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La tragedia del Kursk

Este 12 de agosto se cumplen dieciséis años de la tragedia del submarino nuclear Kursk del ejército ruso, el cual explotó en las profundidades del mar de Barents, luego de que se presentara un desperfecto mecánico cuando hacía pruebas de lanzamiento de torpedos.

Por Hemeroteca PL

Submarino nuclear Kursk en base de Vidyayevo. (Foto: AFP)
Submarino nuclear Kursk en base de Vidyayevo. (Foto: AFP)

La misión de rutina empezó la mañana del 12 de agosto de 2000. Como parte de un ejercicio, el Kursk debía lanzar dos torpedos sin explosivo a un crucero de batalla de la clase Kirov. A las 11.28 hora local, una pequeña cantidad de peróxido de prueba, usado como propelente para el torpedo, se filtró en la carcasa del proyectil.

El peróxido reaccionó con cobre y latón en el tubo desde donde fue lanzado el torpedo, causando una reacción en cadena que causó una explosión.

La compuerta que separaba la sala de torpedos con el resto del submarino se encontraba abierta; aparentemente, esta era una práctica común por el exceso de aire comprimido que era expulsado cuando se disparaba un arma.

La puerta abierta permitió que la onda expansiva se propagara por dos de los nueve compartimientos del submarino, posiblemente matando de forma inmediata a 7 hombres en el primer compartimiento e hiriendo o desorientando a  los 36 tripulantes del segundo compartimiento.

Después de la explosión se cree que el capitán intentó ordenar un soplado de emergencia, el cual permitiría que el submarino ascendiera de forma rápida, pero no lo logró, posiblemente por el humo y llamas que se expandieron rápidamente en el interior del centro de mando.

Para emergencias existe una boya que se despliega en situaciones de emergencia, la cual serviría para ubicar el submarino; sin embargo, no se desplegó debido a que había sido desactivada en una misión en el Mediterráneo por temor a que por accidente se desplegara, lo que revelaría la posición  del submarino a la flota estadounidense.

Hubo una segunda explosión que abrió un agujero de dos metros en el casco del navío, lo que permitió la entrada de agua, ahogando a quienes se encontraban en el interior de dicho compartimiento.



Restos rescatados del submarino Kursk. (Foto: AP)
Restos rescatados del submarino Kursk. (Foto: AP)


Ocultan el hecho

La armada naval rusa intentó mantener en secreto la tragedia. Pero conforme pasaban los días, los familiares de los marinos y oficiales del Kursk empezaron a presionar para que buscaran y rescataran a sus seres queridos. Por ello, Rusia buscó ayuda internacional para intentar rescatar a los sobrevivientes.

Pasaron 16 días para que finalmente se reconociera que había ocurrido una calamidad.

Cuando se lograron rescatar los restos del submarino, se encontraron tres notas; una de ellas decía lo siguiente: "Todos los tripulantes de los compartimentos sexto, séptimo y octavo pasaron al noveno. Hay 23 personas aquí. Tomamos esta decisión como consecuencia del accidente. Ninguno de nosotros puede subir a la superficie. Escribo a ciegas”.

Un equipo holandés de la empresa Mammoet utilizó una barcaza Giant4 para reflotar al Kursk; 115 cadáveres de los 118 tripulantes fueron rescatados. Dos monumentos fueron erigidos en su memoria uno en Moscú y otro en la base Vidyaevo.