Afectados por sismos aún padecen calvario

Ha transcurrido un año desde que el enjambre de sismos en Santa Rosa dejara una mujer muerta y daños en más de dos mil viviendas de varios municipios, por lo que muchos pobladores optaron por buscar refugio con familiares o amigos en inmuebles más seguros, mientras otros permanecen en albergues temporales o en sus casas dañadas.

Varias casas como esta, en el barrio Las Delicias, Cuilapa, están dañadas por los temblores.
Varias casas como esta, en el barrio Las Delicias, Cuilapa, están dañadas por los temblores.

Según datos del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insimumeh), y la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), la cadena sísmica comenzó el 17 de julio del 2011 y hasta ahora se han contabilizado cinco mil 500 movimientos de tierra.

Los temblores afectaron principalmente Cuilapa, Santa María Ixhuatán, Oratorio y Nueva Santa Rosa, donde las autoridades reportaron daños estructurales en dos mil 79 viviendas.

Francisca López Barrientos, de Jumaytepeque, Nueva Santa Rosa, expuso que casi un año después de los daños en su vivienda las autoridades llegaron a ver las condiciones en las que vive y comprobaron el deterioro y las rajaduras en las paredes.

Agregó que les dijeron que era muy probable que les construyeran otra casa, por lo que esperan que se concrete.

“Poco a poco vamos cubriendo los agujeros que se hacen en las paredes. Nosotros todavía sentimos vibraciones de la tierra, y seguimos viviendo en este lugar porque no podemos dejar sola la casa, ya que los ladrones se podrían llevar lo poco que tenemos”, dijo López.

Viven en ATU

En varios lugares de Cuilapa se pueden observar casas rajadas y abandonadas, mientras otras 75 familias viven en Albergues de Transición Unifamiliar (ATU) —refugio de lona y lámina—.

Gregoria Aguilar, de 76 años, aseguró que vive un verdadero infierno porque ya tienen un año de permanecer en los ATU, en los que al mediodía el calor es insoportable, por la lona y la lámina, y durante la noche hace mucho frío, por lo que los pobladores tienden a enfermarse.

Agradeció el apoyo de la comuna y de otras entidades y organizaciones, pues aún con estas dificultades tiene un lugar dónde vivir, pues su casa quedó destruida por los sismos.

Luis Hernández Rodríguez, otro damnificado, se quejó de que las autoridades solo los apoyaron con víveres durante primeros cuatro meses y después se olvidaron de ellos.

“Necesitamos comida para nuestros hijos, ya que tampoco hay trabajo, por lo que queremos saber cuánto tiempo vamos estar en este lugar, pues, como si fuera poco, se ha vuelto peligroso porque asaltan a toda hora del día, y los agentes de la Policía brillan por su ausencia, pues solo se aparecen cuando algún funcionario va a llegar”, señaló.

Ingrid María de Chacón, encargada del albergue Ebenezer, donde se encuentran 75 familias, explicó que los ATU miden tres por seis metros y en cada uno viven hasta ocho personas. “Sabemos que vamos a recibir viviendas formales, pero la pregunta es cuándo”, expresó.

La pobladora Hermelinda Jiménez Chajón refirió que abandonaron el refugio y se instalaron en su casa, situada en el barrio El Calvario, pero como los sismos no cesan, prefirieron regresar.

“Somos demasiado pobres, pues mi familia y yo vendemos latas de gaseosas para comprar nuestros alimentos, y no dejamos el albergue a causa de los temblores. Tenemos alquilada una vivienda, pero no es segura”, relató la vecina Dolores Aguirre.