Los secretos del cuerpo (y la mente) humana para resistir carreras extremas de 246 kilómetros

En una noche de septiembre, en algún lugar entre Atenas y Esparta, en Grecia, un grupo de corredores caminan con dificultad. Está oscuro, llueve mucho y estos atletas de ultradistancia están en medio de una asombrosa carrera de 246 kilómetros.

Los deportistas intentar completar el Espartatlón. El evento anual, que comienza al amanecer a la sombra de la Acrópolis en Atenas y termina en Esparta, recrea el viaje del antiguo mensajero griego Filípides, que hizo el viaje en un día y medio para convocar a las tropas espartanas.

Este antiguo corredor es probablemente mejor conocido por su legendaria carrera de 42 kilómetros desde la bahía de Maratón a Atenas; he allí el origen del término “maratón”.

La ultramaratón Espartatlón se llevó a cabo por primera vez en 1983 y, un año después, el atleta griego Yiannis Kouros lo completó en 20 horas y 25 minutos, un récord que todavía nadie ha superado.

Cada año, sin embargo, deportistas intentan romperlo.

La popularidad de las ultramaratones ha aumentado en años recientes, y también el interés en la ciencia sobre el funcionamiento del cuerpo en estas situaciones extremas.

Está claro que cualquiera que participe en este tipo de eventos va a estar corriendo por mucho rato. ¿Qué hace que sean capaces de un acto de tal nivel de resistencia, tanto física como mental? ¿Qué trucos usan estos atletas para mantenerse motivados, y de pie, durante una carrera?

En el Espartatlón, que en su edición de 2018 se complicó más por una inusual tormenta, el estadounidense Dean Karnazes fue uno de los corredores que desafiaron sus límites.

Fue su segunda ultramaratón, pero en esta ocasión tuvo un comienzo difícil al herirse la cadera tras ser atropellado por un automóvil.

“Se vuelve muy real en este punto, sabes, todo tu cuerpo empieza a dolerte”, dice.

En esta etapa de la carrera, Karnazes señala que el elemento psicológico es importante. “Desmoraliza mucho ir tan lento”, dice. “Sigo avanzando, no es lindo, no es rápido, pero es movimiento. Patéame el trasero y dime que siga”.

Y con esas palabras, Karnazes avanza hacia la oscuridad, todavía adolorido.

Límite de velocidad

Mark Burnley, fisiólogo de resistencia de la Universidad de Kent, investiga la biología que explica qué tan rápido puede correr alguien a una variedad de distancias, desde cortas y veloces (sprints, en inglés) a ultramaratones.

En las carreras de distancia, son tres los parámetros que determinan el rendimiento, explica el especialista a la BBC.

Primero, es necesario un alto VO2 máx, la cantidad máxima de oxígeno que el cuerpo puede usar durante un ejercicio intenso.

En segundo lugar, un alto umbral de lactato, que se traduce en el ritmo más rápido en que se puede correr sin generar más lactato (compuesto orgánico clave para el desempeño deportivo) de lo que el cuerpo es capaz de desechar.

Y por último, es necesaria una excelente economía de correr, el equivalente humano a la economía de gasolina de los automóviles, que hace uso eficiente de los recursos para abarcar la distancia.

“Si juntas estos tres factores, correrás una maratón rápido”, dice Burnley.

El récord mundial de una maratón es de poco más de dos horas. ¿Podría alguien ir más rápido todavía? Aunque es probablemente solo cuestión de tiempo hasta que alguien complete una maratón en menos de dos horas, Burnley dice que el cuerpo tiene algunos límites.

“El cuerpo (tiene) esencialmente dos sistemas de entrega de energía. Tenemos un metabolismo aeróbico que (usa) oxígeno molecular de la atmósfera”, explica. “También tenemos un metabolismo anaeróbico, que son procesos de transferencia de energía que no involucran oxígeno”, añade.

La razón por la cual no se puede hacer una maratón con sprints, dice, es porque el cuerpo no puede suministrar energía lo suficientemente rápido haciendo uso del sistema aeróbico.

Los corredores de ultradistancias obviamente corren mucho más lento que los atletas más veloces de maratones. Los deportistas tienden a completar los primeros 42 kilómetros de la carrera en tres o cuatro horas. Pero, una vez han terminado con ese trecho, todavía tienen que correr el equivalente a cinco maratones más.

“En términos de ultrarresistencia se trata de intentar limitar la cantidad de daño que se le hace al cuerpo en ese evento concreto”, indica Burnley.

El objetivo de un corredor de ultradistancia “es tratar de correr con un levantamiento de piernas mínimo, esencialmente tratando de minimizar el costo de energía de la carrera”, dice Burnley.

Fortaleza mental

Para muchos atletas, sin embargo, una de las posibles limitaciones más importantes es la mente.

De vuelta en Grecia, Karnazes subía una montaña en la oscuridad y en medio de una tormenta. Como corredor experimentado, sabe de la extraordinaria fortaleza psicológica necesaria para poner un pie delante del otro.

“Hay momentos en los que te sientes muy fuerte y sientes que puedes seguir corriendo por siempre”, dice. “Momentos después te dices, 'tengo que parar, me duele tanto que no puedo llegar a la esquina'. Y entonces te empujas hasta esa pared y emerges del otro lado y te sientes fuerte de nuevo”.

No hay duda de que las carreras de larga distancia van de la mano con la fortaleza mental; hay monjes budistas japoneses que corren 1.000 maratones en 1.000 días en un camino espiritual hacia la iluminación.

Y también está la carrera de la “autotrascendencia”, donde los participantes corren casi 5.000 monótonos kilómetros alrededor de una sola calle.

“Hay evidencia que sugiere que aquellos que compiten en eventos de resistencia extrema tienen una mayor tolerancia al dolor“, dice Carla Meijen, psicóloga deportiva especialista en resistencia de la Universidad de Saint Mary, en Londres. “No sabemos del todo si esa tolerancia al dolor es el resultado del esfuerzo que se invierte en estos eventos o si es algo que el deportista tiene desde el principio”.

Investigaciones sugieren que alrededor de la mitad de los atletas de ultramaratones experimentan cambios significativos en su estado mental. “Puede que te sientas un poco desorientado, un poco confundido”, señala Meijen.

Es algo que Karnazes conoce muy bien. “Creo que en la primera mitad corres con las piernas y en la segunda, con la mente”, dice sobre el Espartatlón.

“Llega un punto en la carrera en el que el dolor se adueña de ti y tienes que aceptar que es así, que el dolor no se irá y que tienes que sobrellevarlo”.

En esos momentos de agotamiento físico, ¿cuáles son las técnicas psicológicas para desafiar los límites?

De acuerdo a Meijen, se trata de prepararse. Antes de la carrera, señala, lo ideal es reflexionar sobre experiencias previas, para aprender de ellas y saber cuáles son las reacciones antes de experimentarlas.

Ya en la carrera, la especialista señala la distracción como una buena herramienta. “Puede ser que necesitas alimentarte, o pensar sobre cómo te vas a premiar cuando acabe el evento”.

La experta también sugiere entablar un diálogo interno motivacional o usar estrategias de relajación.

Depósito de sueño

El cansancio y la falta de sueño son factores clave para los que corren continuamente durante la noche, o incluso varias noches.

Un estudio reciente encontró que la mayoría de los corredores intenta “albergar” sueño antes de una competencia larga durmiendo más tiempo en la noche o tomando siestas.

Para carreras de menos de 36 horas, como el Espartatlón, la mayoría de los participantes tienden a no dormir. Para eventos que se extienden por más de una noche, los atletas toman siestas de entre 10 y 30 minutos. Muchos prefieren dormir de noche en estaciones de asistencia, donde también beben agua y comen.

Las siestas estratégicas han tenido un resultado interesante. Un estudio científico de ultramaratonistas que participaron en el Tor des Géants, una carrera de 330 kilómetros en las montañas de Italia, mostró que el daño muscular y la fatiga eran menores que para personas que solo habían corrido la mitad de esa distancia. Los investigadores hallaron que en las carreras más largas, un ritmo más lento y las siestas rápidas tenían un efecto significativo de protección muscular.

Costo físico

Para los 239 del total de 381 corredores acercándose a Esparta, la línea de llegada está a la vista. Pero no hay señales de Karnazes. Una llamada telefónica confirma que no lo logró.

“Me afectó, 24 horas de lluvia”, dice. “Para ser honesto, estoy aliviado… nunca hay garantía de que vas a terminar. Tengo mucho respeto por cualquiera que hace esta carrera”.

En la meta, aunque hay júbilo, el costo físico es alto. Algunos atletas colapsaron. Entre ellos, está Cat Simpson, una competidora británica, quien ahora está acostada y arropada en una camilla.

Dora Papadopoulou, cirujana ortopédica y asesora de medicina deportiva en el Centro de Rehabilitación Médica Headley Court en Reino Unido, ha estado tratando a corredores agotados durante los últimos 10 años. Enumera las dolencias más comunes que tienen los competidores: ampollas, problemas musculares, calambres.

Pese al castigo que este deporte extremo inflige en el cuerpo, las investigaciones han demostrado que la recuperación puede ser notable.

Un estudio reciente que analizó un grupo de corredores del Espartatlón mostró que, justo después de la carrera, sus muestras de sangre, que lucían similares a las de las personas cercanas a la muerte, según Papadopoulou, volvieron a la normalidad en unos días.

Para Simpson y otros competidores, la carrera ha culminado.

Se siente un poco como un sueño“, dice, “desde el kilómetro 112 pensé que no lo lograría en la oscuridad y con la tormenta”.

Entonces, ¿volverá a entrenar para el siguiente?

“Más nunca haré esto, jamás”, sentenció.

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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