestado.

Además, otros testigos señalaron que la tarde anterior lo habían visto en un autobús acompañado por una niña.

Frente a la evidencia, Nodder solicitó ver a la señora Grimes (la hermana de la madre de la menor), insistiendo en que esto serviría para encontrar a Mona “viva y sin daños”.

“La policía se dio cuenta que Grimes no sólo había visto a Nodder recientemente, sino que lo hacía con regularidad y sabía exactamente donde vivía, y no se lo había dicho a la policía”, señaló Hobbs.

Según la investigación de Hobbs sobre el caso, los diarios habían reportado que Grimes y Nodder eran amigos, según lo que habían dicho los padres de la niña desaparecida.

“Sin embargo, parecía que Grimes tenía un amorío con Nodder, pero lo sorprendente es que ella y la propia madre de la menor parecían dispuestas a obstruir una investigación policial”, anotó el historiador.

“Y debido a eso, ¿lograron retrasar la búsqueda de la niña por unas horas que resultarían vitales?”, se preguntó.

Pero lo único que Nodder dio a las autoridades fue una nueva declaración en la que señalaba que él había enviado a la niña a Sheffield para que estuviera con Grimes.

Por supuesto, nadie creía una palabra del nuevo testimonio de Nodder. Pero la falta de un cuerpo impedía culparlo.

La búsqueda se amplió a su casa, al jardín, a los terrenos adyacentes, al cercano canal de Chesterfield hasta llegar al río Idle, muy caudaloso en el invierno. Pero no se halló un solo rastro de la niña.

El 10 de enero de 1937, cinco días después de la desaparición de Mona, Nodder fue acusado, pero sólo bajo cargos de secuestro.

Ayudas sobrenaturales

En el desesperado esfuerzo por encontrar a Mona se recurrió a métodos convencionales, pero también a otros menos ortodoxos.

Adivinos -que buscaban objetos con la ayudas de collares, bastones y su mera intuición- tuvieron un papel predominante en la búsqueda de la niña e incluso parecían dirigir los esfuerzos de la policía.

El más reconocido de ellos fue James Clarke, de la localidad de Melton Mowbray, quien con un zapato de Mona y con la ayuda de un hueso de ballena se enfocó en un pozo de grava.

El 14 de enero Clarke le dijo al diario Nottingham Post: “Nunca he estado más convencido del éxito de mi intuición.  Estaba tan claro para mí que, si fuera más joven, yo mismo excavaría en ese pozo”.

Pero no hallaron nada.

Otros adivinos fueron utilizados en el caso. El diario The Daily Mirror pidió la opinión de tres de ellos -que lograron acceder a las casas de los Tinsley y de Nodder-, pero sus respuestas fueron vagas.

Estelle Roberts, una de las más famosas psíquicas de los años 30, dijo posteriormente que ella misma había conducido a la policía hacia el río Idle y le había dicho que el cuerpo de la menor estaba allí.

Pero lo que haya sido que ella le reveló a la policía no fue suficiente para encontrar a Mona.

El caso escaló a nivel nacional. El Daily Express ofreció una recompensa de US$270 por hallar a la menor y un editor fue amenazado con la cárcel por publicar una foto de Nodder.

El juicio


En su defensa -durante el juicio que se hizo sólo dos meses después de la desaparición-, Nodder dijo que la niña podría ser hallada sana y salva y que nadie podría especular sobre lo que había pasado.

Pero no ofreció ninguna evidencia que lo pudiera respaldar.

Fue sentenciado por un jurado en sólo 16 minutos a pagar una pena de siete años de cárcel.

Pero el juez que llevaba el caso, Rigby Swift, dijo durante la lectura del veredicto, con una evidente frustración por la condena leve que se llevaba quien a todas luces parecía el asesino: “Usted ha sido sentenciado por el jurado, de manera correcta creo yo, por un crimen horrendo”.

“Pero lo que usted le hizo a esa niña, o lo que pasó con esa menor, sólo lo sabe usted. Y tal vez llegue el momento en sea revelado el terrible secreto que carga en su pecho“, anotó.

La búsqueda había sido exhaustiva.

Cientos de voluntarios se habían internado en las zonas cercanas a la vivienda de Nodder y de los padres de la niña. Se habían distribuido volantes y transmitido pedidos de búsqueda por TV. Se había drenado el canal, al igual que el río.

Así las cosas, Nodder sólo tenía que cumplir con su condena breve.

Pero la suerte se le acabó el 6 de junio de ese año. A unas pocas millas de la localidad de Hayton, una familia que navegaba en su bote sobre el río Idle vio un objeto sospechoso en el agua.

Cuando la policía llegó al lugar se dio cuenta que era un cuerpo atrapado en un desagüe.

El cadáver fue llevado a un bar cercano, donde Wilfred Tinsley identificó a su hija por la ropa que llevaba.

Las heridas en su cuello, causadas por un cordel, mostraban que había sido estrangulada. Nodder fue acusado de asesinato.

La justicia se movilizó con una velocidad de venganza. En noviembre Nodder volvió a los tribunales. Esta vez entregó evidencia para defenderse, pero insistió en que él había subido a Mona en un autobús hacia la ciudad de Sheffield.

Durante el juicio, que demoró dos días, la defensa de Nodder insistió en que no había nada que probara que él había matado a Mona y que no tenía ningún motivo para hacerlo.

Pero este argumento fue rechazado. Nodder fue condenado a la horca y el juez McNaughton le dijo después de leer la sentencia: “La justicia te ha atravesado de una forma lenta, pero firme y segura a la vez”.

El 30 de diciembre de 1937, Frederick Nodder fue ahorcado en la prisión de Lincoln.

Después de que la soga hiciera su trabajo y que los Tinsley cumplieran con su luto, el eco del asesinato continuó.

Sus dificultades y revelaciones ayudaron a labrar un nuevo camino para buscar justicia para los muertos.

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