Economía

La emprendedora que crea libros únicos con fieltro

Después de 24 años de ejercer como maestra de educación primaria, Patricia de Juárez se jubiló y aunque ya tenía una pequeña librería en su casa, al pasar unos meses sin dar clases, la falta de contacto con sus niños la desesperó y decidió que debía seguir en la docencia.

ESTUARDO PAREDES

ESTUARDO PAREDES

La oportunidad de dar clases llegó de la mano de las manualidades, pues De Juárez participó en varios bazares navideños en donde vendía productos de bisutería y bolsas para dama elaboradas con materiales de reciclaje, como las anillas de metal de los envases de bebidas carbonatadas o las etiquetas de botellas de plástico.

Después de participar en varios bazares, la encargada se interesó en su trabajo y le propuso que diera clases a esposas de empleados de una compañía de telefonía.

La importancia de Seguir sus sueños

Patricia de Juárez cree con firmeza que todo aquel que emprende un negocio o empresa no debe sentir miedo de realizar sus sueños.

Lo importante, dice, es empezar con el proyecto y trabajar duro en el, y aunque se cierren algunas puertas, se debe perseverar.

La perseverancia es, para De Juárez, una de las más grandes virtudes de un emprendedor, pues no siempre las cosas salen bien o a la velocidad que se requiere.


Fue así como empezó en Quetzaltenango una nueva etapa de su vida como docente, solo que en lugar de niños las alumnas fueron 60 mujeres a quienes les enseñó a fabricar sandalias de bisutería.

Posteriormente, le llamaron para dar cursos en Zacapa y Cobán, ciudades donde incursionó en la elaboración de arreglos con tillandsias o plantas aéreas, bolsas con materiales de reciclaje y, más recientemente, velas hechas con gel.

Origen

A raíz de que su sobrina Mónica le pidió que redactara un libro infantil para su hija fabricado con fieltro, cuya idea había tomado de internet, De Juárez investigó, le agregó su toque personal, hizo pruebas y así nació lo que ahora llama los “Libros del silencio”.

Al ver el producto final, sus amigas pidieron libros para sus hijos y de esa manera empezó la demanda de lo que hoy es el producto estrella de “El Arte”, como nuestra emprendedora denominó a la naciente empresa.

Los libros hechos con fieltro, según De Juárez, ayudan a mejorar la motricidad fina de los niños en edad preescolar. Por medio de ellos aprenden a través del juego tareas como amarrarse los zapatos, lavarse los dientes, guardar sus juguetes y echar la ropa en la lavadora.

“El control de la motricidad fina es importante para la coordinación de músculos, huesos y nervios para producir movimientos pequeños y precisos, como, por ejemplo, recoger un pequeño elemento con el dedo índice y el pulgar”, dice De Juárez.

Toma alrededor de tres días elaborar cada libro, dice la emprendedora.

Los libros tienen un valor de Q300, mientras que una bolsa de anillas cuesta Q150 y otra de papel plástico reciclado, Q200.

En el corto y mediano plazo, De Juárez ha hecho planes para promover sus manualidades en colegios, pero su sueño final es lograr exportar sus productos hacia otro país.

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