Aldeas Infantiles SOS: nuevas oportunidades para amar

Garantizar cuidado y protección a la niñez y juventud guatemalteca es uno de los propósitos de Aldeas Infantiles S.O.S., que cumple 45 años en el país.

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Aldeas Infantiles
Desarrollo de confianza en sí mismo, coraje y habilidades para convertirse en la versión más fuerte de cada uno son algunos de los objetivos de Aldeas Infantiles SOS. Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan.

Aldeas Infantiles SOS fue fundado por Hermann Gmeiner, en Austria, en 1949, y llegó a Guatemala en 1976, a raíz de dos hechos: el conflicto armado interno entre 1960 y 1996 y el terremoto de 1976, que dejaron a muchos menores en abandono y orfandad. Cuenta con dos programas que tienen presencia en siete departamentos y a la fecha, atiende a más de 600 mil personas en 136 países.

Un hogar estable, lleno de amor, respeto y cuidado es como describen varios niños, adolescentes y jóvenes, que han dejado de ser atendidos por sus familiares o están en riesgo de abandono, las alternativas de cuidado para mejorar los sistemas de protección infantil y preparación para una vida autosuficiente.

La institución brinda un método personalizado de cuidado alternativo, desarrollado con base en la legislación internacional de derechos humanos, como la Declaración de Derechos del Niño, modelos de cuidado alternativo aprobados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y la ley nacional.

En esta institución, los hermanos consanguíneos no son separados, sino que se mantienen unidos con las familias sustitutas que les dan estudios, alimentación y protección, para evitar círculos viciosos cuando puedan retornar a sus lugares de origen.

Vista con dron de la sede de Aldeas Infantiles SOS en Jocotán, Chiquimula, que cuenta con más de 10 viviendas para albergar a niños, adolescentes y jóvenes.
Fotografía Prensa Libre tomada con dron: María Reneé Barrientos Gaytan.

Figuras maternas

El programa de Cuidado Alternativo brinda opciones de prevención a niños, adolescentes y jóvenes que han sido vulnerados y que por orden de un juez son referidos a Aldeas Infantiles SOS, ya que son parte del sistema de protección de la niñez en Guatemala.

Este programa funciona en Ciudad San Cristóbal, Mixco; San Jerónimo, Baja Verapaz; Retalhuleu; Quetzaltenango, Jocotán, Chiquimula; Santa Cruz del Quiché, Quiché.

Jocotán es un municipio de Chiquimula que pertenece al corredor seco, donde por el poco acceso a la tierra para cultivo la desnutrición ha golpeado a la niñez. En los años 1980 se registraron varias muertes maternas y quedaron muchos niños en orfandad. Aunado a esto, la falta de empleo, la pobreza extrema y la violencia familiar, entre otros aspectos, afectan esta área, lo que hizo que el sacerdote Gabriel Hoflack, de Aldeas Infantiles SOS, se instalara en el lugar el 15 de abril de 1983. Hasta la fecha han atendido a más de 400 niños.

En la sede de Jocotán, los menores quedan bajo el cuidado de educadoras o Mamás SOS, quienes les brindan salud, educación, alimentación, vestuario, vivienda y todo lo necesario para fortalecer su desarrollo integral, condición necesaria para reintegrarse al núcleo familiar, familia extendida y otras alternativas de cuidado según cada caso, para lograr la restitución de sus derechos.

MAMÁ DURANTE 27 AÑOS

Mariana García, de 72 años, quien reside en Chiquimula, es Mamá SOS, jubilada, que se dedicaba a la limpieza y cuidado de niños y niñas en un centro educativo, y durante 27 años protegió y atendió a más de 25 menores. Resalta que les inculcaba valores para que fueran hombres y mujeres de bien, a pesar de que es una tarea complicada, por “el carácter de cada uno en las etapas de crecimiento”.

García recuerda la alegría que conllevaba la convivencia con ellos, quienes ahora residen en aldeas de Chiquimula y Cobán, han formado su familia y también se dedican a la docencia.

Como una experiencia única de amor donde Dios la ha puesto describe María Castro, de 56 años, la tarea de Mamá SOS que desarrolla desde hace 18 años y medio. Ella recuerda haber recibido niños desde un día de edad hasta 12 años, quienes han crecido con ella hasta cumplir la mayoría de edad. Refiere que ha atendido a 15 en total. El legado que quiere dejarle a cada pequeño bajo su cuidado es “que se preparen, especialmente en educación y espiritualmente, porque tienen que volar, es lo normal en cualquier familia; esforzarse y buscar sus propios sueños para ser personas independientes al enfrentarse al mundo real, porque la vida no es fácil. Perseverancia es la clave”.

Castro cuenta que mantiene comunicación con quienes han salido del programa, y siempre le agradecen lo aprendido con ella, lo que, comenta, es la satisfacción más grande.

HERMANOS DE CRECIMIENTO

Verónica Mendoza ha sido parte del programa toda su vida, bajo el cuidado de Castro. Está a punto de graduarse de Perito Contador con orientación en Computación. Cuenta que ingresó al programa junto a sus cuatro hermanos, con quienes comparte los mismos padres. El mayor tiene 29 años, el otro de 27, dos más de 21 —ya egresaron— y Verónica, 18, quien se prepara para salir de la aldea e independizarse.

“Mamá no es la que engendra, sino la que cría. Me siento llena de fortaleza, seguridad, confianza, amor, paciencia y enseñanzas, donde Aldeas Infantiles me ha permitido soñar en grande y convertirme en una guerrera para lo que deba enfrentar”, comenta la joven.

Mendoza valora el haber pasado su vida bajo la protección de Aldeas SOS, donde ella y sus hermanos se han podido preparar académicamente   para buscar más oportunidades. Cuenta que se proponen abrir su emprendimiento, llamado Penta, con el cual desean representar su hermandad. Este consiste en la fabricación de muebles, pero además podrán poner en práctica sus habilidades de contabilidad, administración de empresas, carpintería y ventas.

Verónica Mendoza (izquierda) ha estado bajo el cuidado de su Madre SOS María Castro (derecha) durante toda su vida y la prepara para su etapa de autosuficiencia.
Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan.

Josué Pérez, 19, estudia primaria acelerada. Ya cursa sexto primaria y su deseo es graduarse de Perito Contador, asistir a la universidad para conseguir un empleo y ayudar económicamente a la madre que actualmente cuida de él.

Una niña de 12 años resalta que su vida cambió al ingresar a las Aldeas Infantiles, ya que vive en un ambiente seguro y la educadora la trata con amor, además de darle consejos y cuidado todo el tiempo para que sea una buena persona, en especial durante su etapa escolar, gracias al apoyo de su Mamá SOS, que la ayuda a hacer las tareas para que tomar clases en línea no se le dificulte. Su cuidadora, Maritza Ramírez, la motiva a diario a cumplir su sueño de seguir estudiando para ser ingeniera agrónoma y darle oportunidad a muchas mujeres más en ese campo.

Según   Mendoza y Pérez, convivir y realizar actividades con otros niños de distintas edades en el mismo hogar y aldea les permiten tener hermanos de crecimiento, con quienes se apoyan sin importar la situación, lo que hace que su núcleo familiar crezca cada vez más.

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El acompañamiento personal y educativo de las cuidadoras es vital para el desarrollo de los menores.
Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan.

  NIÑEZ EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia – Unicef – durante 2020:

  • 63% de niños y niñas menores de 15 años pasaron por algún tipo de enseñanza violenta dentro del hogar.
  • 4 de cada 10 niñas entre 15 y 19 años experimentaron alguna vez violencia por parte de su pareja.
  • 25,500 adolescentes de 10 a 19 años fueron víctimas de homicidios.
  • 6 de cada 10  niños y niñas de 3 a 4 años recibieron educación en la primera infancia.
  • Casi 12 millones de niñez y adolescencia estuvieron fuera del sistema educativo.
  • 1 de cada 20 niños y niñas  menores de 5 años fue dejado solo al cuidado de un niño o niña menor de 10 años.
  • 4.8 millones de niños y niñas menores de 5 años sufrieron desnutrición crónica.
  • 4.0 millones de niños y niñas menores de 5 años se les diagnosticó sobrepeso.

FOMENTAN LA AUTOSUFICIENCIA

El programa Vivienda Asistida, busca apoyar y fortalecer económicamente, de uno a tres años, a jóvenes egresados de la aldea en los procesos de autonomía progresiva, en vinculación con su comunidad, con el objetivo de que sean personas independientes.

Guillermina Ávalos salió del programa hace seis años y es chef de profesión. Gracias al apoyo de la institución abrió su empresa Eventos Teaz, junto a su esposo, Gustavo Teaz, con el que ofrece servicios de decoración y banquetes..

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Guillermina Ávalos es parte del negocio familiar “Eventos Teaz” donde ha atendido eventos de más de 5,000 personas
Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan.

Gilma Menéndez, directora del programa de Acogimiento Familiar, en Jocotán, cuenta que fomentar una vida autosuficiente permite a los beneficiados terminar sus estudios de nivel diversificado o universitario, para asegurar que salgan del sistema de protección y reciban la preparación para independizarse, tener una plena integración, acceso a oportunidades de empleo o iniciar un emprendimiento, además de ser capaces de mantener relaciones maduras y establecer su propio hogar.

“NO SE PUEDEN SUPLIR LAS NECESIDADES DEL ESTADO”

Carlos García, director nacional de Aldeas Infantiles SOS Guatemala, explica que el panorama de la niñez, adolescencia y juventud es difícil en toda Latinoamérica y el Caribe, pero particularmente en el país es de riesgo y vulnerabilidad, ya que se enfrentan a situaciones como   falta de acceso a alimentos con los nutrientes adecuados para su desarrollo, embarazos a temprana edad y precariedad en la educación, lo que no permite el completo aprendizaje.

Aunado a esto, dentro de muchos hogares y comunidades son sometidos a maltrato físico, emocional, sexual o violencia de género, por lo que el entorno no es sano para su crecimiento, lo cual impacta en la calidad de vida o rezago de sus metas.

Partiendo de la realidad que se vive en Guatemala, García considera que se debe romper con la normalización de estos problemas que afectan a los guatemaltecos, trabajando desde temas estructurales de formación y derechos, administrando de una manera equitativa el sistema de los recursos estatales existentes con una mirada sistémica para resolver los problemas con un impacto mayor y que estos lleguen a las comunidades.

“No es posible que otro país se preocupe más por los niños que nosotros mismos como Gobierno, empresarios y sociedad”, resalta, y recuerda que la niñez, adolescencia y juventud son uno de los compromisos de Guatemala, pues las organizaciones internacionales son un apoyo, pero no pueden suplir al Estado, porque al hacerlo se le quita la responsabilidad, por lo que recomienda diálogos acompañados de acciones para darle mejores oportunidades a la generación actual y a las futuras.

Indica que es clave fortalecer a las familia y que “los padres tienen las capacidades y potencialidades para cuidar a sus hijos, darles calidad de vida a través de programas y talleres, porque en ellos existe el lazo de desarrollo para cuidarse entre unos y otros”.

LOS PROTEGEN DE LA VIOLENCIA

Una de las mayores amenazas para el desarrollo de la niñez es la exposición a   distintos tipos de violencia: de género, física, sexual psicológica o castigo corporal de parte de sus padres o cuidadores.

El desarrollo cerebral del niño depende de la calidad de experiencias de interacción con sus padres. Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en América Latina y el Caribe 63% de niños  menores de 15 años experimentaron algún tipo de disciplina violenta en el hogar de forma física o psicológica durante el 2020, y 1.1 millones de  adolescentes de 15 a 19 años experimentaron violencia sexual.

Esta situación ha evidenciado la necesidad de poner a disposición de las familias programas de apoyo para prevenir la violencia en el hogar y proteger los derechos de la niñez y la adolescencia, para que puedan crecer en un ambiente libre de violencia.

Victoria Pérez y Manuel Pérez residen en Tierra Blanca, Jocotán. Son padres de cuatro niños, de 13, 12, 10 y 6 años. Ambos son parte del programa de Fortalecimiento Familiar, que desarrolla las capacidades de las comunidades para evitar que los menores pierdan el cuidado parental, para lo cual buscan generar entornos familiares seguros y protectores.

Para ello brindan planificación familiar, nutrición, talleres de huertos caseros y alfabetización, en alianza con el Comité Nacional de Alfabetización (Conalfa). Los esposos Pérez estudian tercero y cuarto primaria, e indican que se sienten satisfechos por ser un ejemplo para sus hijos, que también estudian.

Este programa cubre 17 comunidades de los municipios de Guatemala, Quiché, Retalhuleu, Quetzaltenango, Baja Verapaz y Chiquimula.

Por medio de la recaudación de fondos de la oficina nacional, establecieron una alianza con la empresa Central de Alimentos, S. A., y el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (Maga), para implementar un proyecto de nutrición y fortalecer a varias familias de la aldea, a quienes capacitan sobre alimentación sana y balanceada, además de enseñarles a crear huertos, no solo para que puedan obtener ingresos, sino también para consumo propio.

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Los talleres sobre huertos en casa permiten que las familias puedan tener alimento para consumo propio y obtener ingresos.
Fotografía Prensa Libre: María Reneé Barrientos Gaytan.

Según los beneficiados, la vivencia en cada hogar de Aldeas Infantiles SOS es de valores y realidades cotidianas que nunca sustituirán a una familia natural, pero en una situación de penuria, abandono u otras precariedades es un refugio seguro en el cual se puede comenzar de nuevo y aprender a amar.