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Prensa Libre

23/12/12 - 00:00 Nacionales

Presto non troppo: La voz interior

Para muchísimas personas, la conversación más difícil y más ajena es aquella que pudieran sostener consigo mismas. El terror a la intimidad y a enfrentar sus propias ideas las ha conducido a vivir permanentemente narcotizadas por emisiones de sonidos que eufemísticamente denominan “música” o “información”.

Nada más inexacto. No es música ni noticias lo que representan esos ruidos constantes en el ambiente. No es música ni noticias lo que buscan quienes obsesivamente se mantienen conectados a un celular o a un i-pod. No es música ni noticias lo que ofrecen quienes desde primera hora encienden radios o televisores en autobuses, restaurantes, almacenes y oficinas. Lo que representan, buscan y ofrecen, es huir de su propio ser.

Claro: por un rato podemos “poner alegre el ambiente”, al finalizar la jornada o una semana de trabajo, con canciones y parranda; es nuestro modo de realzar fechas y ocasiones especiales. No solo es apropiado y grato, sino necesario para la vida. Ritmo y palabra al servicio de la celebración y del jolgorio. Pero… ¿la forzada cháchara y el incesante repiqueteo de aparatos instalados en todas partes, a todas horas, todos los días? ¿Por qué ese pavor a la plática serena y a la convivencia apacible entre familiares, amigos y colegas?

Ahora, llegada otra temporada en que se vende cualquier cosa, incontables altoparlantes repiten, “mañana Nochebuena / pasado Navidad”. Como siempre, y por lo menos durante todo noviembre y diciembre, los comerciantes pugnan, afligidos, por la atención de sus clientes con los mismos y trillados lemas con los que han porfiado por décadas. Que el mes más lindo del año, que es tiempo de compartir, que celebremos juntos… una letanía vacía y fastidiosa, aunada a la palabrería y a los sonsonetes de locutores, presentadoras, vendedores, predicadores, bocinas en las aceras y pantallas en los comedores. Bulla y más bulla, en cuanto espacio público pueda contaminarse de todo aquello que nos aleja del diálogo con nosotros mismos y ahoga nuestra voz interior. En fin, unas felices y… tranquilas fiestas.

POR PAULO ALVARADO /

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