Guatemala

El terrorífico final de dos sepultureros que saquearon una tumba para conseguir joyas y dinero

Vicente o "Chentío" como era llamado por sus conocidos, familiares y amigos, tenía un bien organizado y lucrativo negocio en el Cementerio General de ciudad Guatemala, esta es su escalofriante historia.

Imagen ilustra lo que sucedió en el Cementerio General de la ciudad de Guatemala. (Imagen Prensa Libre: Diseño de Javier Marroquín)

Imagen ilustra lo que sucedió en el Cementerio General de la ciudad de Guatemala. (Imagen Prensa Libre: Diseño de Javier Marroquín)

Lanzó el cadáver

Mientras Chentío permanecía iluminando con la linterna, Víctor tiraba la madera dentro de la fosa, al terminar arrastró el cuerpo de la mujer y lo lanzó junto a la madera sin consideración alguna.

El sonido del cuerpo cayendo sobre la madera fue seguido por el del viento entre los árboles, la tormenta estaba muy cerca y la lluvia comenzaba a caer.

Víctor lo hizo lo más rápido que pudo, pero fue imposible hacerlo antes de que la tormenta los alcanzara, los rayos caían muy cerca y la lluvia impedía que pudieran ver más allá de algunos metros.

El dolor en el tobillo de Chentío era insoportable y sentía que en cualquier momento perdería el conocimiento.

Víctor había terminado de sellar el nicho, y le era difícil usar la pala para rellenar la fosa con el pesado lodo que era ahora el montículo de tierra. Chentío comenzaba a rendirse.

Déjalo así. Llévame al hospital, dijo su compañero.

Pero Víctor no quería problemas con la ley, sabía que lo que habían hecho era delito y quería terminar de rellenar la fosa.

Una mujer los veía

Lentamente seguía llenándola de lodo, estaba exhausto. Un rayo impactó a poco a metros de los dos hombres, el cementerio quedó completamente iluminado y ambos pudieron verla, se trataba de una mujer anciana que los veía a los dos parada misteriosamente sobre las paredes de los nichos.

El cuello le giraba por completo, de modo que cuando la luz del rayo iluminó su rostro, este quedó frente al rostro de Víctor quien de inmediato reconoció que era la mujer que momentos antes había lanzado dentro de la fosa.

Miles de manos

Era imposible, pero estaba afuera y viéndolo. El susto lo hizo perder el equilibrio, intentando no caerse dio dos pasos hacia atrás e inevitablemente cayó de espaldas entre el lodo del cual miles de manos salían y lo jalaban hacia adentro.

Los gritos de terror de Víctor hicieron que Chentío se tirara al suelo para intentar ayudarlo, pero lo que vio lo dejó paralizado.

Del lodo salían rostros, brazos, manos, pies y piernas que rodeaban a Víctor llevándolo hacia el fondo. No podía salvarlo, así que solamente le quedaba intentar huir arrastrándose y desangrándose.

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Lentamente se fue alejando de la fosa, donde los gritos de Víctor fueron apagados por la lluvia, los rayos y el lodo. Tenía demasiado dolor, estaba débil y empapado.

Con las pocas fuerzas que le quedaban tiró el pequeño maletín entre unos arbustos pensando en volver a buscarlo después.

Siguió arrastrándose entre los charcos y entre la oscuridad interrumpida únicamente por los rayos que seguían cayendo. Logró ver la salida, demasiado lejos aún para pedir ayuda.

Las autoridades esperan a un millón de visitantes en el Cementerio General, en zona 3, el 1 de noviembre próximo. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Descansó un momento, no debía perder el conocimiento, eso lo tenía claro, intentó ponerse en movimiento de nuevo, pero algo se lo impidió.

Volteó de inmediato y una sombra se inclinaba hacia él y lo tomaba fuertemente del tobillo fracturado. Sintió un tirón y al mismo tiempo escuchó como este terminaba de quebrarse.

El dolor invadió a Chentío, quien lanzó un grito desgarrador que escucharon hasta los guardias del cementerio.

Luego, la luz de otro rayo iluminó a la anciana que minutos antes había visto parada horizontalmente en la pared de los nichos, como si la gravedad no le afectara.

La anciana sostenía en una de sus manos el pie de Chentío completamente arrancado. Este estaba a punto de perder el conocimiento y justo antes de hacerlo escuchó como la anciana le decía al oído:

“Ahora yo tomaré lo que quiera de ti”.

Trágico final

A Chentío lo encontraron al amanecer, su cuerpo no tenía nada dentro, le arrancaron todos los órganos incluidos los ojos y lo dejaron allí tirado.

De Víctor no supieron nada hasta dos años después que otros trabajadores vaciaron la fosa aquella que fue su tumba. Lo encontraron aferrado a la mano de otro cuerpo que identificaron como el de la señora que fue sacada de su nicho la noche aquella.

La lluvia hizo que el cemento que Víctor uso esa noche se cayera y dejara al descubierto el saqueo del nicho de la anciana. Nunca supieron que habían sido ellos mismos quienes la sacaron y quienes al hacerlo, encontraron su horrible muerte.

Fin

Este contenido fue reproducido con autorización del autor @Yosh_G

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ESCRITO POR:

Óscar García

Periodista de Prensa Libre especializado en periodismo comunitario e historias humanas con 12 años de experiencia.

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