Cuellos de botella en puestos fronterizos

La semana pasada, el puesto fronterizo de Anguiatú, entre Guatemala y El Salvador, presentó un caos vehicular que se reflejó en colas de más de veinte kilómetros en territorio guatemalteco para entrar al vecino país. Miembros de la Asociación Salvadoreña de Transportistas Internacionales de Carga anunciaron un paro, exigiendo mayor personal de aduanas, fluidez en los procedimientos de fumigación y revisión a través de rayos X.

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Imaginemos por un momento que en el trébol de Vista Hermosa, el Periférico o la San Juan se establecieran retenes a los camiones de carga para controlar si cumplen con los requerimientos de tránsito o de transporte. ¿Cuánto representaría en costo para los habitantes de la ciudad esperar sobre la vía dichos procesos? Seguramente eso haría imposible vivir y conducirse en la capital.

Hace unos meses participé en una reunión en el puesto fronterizo de La Hachadura con Pedro de Alvarado (ES-GU), y de manera temeraria tuve que transitar en contra de la vía casi 10 kilómetros, tamaño de la cola de camiones estacionados sobre la calle y que pretendían salir desde Guatemala, con el temor de encontrarme de frente con algún camión que venía de El Salvador. Ya he tenido que hacer eso con frecuencia en otros puestos fronterizos de Mesoamérica durante más de 20 años , nunca deja de provocar una aceleración en el pulso, tal como si se tratara de un deporte extremo.

Para las personas que por primera vez observan este “espectáculo” no deja de provocar desconcierto, ver debajo de los camiones las hamacas donde los pilotos de los camiones matan el tiempo en espera que la fila se mueva varios metros, lo que lleva horas o jornadas.

Esto es el día a día del comercio intrarregional. ¿Cuál es el costo real para el producto que se transporta en esos contenedores? ¿Quién paga estos sobrecostos?

Si partimos del hecho de que se trata de un problema bastante serio para el país, su competitividad aunque no lo suframos, digamos directamente, eliminar los cuellos de botella puede hacerse de diversas maneras:

Invertir en nueva infraestructura. Normalmente, se cree que ensanchando la cinta asfáltica, construyendo una doble calzada o un edificio más grande en la frontera es suficiente para solucionar el problema. Lamentablemente no se considera que los camiones se detienen para realizar una serie de procedimientos, que normalmente no están coordinados o lo peor, no se lleva la documentación necesaria para cruzar la frontera.

En los recientes bloqueos de Anguiatú, el director de Aduanas de El Salvador recordó que es obligación por parte de la empresa transportista utilizar los mecanismos y sistemas informáticos previa llegada al puesto fronterizo, para evitar el congestionamiento en frontera. Mencionó que se habilitarían puestos de prechequeo para evitar que los camiones lleguen sin los trámites y pagos ya realizados.

Instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han venido ejecutando recientemente operaciones en la región, con el fin de resolver estos cuellos de botella a través de la Gestión Coordinada de Fronteras, donde se articulan, de manera eficiente, herramientas que mejoran las necesidades de infraestructura —caminos, edificios, etc.,— con las relacionadas a los procedimientos —declaraciones electrónicas anticipadas, análisis de riesgo, etc.—.

Por otro lado, en el corto plazo, los gobiernos del área, coordinados por los ministerios de Economía y Comercio, con apoyo de la Sieca, Usaid y el BID, están trabajando en el desarrollo de Cinco Medidas de Facilitación Comercial, para aliviar estos congestionamientos en frontera mejorando el control fiscal y parafiscal.

El director de Aduanas de EL Salvador también mencionó que se está analizando la posibilidad de crear un nuevo puesto fronterizo con Guatemala (Jerez y El Coco), con vocación exclusivamente comercial , es decir, no turística, lo que también busca mejorar la fluidez, esperemos que la iniciativa pueda ser evaluada de manera urgente por el nuevo gobierno guatemalteco.

Un buen Feliz Año nuevo para todos los lectores, familias y conocidos.