Comunitario

Un sueño de paz

El objetivo no es fácil: convertir zonas rojas en áreas blancas; transformar un entorno conflictivo en un lugar para vivir, crecer y desarrollarse.

POR PAMELA SARAVIA FONSECA

El plan Participación Juvenil Urbana identifica y convoca a jóvenes líderes locales, para capacitarlos y brindarles herramientas de análisis, reflexión y acción que puedan implementar más adelante de manera independiente, para ser agentes de cambio en sus barrios y colonias.

POR PAMELA SARAVIA FONSECA
Uno de los niños de la colonia El Limón plasma sus huellas en un mural dedicado a la paz.

El esfuerzo es auspiciado por American Friends Service Committee, en ocho áreas de Guatemala diagnosticadas con alta incidencia de hechos delictivos.

La iniciativa se concretó en octubre del 2011, en El Limón y Lomas de Santa Faz, zona 18, y El Mezquital y Santa Isabel 2, Villa Nueva. Para el segundo año, el modelo reprodujo en cuatro áreas más: La Libertad, zona 3; Brisas de San Pedro Ayampuc; Bárcenas; y Ciudad Peronia, Villa Nueva.

“Ha sido una gran satisfacción ver cómo los jóvenes se empoderan, reflexionan acerca de su entorno y accionan para cambiarlo de manera positiva”, comenta Marleny Montenegro, coordinadora del proyecto.

Aplicación

“Nuestro tema central siempre es la cultura de paz. Entonces, siempre trabajamos en su construcción y también en la trasformación de conflictos, pero a la vez promovemos que los jóvenes se organicen y que empiecen a generar acciones para lograr cambios”, explica Montenegro.

Se forman grupos de 10 o 12 jóvenes —microplataformas—, con quienes se trabaja en tres líneas de acción, que se desprenden del eje central de cultura de paz y transformación de conflictos.

Las tres variables son: talleres de capacitación, recuperación de espacios y marchas o caminatas.

“Nosotros, como tal, no tenemos sedes en las comunidades en donde trabajamos, sino que buscamos una contraparte —alguna organización local ya establecida— que nos ayude en ese proceso de inmersión y nos acerque a los jóvenes, de quienes hemos tenido mucha recepción”, indica Javier Reyes, quien ha trabajado con varios grupos de jóvenes y niños.

Cambio de percepción

Una de sus principales motivaciones de Montenegro para continuar es darse cuenta de cómo los jóvenes van cambiando su percepción sobre el conflicto, la violencia, su comunidad y su entorno.

“Lo interesante sería que también la población en general lo hiciera. No porque estas son áreas rojas quiere decir que acá solo hay maldad. Es importante que esa percepción cambie”, señala.

Para Danilo Molina, uno de los jóvenes participantes de El Limón, una de las cosas que más disfruta es que sus ideas sean tomadas en cuenta. Si alguien difiere, pueden dialogar y llegar a acuerdos, dice.

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