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Museo de Historia, hermoso pero olvidado

El Museo de Historia es un lugar cargado de recuerdos, historia y conocimiento.

Por Hemeroteca PL

Jarrones conmemorativos obsequio de Inglaterra. (Foto: Hemeroteca PL)
Jarrones conmemorativos obsequio de Inglaterra. (Foto: Hemeroteca PL)

El edificio, que data de 1896, fue construido por un español a pedido del presidente de Guatemala, José María Reyna Barrios, para Registro de la Propiedad Inmueble.



Partitura original del vals “La Flor del Café”, en el Museo de Historia. (Foto: Hemeroteca PL)
Partitura original del vals “La Flor del Café”, en el Museo de Historia. (Foto: Hemeroteca PL)


Ha soportado, desde entonces, el paso de dos terremotos, cientos de sismos, esmog, suciedad, abandono, vandalismo y hasta protestas estudiantiles y populares.

Durante el gobierno de Álvaro Colom lo quisieron utilizar como sede del programa de ayuda social, pero no lo lograron.

Ello hubiera significado el desalojo definitivo.

Es vecino de dos establecimientos educativos públicos, uno de Bachillerato y el otro de Ciencias Comerciales.

Por su estilo Renacentista, es de gruesos muros, escalinatas de mármol nacional, y barandales y balcones de metal y madera.

De hecho, al visitarlo pareciera que se se está en un palacio veneciano o florentino, incluido su sótano, acomodado para exposición fotográfica.



Medalla de premiación de “Las Minervalias” de Estrada Cabrera (Foto: Hemeroteca PL)
Medalla de premiación de “Las Minervalias” de Estrada Cabrera (Foto: Hemeroteca PL)


Un gran chorro de luz inunda el patio central, -sala de conferencias- cubierto por una estructura de hierro parecida a las estaciones de tren de finales del siglo XIX. De hecho, en el primer piso hay varias bancas de estación de tren que fueron llevadas de la Estación Central de Guatemala. Cuando las rescataron estaban totalmente destruidas, pero fueron restauradas.

Objetos desconocidos

Pocos saben que en el Museo de Historia hay varios vestidos de doña Dolores Bedoya de Molina, la mujer pretenciosa y hábil de Pedro Molina, uno de los interesados en firmar la Independencia.

También son casi desconocidos el mobiliario del tirano Jorge Ubico, el retrato pintado del montañés Rafael Carrera, que posa con elegantes guantes blancos, o la sala que conserva objetos personales y libros de Manuel Estrada Cabrera, el gobernante déspota de finales del siglo XIX y principios del XX que cayó en la locura.

Además, se conservan las monturas utilizadas por Ubico y Justo Rufino Barrios, el presidente liberal de 1871.



Banda presidencial de Juan José Arévalo, Museo de Historia (Foto: Hemeroteca PL)
Banda presidencial de Juan José Arévalo, Museo de Historia (Foto: Hemeroteca PL)


En un área del segundo piso está representada la firma del Acta de Independencia, con maniquíes que representan a los próceres.

Un viejo trono, labrado a mano, recuerda el último lugar en el que se sentó Atanasio Tzul, rey por 29 días de Totonicapán, en julio de 1820. Es de recordar que luego fue “destronado” junto con su mujer y azotado.

Esta pieza es única en su género y recuerda el coraje de los indígenas de rebelarse contra la autoridad española.

En el Museo también hay más objetos valiosos, como jarrones de porcelana obsequiados por la Reina Victoria de Inglaterra a Carrera, entre 1847 y 1865.



Alegoría de la Independencia, Museo Nacional de Historia (Foto: Hemeroteca PL)
Alegoría de la Independencia, Museo Nacional de Historia (Foto: Hemeroteca PL)


Considerado un iletrado, Carrera recibió apoyo de EE. UU. e Inglaterra, que entonces expandía su poderío en América Latina.

No hay que perderse tampoco la colección de escudos de la Federación Centroamericana.

La jardinera perdida

Mariano Gálvez, quien gobernó de 1831 a 1838, favoreció que la cultura del país se expandiera y que muchos extranjeros, ansiosos de hacer vida y dinero. La colonia belga fue una de esas afortunadas, aunque no prosperó en Santo Tomás de Castilla, Izabal. Tampoco Gálvez logró en su totalidad su objetivo reformista, aunque sí favoreció la libertad religiosa.

Para congraciarse, los belgas le obsequiaron en 1834 una jardinera de porcelana y filetes de oro, la cual estuvo bajo la tutela del Museo Nacional de Historia hasta el 8 de mayo de este año, cuando la pieza fue robada.

Como muchos otros casos de saqueo del patrimonio cultural, el hecho está en investigación.

Quizás no era una obra de arte, pero sí un referente histórico de la Guatemala republicana.

La “jardinera belga” es un objeto industrial de finales del siglo XIX. S

Según consta en su descripción oficial, es una “jardinera de porcelana con filetes, decoración y letras estampadas en oro. Arriba de la base tiene una banda con el escudo del Estado de Guatemala, conformado por cinco volcanes y un sol”. En la base se lee la inscripción en francés: La compagnie Belge de Colonisation au Président de L’Etat de Guatemala (“La compañía Belga de Colonización al Presidente del Estado de Guatemala”).

El valor del objeto es más contextual y político que histórico, debido a que fue producido en serie.



Museo de Historia, en la zona 1. Inserto, jardinera belga, sustraída el 8 de mayo. (Foto: Hemeroteca PL)
Museo de Historia, en la zona 1. Inserto, jardinera belga, sustraída el 8 de mayo. (Foto: Hemeroteca PL)


Visitas

El museo puede ser visitado de lunes a viernes, de 9 a 17 horas; y sábados y domingos, de 9 a 12 horas, y de 13 a 16 horas.

Admisión, nacionales Q5, extranjeros Q50.