Grandes promesas del deporte nacional empiezan un nuevo ciclo olímpico

Cuatro atletas  de distintos deportes se  unen por el  mismo sueño, que es  representar a Guatemala y destacar en la onceava  edición de los Juegos Centroamericanos de Managua —3 al 17 de diciembre—.

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Víctor Espinoza, Lucía Abadía, Ilce Díaz y Santiago Romero comparten su pasión por del deporte y sus aspiraciones camino a los Juegos Centroamericanos. (Foto Prensa Libre: Jeniffer Gómez)
Víctor Espinoza, Lucía Abadía, Ilce Díaz y Santiago Romero comparten su pasión por del deporte y sus aspiraciones camino a los Juegos Centroamericanos. (Foto Prensa Libre: Jeniffer Gómez)

Lucía Abadía, llce Díaz, Víctor Espinoza y Santiago Romero son cuatro jóvenes deportistas que han encontrado en el deporte la pasión de su vida, y gracias a su trabajo y esfuerzo diario se perfilan como las grandes promesas del deporte guatemalteco.

El 2017 marca el calendario deportivo como el inicio de un nuevo ciclo olímpico, con la décimo primera edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos que se desarrollarán en Managua, Nicaragua, del 3 al 17 de diciembre próximo, evento que reúne a los mejores deportistas de la región y en las que Guatemala deberá demostrar su hegemonía en el área centroamericana.

  • Coralia Lucía Abadía Sandoval
    La guerrera del taekuondo

Lo que empezó obligada por su padre como ejemplo para adquirir disciplina y enseñarles que toda actividad que iniciaran debían de terminarla se convirtió en su vida. Lucía Abadía confesó que al principio no le gustaba el taekuondo, pero ahora gracias a su constancia es una de las máximas exponentes de la selección nacional.

Poco a poco el deporte le fue gustando. Ver competir a Euda Carías, Heidy Juárez y Gabriel Sagastume la motivaron para inscribirse en la Federación y con ello tener la oportunidad de competir en más fogueos y competencias y  sus sueños de competir en unos Juegos Olímpicos.

“La verdad, fue un proceso muy bonito, aunque tuve que entrenar con más fuerza, en las mañanas antes de ir al colegio y por la tarde. Seguí con mucho entusiasmo, y al ver mi disciplina y constancia poco a poco fui tomada en cuenta para más competencias y es así como ahora integro la selección nacional”, recordó la taekuondoísta.
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Los Juegos Bolivarianos del 2013 marcaron su vida deportiva, pues era una de sus metas, pero al no haber ganado la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos no tendría la oportunidad de ir, por lo que bajó un poco la guardia. Un mes antes de los Juegos le fue notificado que, si participaría, por lo que requirió más sacrificio para ella ya que debía bajar de peso y superar la desventaja de no tener  fogueos.

“Me propuse que si en ese campeonato no lograba el resultado que quería me retiraría del deporte, pero al final mi esfuerzo tuvo recompensa porque llegué a la final y gané la medalla de plata, además de otra de bronce. Esa competencia me demostró a mí misma que sí podía alcanzar lo que me propusiera”, contó Abadía.

El taekuondo le ha dado mucha madurez, pues sabe que el compromiso que tiene no es solo con ella misma, sino también con el país, ya que cada vez que sale a competir lo hace con el nombre de Guatemala, también le ha enseñado la constancia y disciplina algo que para ella es fundamental  para alcanzar lo que se propone.

El sacrificio más grande que los taekuondoístas deben hacer es tener una dieta balanceada, pues para  competir se debe tener el peso de su categoría, por lo que siempre deben cuidar su alimentación, contó Lucía.

La vista está puesta en el primer selectivo de  tres que se celebrarán para conocer a los miembros de los equipos que representarán a Guatemala en los Centroamericanos.

“Creo que el primer selectivo, que será en febrero, es el más importante,  porque marcar mi lugar en el ámbito nacional es primordial. Luego viene un Open y otras competencias. Me visualizo en Centroamericanos en el podio, pues estoy consciente de mis capacidades y de lo que puedo llegar a hacer, ya que confío en mis entrenamientos”, puntualizó la taekuondoísta.

  • Santiago Romero Juárez
    La pasión por el tiro la lleva en las venas

El tiro siempre ha estado presente en la vida de Santiago Romero. Es un deporte de tradición en familia que se ha transmitido de generación en generación.

Su abuelo Francisco Romero Portilla le enseñó a su padre, Francisco,  y a su tío Juan Carlos Romero Arribas a disparar desde muy jóvenes, y sin dudarlo el joven  sigue sus pasos.

“Desde los 5 años he estado en el mundo de las armas, pero fue a los 12 cuando di mis primeros pasos en el tiro deportivo. A los 15 años empecé a entrenar formalmente, tres veces por semana. Todo esto gracias a mi papá,  él es quien me ha llevado, apoyado, aconsejado y en ciertas ocasiones ha sido mi entrenador. Él siempre ha estado para mí”, dijo Romero.
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Santiago sueña con competir en los Juegos Olímpicos al igual que su padre, quien es el guatemalteco que más veces ha asistido a las justas olímpicas. Participó  en Montreal 1976, Moscú 1980, Los Ángeles 1984, Barcelona 1992 y Atlanta 1996.

“Mi papá es mi ejemplo a seguir, el compitió en cinco juegos olímpicos, eso es una inspiración para mí y en algún momento quisiera llegar a competir en una olimpiada, pensando que mi papá se sentiría lleno de orgullo de que yo participe”, expresó  el joven tirador.

Para Santiago no ha sido fácil seguir los pasos de su padre, pero en cada entreno da su máximo esfuerzo pese a los cambios que han existido en el deporte.

“En cierto sentido ha sido difícil superar las metas que impuso mi papá, el deporte de tiro con escopeta gracias a Dios ha sido muy galardonado en el país y a escala internacional. Un ejemplo de ello son los hermanos Brol, que han hecho lo mejor para Guatemala. La disciplina ha cambiado mucho, se ha ido volviendo cada vez más exigente pues se ha profesionalizado, ya que antes era más como un hobbies y ahora es profesional”, manifestó Romero.

El joven siempre conversa con su padre para analizar los avances en el deporte y guarda con mucho cariño el consejo de ser un tirador con la mente limpia, que sin importar lo que pase a su alrededor debe enfocarse en el plato y  que cada uno es una competencia nueva.

Santiago, que estudia Administración de Hoteles y Restaurantes combina sus estudios con los entrenamientos. Dos  semanas antes de las competencias, trata de  leer su diario de competencias en el que tiene anotado todos sus tiros y las sensaciones que tuvo luego de las rondas. El objetivo es evitar de cometer los mismos errores e ir mejorando.

En el inicio de este nuevo ciclo olímpico seguirá utilizando la visualización positiva, para tirar de la mejor manera posible y pegar en el blanco en sus metas, especialmente en ir avanzando en las eliminatorias para integrar el equipo que competirá en los Juegos Centroamericanos que se disputarán en Nicaragua a finales de año, pues cinco tiradores pelean por uno de los tres puestos.

“Creo que este ciclo olímpico me servirá para dar este salto, para destacar a escala internacional”, puntualizó Romero.

  • Víctor Manuel Espinoza García
    Apasionado de la gimnasia

Hace 10 años tras los pasos de su hermana que integraba la Selección  de Gimnasia, Víctor Manuel Espinoza García inició su aventura en el deporte de la fuerza, flexibilidad y elegancia: la gimnasia artística masculina.

“Al inicio fue un juego para mí.  Iba a divertirme, a jugar con mis compañeros. Después de dos años, empecé a entrenar con más fuerza de la mano de los entrenadores rumanos, que me eligieron para integrar la Selección Nacional a los 8 años. Ahí comenzó  mi preparación”, confesó Espinoza.
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El talento nato y compromiso de Espinoza lo llevó a ganarse una beca en la Federación  de Gimnasia. Ahora vive en el albergue, donde estudia, se alimenta y entrena junto a otros gimnastas, entre ellos el campeón mundial Jorge Vega, quien además de ser uno de sus amigos es su ejemplo.
 

“Competir con Vega no es nada fácil, él es uno de los mejores gimnastas del momento y sé que tiene mucho futuro por delante. Siempre lo sigo, por todo el tiempo que hemos compartido, lo veo más como un hermano y es quien me motiva y apoya”, dijo Víctor.

A los 13 años sufrió una de las decepciones más grandes en su carrera deportiva, pues  había ganado una plaza para los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing 2014, pero como no tenía la edad suficiente para competir, el cupo se le dio Panamá.

“Me  sentía  triste al saber que pude competir en esa prueba y conseguir buenos resultados. Además, sufrí una lesión fuerte que me dejó fuera casi tres meses”, relató el gimnasta.

Sus aparatos fuertes son las barras y las paralelas, y debido a su complexión alta y fuerte ha logrado destacar en ellas.  Todo lo contrario le ocurre con los aros, pues su misma condición le complica la participación y es por ello que requiere más esfuerzo en ese aparato.

Los gimnastas tienen el compromiso de romper paradigmas de que los hombres no pueden practicar gimnasia y enfrentar el difícil reto de masificar su deporte, pues la selección juvenil es integrada por cuatro atletas y le sigue otro pequeño grupo de niños.

El 2017 será de preparación fuerte para Jorge, pues el próximo año podrá empezar en el ciclo olímpico.

  • Ilce Sucely Díaz
    La persistencia es parte de su vida deportiva

Fue su madre quien le inculcó el amor por el deporte desde muy pequeña. A los 4 años, Ilce empezó a practicar el  taekuondo, pero luego de conocer el karate este le gustó más y junto a su hermano emprendieron una nueva aventura, que lleva 17 años de compromiso, sacrificio y entrega.

Del 2008 al 2010, Ilce fue parte del extinto programa de alto rendimiento deportivo Sideporte, lo que le ayudó a independizarse y a valorar cada cosa que realiza tanto en el deporte como en el hogar, y considera que es algo que se necesita hoy en día que los niños y jóvenes tengan una preparación integral para el relevo generacional.

Desde sus inicios su ejemplo  ha sido Cheili González, quien ahora es su sensei, y entrenar con ella le ha hecho comprender cuáles son  los sacrificios.
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Díaz se recupera de una lesión de rodilla en la que ha puesto en práctica el consejo más valioso que le han dado, el persistir sin importar cuál sea la situación, siempre viendo para adelante dejando todo lo malo en el pasado.

Una lesión la dejó fuera de dos campeonatos mundiales, al que viajó junto a sus compañeros y al verlos ganar los sentimientos encontrados se apoderaron de ella. Ilce tomó una fotografía del área de competencia, y la tiene pegada en su cuarto para que sea lo primero que ve al despertarse.

Eso también le enseñó a darle más valor a todos los días de práctica, a valorar su esfuerzo y saber que ella puede obtener todo lo que se proponga. El momento de tristeza que vivió la impulsó a salir adelante.
Ilce debía bajar de peso para competir en un panamericano juvenil y para  estar en la  categoría de -48 kilogramos, llegó al punto de comer solamente una manzana los tres tiempos de comida.

Fue un sacrificio muy grande, pero a la hora de la competencia dejó todo en el olvido para que fluyera su conocimiento para ganar la medalla de oro y demostrar que todo sacrificio tiene su recompensa.

“Para esto se requiere mucha disciplina y voluntad, porque uno está en el karate porque le gusta y busca resultados favorables para el país. Para que esto suceda uno tiene que estar bien en el entrenamiento, física y psicológicamente”.

“En mi caso, mantengo una dieta balanceada, no tan estricta, pero sé lo que debo y no debo comer para mantenerme dentro de mi peso”, dijo Ilce.

Su propósito para el 2017 es entrenar más fuerte para ganar todas las competencias en las que participe, especialmente los Juegos Centroamericanos, ya que no deja de pensar a largo plazo y sueña con representar a Guatemala en las olimpiadas de Tokio 2020, en la primera participación del karate en los Juegos Olímpicos.