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11/11/12 - 11:09 Nacionales

Surgen manos solidarias tras el terremoto

 Hombres y mujeres, de distintas edades y ocupaciones, aparecieron minutos después del terremoto para ayudar a los afectados.

 “Ayudo de corazón”

Carlos Orozco, de 35 años, afirmó: “Puse mi picop al servicio del centro de acopio en San Pedro Sacatepéquez. Me presenté aquí y ofrecí trasladar víveres a las comunidades. Soy de San Isidro Chamac. Todo lo que hago, lo entrego de corazón”.

Agregó: “No importa sacrificar el tiempo con mi familia, que gracias a Dios están vivos”, porque hay gente que hoy tiene mucho  dolor, y como ciudadano puedo ayudarlos porque  tengo las posibilidades.

Orozco, de complexión delgada, en el momento de entrevistarlo, sostiene en la mano una bandeja de comida que le sirvieron en el centro de acopio.

Además,  explica que su padre, Manuel Orozco, no pudo acompañarlo a San Marcos  debido a que algunos de sus familiares también fueron afectados por el terremoto y decidió quedarse en la comunidad para ayudarlos.

“Lo que ocurrió aquí es una catástrofe. Como shecanos, solo nos queda unirnos para salir adelante. Digo esto porque este pueblo es muy trabajador. Me da gusto ver aquí a niños, soldados, policías, todos ayudando. Qué bonita es la unión”, aseguró Orozco.

activista

“Cuentan con nosotros”

Dámaris Tujal,  de 32 años, maestra y activista social en Chimaltenango, viajó a San Marcos para llevar ropa y víveres a quienes lo perdieron todo con el terremoto del miércoles último. 

“Junto a un grupo de jóvenes tomamos la decisión de salir a pedir ropa y víveres en Chimaltenango. Hoy hemos caminado varios kilómetros y entregado a familias necesitadas la ayuda. Me siento útil y feliz de poder ayudar. Quizá no es un camión de ayuda, pero lo hago con el deseo de que los vecinos de San Marcos sepan que no están solos”, afirmó.

La tarea del grupo consistió en ubicar en tres comunidades de San Marcos a  las familias que se vieron más afectadas por la naturaleza,   “los casos más dramáticos”, para entregar la ayuda que recolectaron.

“Allá —Chimaltenango—  el terremoto no fue tan fuerte como en 1976. Nuestros padres nos cuentan que el departamento fue golpeado. Ante esa experiencia, los jóvenes del grupo que coordino decidimos venir y entregar personalmente la ayuda, y que los vecinos sepan que cuentan con nosotros”, puntualizó.

“Es para servir a la patria”

A sus 23 años, Maynor de León, sargento de  fuerza de tarea del Ejército, cambió su función militar para ayudar en la preparación de las  bolsas con víveres para trasladarlas  a los cientos de afectados por el sismo del miércoles último.

“Como soldado, es mi deber servir a mi patria, y como civil, llenar bolsas con víveres para los damnificados es con lo que puedo ayudar. Nos mandaron a ayudar, y estamos sirviendo al pueblo de San Marcos”, dijo De León.

El militar, originario de Mazatenango, Suchitepéquez, deja de lado la rigidez que le impone la escuela castrense al escuchar la voz de una mujer que le pidió preparar bolsas con víveres. Junto a otros uniformados, participó durante unas dos horas en acondicionar paquetes que ayer salieron hacia  comunidades afectadas.

Más de 90 horas de labor

El jefe de la patrulla de rescate de los Bomberos Voluntarios, Amílcar Mérida,  de 38 años, cumplió ayer  96 horas de labores  en la aldea El Recreo, San Marcos.

Su rostro denota el cansancio por lo largo de la jornada. Sin embargo, asegura que no dejará el lugar sino hasta rescatar el último cuerpo.

Cuenta que el día del terremoto efectuaba trámites en la Dirección de Educación de San Marcos, desde donde observó   nubes de polvo.

Relata: “Pensé  en mi familia, y al instante comencé mi trabajo como bombero. Luego del terremoto, recibimos cientos de llamadas de auxilio. Salí a ayudar, porque nadie sabe en qué momento nuestra familia va a necesitar del apoyo de una institución”.

agente de tránsito

“Colaboro con mi pueblo”

Johanna Orozco, policía de Tránsito de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, apoya en el empaque de  víveres para damnificados.

“Estoy en el centro de acopio colaborando con mi pueblo, San Pedro. Dejé mis labores como agente y pedí venir acá a servir. Mi horario de trabajo es de ocho horas, pero si aquí me necesitan más tiempo, aquí estaré. Gracias a Dios mi familia está bien y la casa no se dañó. Esto es un grano de arena puesto al servicio de todos”, expresó.

La agente fue sorprendida por el terremoto en  tareas administrativas de la Policía. “En ese momento uno piensa en su familia y en cómo salvar la vida. A los pocos minutos reaccioné porque vi casas destruidas, personas heridas, y  en ese momento tomé la decisión de apoyar desde mi cargo de policía”, dijo.

POR MYNOR TOC / SAN MARCOS

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