Crecer moderadamente en medio del ruido político

El escenario es el siguiente: un país de ingresos medios, cuarto más desigual de Latinoamérica, fuertemente dependiente de las remesas y con un sistema político en crisis constante, busca mejorar sus condiciones para la inversión.

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Hoja de ruta
Sesión solemne donde participó el presidente Jimmy Morales y donde tomó la presidencia del Congreso Álvaro Arzú Escobar.
Sesión solemne donde participó el presidente Jimmy Morales y donde tomó la presidencia del Congreso Álvaro Arzú Escobar.

En la víspera de inicio de año, la fotografía de la economía guatemalteca muestra un retrato diferenciado: moderadas oportunidades de inversión y crédito entre pequeños y medianos actores; inversiones selectivas de compañías que tienen su fuerte en el consumo interno y una incertidumbre entre las compañías que se apoyan en la inversión pública. Todos a la espera de un mejor clima de negocios, de lo que haga un cuestionado Congreso que tiene a su cargo la agenda legislativa económica del país, y de un titubeante Ejecutivo, cada vez más cuestionado por la transparencia con la que ejecuta los fondos públicos.

Y más allá del contexto internacional, relativamente favorable, recae en manos del propio país la generación de mejores condiciones para invertir.

En lo macro, demasiado ruido

¿Qué pesa al momento de mostrar una perspectiva tan incierta? En la lista se incluye la incertidumbre sobre nuevas investigaciones a cargos políticos, en el Congreso y el Ejecutivo, y sus efectos en la inversión pública. Hace pocos días Javier Zepeda, director ejecutivo de la Cámara de Industria, reconocía “una complicación” que podría atrasar las inversiones previstas. “El año empezó complicado por la elección de la junta directiva, los casos de Baldizón, Sinibaldi, Crespo…” dijo.

Las grandes inversiones no pueden ser sordas al corolario que rodea el año preelectoral: una comisión postuladora que elegirá al nuevo jefe del MP, la convocatoria para reemplazar al destituido Juan Francisco Solórzano Foppa a cargo de la SAT, y otros puestos clave para la gestión pública que van desde la Contraloría General de Cuentas hasta el Banco de Guatemala. No en vano el índice de confianza de la actividad económica a diciembre del Banguat no es alentador: el 42.8% de los entrevistados afirmó, hace un mes, que era un mal momento para invertir, un 52.4% dijo no estar seguro y solo 5 de cada 100 pensaba mover su dinero.

Los grandes números señalan en una dirección ascendente: para 2018 se espera que la actividad económica en Guatemala crezca entre el 3 y el 3.8%. Los pilares de la economía del país no han variado, pesé al vendaval de las políticas migratorias cada vez más restrictivas, se espera un crecimiento de entre el 9 y el 12% de las remesas este año, en consecuencia el consumo privado derivado de estos recursos se mantiene, el dinero circula.

En lo micro, expectación y moderación

Pero no todo es negro. La inercia con la que se mueve la economía guatemalteca y algunas leyes que avanzan en la discusión legislativa –como la de factoraje o la de zonas francas– permiten anticipar mejoras en el entorno de negocios. Como asignaturas pendientes figuran la falta de aprobación de una Ley de Competencias, para motivar la inversión de capital extranjero y la creación de un reglamento al leasing, para echar mano del arrendamiento con opción de compra para que las empresas renueven sus equipos y maquinarias.

“La Ley de competencia es algo que debemos cumplir para que empresas de otros países quieran seguir haciendo negocios en Guatemala, sobre todo con los países europeos con los cuales es uno de los compromisos del acuerdo de asociación”, insistió Antonio Malouf, presidente del Cacif. Sin embargo, las dificultades para empezar un nuevo negocio, las múltiples cargas impositivas, los permisos de construcción y la carencia protección a inversionistas minoritarios son escollos cruciales que hay que apartar del camino en el 2018 (así lo dijo el más reciente Doing Business).

El camino que resta

Las áreas por las que se debería apostar para mejorar la productividad del país, señala el Banguat, son claras: cerrar las brechas de infraestructura (mejorando la eficiencia de la inversión pública), aumentar la participación de las mujeres en la fuerza laboral; invertir en el capital humano, reforzar la gestión del gobierno y frenar la corrupción. En esta misma línea, los efectos sobre la inversión son directos. Por ejemplo, la contracción en el gasto en infraestructura pública, explica el empresario y economista Enrique Godoy, ha tenido por consecuencia que empresas del ramo de la construcción no contrajeran el mismo nivel de créditos. Como resultado, muchos no están apostando por nuevas inversiones.

Aún así, la tasa de crecimiento de la inversión extranjera directa prevista para este año es del 5% respecto del 2016, la cual alcanzará US$1 mil 147.1 millones. Por otro lado, empresas ya consolidadas y que dependen del mercado interno han continuado con sus planes de expansión. El crédito se está dirigiendo hacia el consumo, hacia propiedades inmobiliarias más pequeñas y también hacia vehículos, por ejemplo, apunta Godoy. Estas líneas de crédito no son del todo aprovechadas por emprendedores y pequeños empresarios. Al mantenerse el gasto en bienes de consumo, por otra parte, desde el sector privado, se está invirtiendo en acercar a los usuarios los bienes, lo cual explicaría el aumento de sucursales de cadenas de algunos supermercados, por ejemplo.

El llamado a la calma, sobre todo en el tema político que hiciera el Banguat a inicios de año, debe interiorizarse también en los inversionistas. Hay espacios para crecer de una forma moderada en 2018, sin que esto signifique aislarse del estridente e inevitable ruido de un sistema político que tarda en estabilizarse.