Fotogalería: un pueblo que lucha para sobrevivir ante el coronavirus

El coronavirus no distingue credo, género o nivel socioeconómico. El temor de un contagio masivo hizo que, para resguardar la salud de todos, el gobierno decretara la suspensión de actividades que en su momento eran esenciales. El bolsillo del guatemalteco se ha visto afectado a tal punto, que algunos empiezan a exclamar por ayuda.

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La emergencia del coronavirus y las medidas implementadas por el gobierno han dado como resultado que miles de guatemaltecos se queden sin un ingreso para satisfacer sus necesidades básicas. Una petición de ayuda o una bandera se han convertido en su grito de batalla. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
La emergencia del coronavirus y las medidas implementadas por el gobierno han dado como resultado que miles de guatemaltecos se queden sin un ingreso para satisfacer sus necesidades básicas. Una petición de ayuda o una bandera se han convertido en su grito de batalla. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila

Un niño pide ayuda en la orilla de la carretera hacia Ciudad Quetzal. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Varios niños acompañan a sus padres, quienes se han quedado sin trabajo, con la esperanza de conseguir algo de dinero o víveres. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Familias con carteles en mano piden ayuda en la vía pública. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Vecinos del asentamiento El Pino, ubicado en el kilómetro 19 ruta hacia Ciudad Quetzal, salen a la carretera principal a pedir ayuda. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
La esperanza por un futuro mejor se plasma en mensajes religiosos. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Clara Odilia Cabrera de 51 años, cuida a sus sobrinos mientras su hermana sale a trabajar. Doña Odilia, trabajaba como empleada doméstica y tuvo que dejarlo, pues en muchas casas ya no permiten que alguien externo ingrese por el temor a infectarse. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Don Pedro de 92 años, logra mantenerse gracias a la venta de paletas en las cercanías del mercado de Villa Hermosa, en San Miguel Petapa. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A don Pedro le cobran Q500 mensuales por el alquiler del cuarto. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A pesar de su avanzada edad, don Pedrito nos asegura que siempre trata la manera de tener todo lo que necesita para vivir, le gusta ser independiente y positivo ante la vida. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
Jaime Mazariegos, con 71 años de edad, sale de la zona 5 todos los días a las 4 y media de la mañana para, estar en el Centro Histórico, una hora más tarde e iniciar a lustrar zapatos. Hoy en día, si mucho logra hacer 10 lustres en medio día, antes de las medidas por el coronavirus, lograba hacer hasta 20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Margarita Sai originaria de Momostenango, se gana la vida vendiendo golosinas en el Parque Central. Anteriormente se trasladaba en camioneta, hoy en día, debe pagar un taxi que la transporte a su vivienda en las cercanías del Periférico. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Alejandro Gallardo vende bebidas y todos los días se hace acompañar de su hijo Brandon, quien le ayuda a conseguir clientela. Todos los días inician su jornada a partir de las 6 de la mañana en el mercado de El Guarda y finalizan ya entrada la tarde en la zona 1. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Para Manuela Ixcoy, “el virus debería irse, así podríamos ganar algo más de dinerito, hoy por hoy solo logro ganar entre Q10 y Q15 diarios”. Manuela es madre de 2 hijos y se les dificulta adquirir alimento. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Manuel Ochoa, de 58 años, vende helados en el Parque Central desde hace 25 años. Puso una bandera blanca en su carretía de helados para que la gente le ayude. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Rosa Sai, al igual que su hermana Margarita, vende golosinas en el Parque Central y la sexta avenida peatonal. Para trasladarse a su vivienda deben pagar un taxi que actualmente les cobra Q20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
En la Colonia Nueva Jerusalén de la zona 18, específicamente en el lote 52, vive Julio Pérez del Cid, un hombre que en sus inicios fue albañil. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
En la vivienda de Julio se puede observar una bandera roja como señal de auxilio ante la necesidad de comida y medicamentos. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Don Julio vive con su hijo de 53 años que por un problema de ataques epilépticos, le cuesta muchísimo conseguir trabajo. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Solo pide una pequeña ayuda para poder ahuyentar a sus principales temores: su hijo y su enfermedad, el qué comer de todos los días y la precariedad de su humilde vivienda. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas

Un niño pide ayuda en la orilla de la carretera hacia Ciudad Quetzal. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Varios niños acompañan a sus padres, quienes se han quedado sin trabajo, con la esperanza de conseguir algo de dinero o víveres. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Familias con carteles en mano piden ayuda en la vía pública. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Vecinos del asentamiento El Pino, ubicado en el kilómetro 19 ruta hacia Ciudad Quetzal, salen a la carretera principal a pedir ayuda. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
La esperanza por un futuro mejor se plasma en mensajes religiosos. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Clara Odilia Cabrera de 51 años, cuida a sus sobrinos mientras su hermana sale a trabajar. Doña Odilia, trabajaba como empleada doméstica y tuvo que dejarlo, pues en muchas casas ya no permiten que alguien externo ingrese por el temor a infectarse. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Don Pedro de 92 años, logra mantenerse gracias a la venta de paletas en las cercanías del mercado de Villa Hermosa, en San Miguel Petapa. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A don Pedro le cobran Q500 mensuales por el alquiler del cuarto. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A pesar de su avanzada edad, don Pedrito nos asegura que siempre trata la manera de tener todo lo que necesita para vivir, le gusta ser independiente y positivo ante la vida. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
Jaime Mazariegos, con 71 años de edad, sale de la zona 5 todos los días a las 4 y media de la mañana para, estar en el Centro Histórico, una hora más tarde e iniciar a lustrar zapatos. Hoy en día, si mucho logra hacer 10 lustres en medio día, antes de las medidas por el coronavirus, lograba hacer hasta 20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Margarita Sai originaria de Momostenango, se gana la vida vendiendo golosinas en el Parque Central. Anteriormente se trasladaba en camioneta, hoy en día, debe pagar un taxi que la transporte a su vivienda en las cercanías del Periférico. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Alejandro Gallardo vende bebidas y todos los días se hace acompañar de su hijo Brandon, quien le ayuda a conseguir clientela. Todos los días inician su jornada a partir de las 6 de la mañana en el mercado de El Guarda y finalizan ya entrada la tarde en la zona 1. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Para Manuela Ixcoy, “el virus debería irse, así podríamos ganar algo más de dinerito, hoy por hoy solo logro ganar entre Q10 y Q15 diarios”. Manuela es madre de 2 hijos y se les dificulta adquirir alimento. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Manuel Ochoa, de 58 años, vende helados en el Parque Central desde hace 25 años. Puso una bandera blanca en su carretía de helados para que la gente le ayude. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Rosa Sai, al igual que su hermana Margarita, vende golosinas en el Parque Central y la sexta avenida peatonal. Para trasladarse a su vivienda deben pagar un taxi que actualmente les cobra Q20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
En la Colonia Nueva Jerusalén de la zona 18, específicamente en el lote 52, vive Julio Pérez del Cid, un hombre que en sus inicios fue albañil. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
En la vivienda de Julio se puede observar una bandera roja como señal de auxilio ante la necesidad de comida y medicamentos. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Don Julio vive con su hijo de 53 años que por un problema de ataques epilépticos, le cuesta muchísimo conseguir trabajo. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Solo pide una pequeña ayuda para poder ahuyentar a sus principales temores: su hijo y su enfermedad, el qué comer de todos los días y la precariedad de su humilde vivienda. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas

Un niño pide ayuda en la orilla de la carretera hacia Ciudad Quetzal. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Varios niños acompañan a sus padres, quienes se han quedado sin trabajo, con la esperanza de conseguir algo de dinero o víveres. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Familias con carteles en mano piden ayuda en la vía pública. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Vecinos del asentamiento El Pino, ubicado en el kilómetro 19 ruta hacia Ciudad Quetzal, salen a la carretera principal a pedir ayuda. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
La esperanza por un futuro mejor se plasma en mensajes religiosos. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Clara Odilia Cabrera de 51 años, cuida a sus sobrinos mientras su hermana sale a trabajar. Doña Odilia, trabajaba como empleada doméstica y tuvo que dejarlo, pues en muchas casas ya no permiten que alguien externo ingrese por el temor a infectarse. Fotografía Prensa Libre: Érick Ávila
Don Pedro de 92 años, logra mantenerse gracias a la venta de paletas en las cercanías del mercado de Villa Hermosa, en San Miguel Petapa. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A don Pedro le cobran Q500 mensuales por el alquiler del cuarto. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
A pesar de su avanzada edad, don Pedrito nos asegura que siempre trata la manera de tener todo lo que necesita para vivir, le gusta ser independiente y positivo ante la vida. Fotografía Prensa Libre: Fernando Cabrera
Jaime Mazariegos, con 71 años de edad, sale de la zona 5 todos los días a las 4 y media de la mañana para, estar en el Centro Histórico, una hora más tarde e iniciar a lustrar zapatos. Hoy en día, si mucho logra hacer 10 lustres en medio día, antes de las medidas por el coronavirus, lograba hacer hasta 20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Margarita Sai originaria de Momostenango, se gana la vida vendiendo golosinas en el Parque Central. Anteriormente se trasladaba en camioneta, hoy en día, debe pagar un taxi que la transporte a su vivienda en las cercanías del Periférico. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Alejandro Gallardo vende bebidas y todos los días se hace acompañar de su hijo Brandon, quien le ayuda a conseguir clientela. Todos los días inician su jornada a partir de las 6 de la mañana en el mercado de El Guarda y finalizan ya entrada la tarde en la zona 1. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Para Manuela Ixcoy, “el virus debería irse, así podríamos ganar algo más de dinerito, hoy por hoy solo logro ganar entre Q10 y Q15 diarios”. Manuela es madre de 2 hijos y se les dificulta adquirir alimento. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Manuel Ochoa, de 58 años, vende helados en el Parque Central desde hace 25 años. Puso una bandera blanca en su carretía de helados para que la gente le ayude. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
Rosa Sai, al igual que su hermana Margarita, vende golosinas en el Parque Central y la sexta avenida peatonal. Para trasladarse a su vivienda deben pagar un taxi que actualmente les cobra Q20. Fotografía Prensa Libre: Juan Diego González
En la Colonia Nueva Jerusalén de la zona 18, específicamente en el lote 52, vive Julio Pérez del Cid, un hombre que en sus inicios fue albañil. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
En la vivienda de Julio se puede observar una bandera roja como señal de auxilio ante la necesidad de comida y medicamentos. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Don Julio vive con su hijo de 53 años que por un problema de ataques epilépticos, le cuesta muchísimo conseguir trabajo. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas
Solo pide una pequeña ayuda para poder ahuyentar a sus principales temores: su hijo y su enfermedad, el qué comer de todos los días y la precariedad de su humilde vivienda. Fotografía Prensa Libre: Óscar Rivas