Pekín y el control de las empresas

El “sistema de crédito social” usado en la República Popular China para controlar la conducta de las personas y penar sus infracciones será ampliado para regular la actuación de las compañías que operan en su territorio.

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“No conduzca con exceso de velocidad ni bajo los efectos del alcohol. No ponga en peligro su crédito social”. Los habitantes de algunas ciudades chinas ya se han acostumbrado a ver letreros de este tenor en las calles. Y, desde que comenzó la implementación progresiva del llamado “sistema de crédito social”, muchas personas han experimentado en carne propia la eficiencia con que este medio de control digital le permite al Gobierno central castigar las infracciones. Hasta abril de 2019, quienes vieron comprometido su “crédito social” por una u otra razón se descubrieron impedidos de comprar boletos de tren de alta velocidad en cuatro millones de ocasiones y de adquirir boletos de avión once millones de veces. Al menos eso asegura el periódico estatal Global Times. A finales de 2019, el sistema será ampliado para regular la actuación de las compañías en China.

Premios y castigos

La sede de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en Pekín ya advirtió a todos sus miembros que el Ejecutivo chino planea aplicar el mecanismo de control en todo el país a lo largo del año 2020, y que sus áreas de cobertura serán expandidas poco a poco, del ámbito ciudadano al empresarial. Al “medir” la confianza que una persona o una compañía merece, el Estado chino busca dividir a las personas y compañías “buenas” de las “malas”, comentan los críticos de este aparato de vigilancia. Ese es un asunto de “vida o muerte” para quienes han invertido capital en territorio chino, alerta Jörg Wuttke, presidente del capítulo pekinés de la Cámara de Comercio de la Unión Europea. Las firmas deben proveer grandes cantidades de datos ordenados según trescientos criterios distintos para que el aludido “sistema de solvencia social” pueda procesarlos.

Una tienda de Apple en el distrito comercial de Pekín.

Esa información -sobre producción, emisiones contaminantes, proveedores de materias primas y muchos otros aspectos- servirá para atribuirle una puntuación alta, mediana o baja a las empresas locales y extranjeras, y determinará el trato que éstas recibirán del Estado. Una alta puntuación será premiada con impuestos bajos, fácil acceso al mercado nacional y mayores probabilidades de contratación pública, por ejemplo. Una puntuación baja puede tener secuelas drásticas, como la exclusión total del mercado chino, en el peor de los casos. En China no creen que los consorcios internacionales le ofrezcan resistencia al sistema; al contrario, especialistas dan por sentado que éstos procurarán adaptarse al mecanismo. Y en su reporte correspondiente, la sede pekinesa de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en Pekín parece darles la razón.

Cándido empresariado alemán

“Hasta cierto punto, esta es una buena noticia”, se leía en su informe alusivo al sistema de crédito social. Algunos inversionistas europeos confían en que ese dispositivo de vigilancia automatizado podría conseguir que todas las empresas -chinas y extranjeras- fueran tratadas con equidad, cosa que no ocurre en este momento; el empresariado europeo se ha quejado recurrentemente de operar bajo condiciones desventajosas impuestas arbitrariamente por el Estado chino. Mareike Ohlberg y Kristin Shi-Kupfer, del think tank alemán Merics, no comparten esa esperanza. “Muchos atributos del sistema de solvencia social chino están reñidos con los valores europeos”, dicen las investigadoras, refiriéndose a los esfuerzos de la Unión Europea para establecer estándares éticos para el procesamiento digital de datos personales y privados.

A Steve Tsang, del Instituto Chino de la Universidad de Londres, no le extraña que ya haya empresarios europeos dispuestos a congraciarse con el sistema de crédito social. “Cuando una compañía extranjera está activa en China es porque ya ha aceptado toda clase de restricciones que no aceptaría en ningún otro país del mundo. Cuando tienes motivos suficientes para permanecer en China, no será su sistema de solvencia social lo que te ahuyente”, esgrime el analista antes de enfatizar: “En China impera un sistema leninista y, en un sistema leninista, el control es vital. No hay una sola razón para que el Partido Comunista de China no vea el asunto de esa manera”. Desde luego, una cosa es tolerar este medio de control conociéndolo bien y otra cosa es aceptarlo sin más ni más. Según la Cámara de Comercio de la Unión Europea en Pekín, siete de cada diez empresas alemanas en China ignoran el alcance y las implicaciones del mecanismo.