Economía informal se arraiga en el país

Nueve años han transcurrido desde la mañana en que Gerbert, quien ahora tiene 25 años, empacó unas cuantas prendas y enseres personales y abordó el primer bus que salía de Totonicapán rumbo a Guatemala. El joven llegó a la capital al sentirse laboralmente abandonado en su pueblo.

Los trabajadores informales no cuentan con protección social ni prestaciones laborales.
Los trabajadores informales no cuentan con protección social ni prestaciones laborales.

“Yo trabajaba en agricultura, pero no siempre había trabajo y yo quería ganar más, para ayudar a mi familia”, recuerda.

Todos los días, Gerbert acude a un depósito de granos básicos y compra semillas como manías, jocote marañón y habas, que vende en calles de la zona 1. Sus ingresos mejoraron sustancialmente. En un buen día, confiesa, puede obtener Q100 de ganancia, y en uno malo puede percibir Q50. “En el campo ganaba mucho menos”, afirma.

Él es uno de los más de cuatro millones de guatemaltecos que viven de la denominada economía informal, que ocupa a tres cuartas partes de la población del país y cuya tendencia es al alza, y no a la regularización.

Esta economía se caracteriza porque el trabajador no tiene empleador, labora sin prestaciones y no tiene acceso al Seguro Social.

Al preguntarle a Gerbert si le gustaría contar con los beneficios que brinda laborar en una empresa privada, responde: “Sí, pero no tengo grado —escolaridad—, apenas llegué a quinto primaria, entonces no me dan trabajo”.

Siete de cada diez

Según la última Encuesta Nacional del Empleo e Ingresos (ENEI 2012), el sector informal representa el 74.5 por ciento de la población económicamente activa (PEA) del país. Si se toma en cuenta que esta alcanza a 6.2 millones de guatemaltecos, unos 4.6 millones laboran por su cuenta sin protección social.

Según la medición, en el área rural se emplean tres millones 17 mil trabajadores, de los cuales el 80 por ciento —unos 2.4 millones de trabajadores— están en la economía emergente.

En el caso de la población indígena, su participación en el mercado informal alcanza el 87.3 por ciento.

El estudio indica que el 40.7 por ciento de los trabajadores informales a escala nacional se refugian en la agricultura como medio de subsistencia; el 30.8 por ciento, en el comercio, y el 11.1 por ciento, en la industria manufacturera. Las otras actividades de la informalidad no sobrepasan el 10 por ciento.

Pocas oportunidades

Marcelo Villarreal, quien hace perforaciones para piercing en el local 512 del centro comercial municipal El Amate, en la zona 1, recuerda que trabaja en la economía emergente desde hace 25 años y revela que las escasas oportunidades lo obligaron a buscar una actividad que le permitiera llevar el sustento a su casa.

“A mí siempre se me rechazó en el sector privado, me pedían experiencia, pero nunca me dieron la oportunidad para hacerme de la misma”, señala.

Villarreal pertenece a un grupo de trabajadores informales que se encuentra asociado a la Central General de Trabajadores de Guatemala. Desde esa plataforma recibe algunos beneficios, como acceso a una clínica médica, pero considera que es insuficiente.

Uno de los grandes riesgos de ser un trabajador de la economía informal es vivir del día y percibir menores ingresos que un empleado contratado por la iniciativa privada o como burócrata. Según cifras oficiales, en promedio un asalariado percibe ingresos mensuales de Q1 mil 879 a escala nacional, mientras que alguien que labora por su cuenta gana Q1 mil 586 al mes. En el área metropolitana, el asalariado gana en promedio Q2 mil 768, y el trabajador informal, Q2 mil 511.

Dos visiones

Entre las principales objeciones a la existencia de la economía emergente está que los comerciantes “de a pie” no tributan al fisco, lo que se traduce en baja recaudación fiscal y menos recursos para la inversión pública. Cuando se trata de piratería también la economía informal se puede traducir no solo en evasión fiscal, sino en violaciones a la Ley de Propiedad Intelectual.

Carolina Castellanos, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Guatemalteco Americana, refiere que el contrabando en el país deja pérdidas anuales de US$48 millones al fisco.

“Esta economía no tiene riesgos, ellos no pagan local, no pagan préstamos, no corren riesgos”, dice.

Refiere que el contrabando puede poner en aprietos al Estado, de cara a los compromisos adquiridos con otras naciones con la suscripción de tratados de libre comercio.

“Se corre el riesgo de que países como Estados Unidos interpongan acciones contra Guatemala. Además, no se mide el gran efecto de la pérdida de inversión y de empleos, empresas que cierran porque no pueden competir contra productos falsificados. No hay que perseguir al que vende el producto en la calle, sino a las cabezas que lo distribuyen para que se venda. Se requiere de una labor de inteligencia en aduanas y en pasos ciegos. No sirve de nada agarrar gente en la calle, porque ciertamente el vendedor no es el criminal”, expresa.

Mario Archila, abogado experto en derecho tributario, asegura que la informalidad “demuestra que no hay confianza en el Estado ni en el Gobierno, por lo que la percepción de la gente es que no vale la pena mantener al Gobierno con los impuestos. Las personas prefieren mantenerse en resistencia ciudadana pacífica. Las personas no están dispuestas a pagar impuestos”, explica.

Robert Neuwirth, periodista y escritor estadounidense, quien visitó el país para participar en una conferencia organizada por la Universidad Francisco Marroquín sobre la economía informal, le resta importancia a la piratería, pues asegura que las marcas están en capacidad de competir con productos más baratos y ofrecen valores agregados, como “la garantía de tener un producto original”.

“Yo hablé con alguien de la industria del calzado y me confesó que la piratería les servía como estudio de campo para conocer el éxito del producto, pues si estaba falsificado significaba que tenía buena aceptación. Lo cierto es que las grandes compañías siguen ganando mucho dinero y el contrabando les sigue dando de comer a muchas familias”, apunta.

Participación femenina

Según la ENEI 2012, 2.3 millones de los 6.2 millones de personas de la PEA son mujeres, que representan el 38.6 por ciento del mercado informal. De acuerdo con la investigación, las féminas perciben en promedio menos ingresos que los hombres.

Datos de la ENEI dan cuenta de que en el país un hombre que trabaja por su cuenta en el área rural gana en promedio Q1 mil 200, mientras que la mujer, Q900. En el área urbana metropolitana los hombres dedicados al comercio informal perciben unos Q3 mil 600, mientras que las mujeres, Q1 mil 400.

Maritza Velásquez, de la Asociación de Trabajadores del Hogar a Domicilio y de Maquila, opina que las mujeres que laboran en el mercado informal “no tienen garantizada su estabilidad laboral, tampoco su salud y por ende se ve deteriorada su calidad de vida. Estas mujeres viven del día a día y buscan alternativas para sobrevivir”, expone. Lo ejemplifica con unas 700 mil féminas que participan en ventas por catálogo, sin recibir beneficios.

Sistema de vida

“Los impuestos son un contrato social”

“Cuando hablo de economía informal, lo primero que me preguntan es qué pasa con los impuestos. Los impuestos son un contrato social, los gobiernos deben dar algo a cambio si quieren   exigir impuestos, pero si los pequeños negocios solo reciben castigos, entonces  ¿quién estará interesado en tributar?”, se pregunta   el periodista estadounidense  Robert Neuwirth, escritor de libros sobre economía informal.
El experto  ha desarrollado una visión diferente de esa economía y la denomina Sistema D, por el vocablo en francés débrouillardise, que significa inventiva o “hacerlo por uno mismo”. Considera que   deberían ser los gobiernos los interesados en buscar a los empleados informales, para  regular la economía alternativa y  ofrecerles algo a cambio.  
Neuwirth afirma  que en el   mundo “no se reconoce la importancia de la economía informal, pues es la que les da “nueva energía a las comunidades  y reduce la brecha de la pobreza en las sociedades, y permite sobrevivir a un mayor número de familias en el mundo”. Refiere que los comerciantes informales tributan de alguna manera. “Le pagan al policía, al inspector para que los deje trabajar”, indica.
 Neuwirth expresa que este tipo de economía es el sostén de las sociedades,  que “ayuda más que lo que perjudica y que beneficia a quienes más lo necesitan”.  Exhorta  a no criminalizar a los comerciantes ambulantes, pues ellos “no  son  ladrones, ni narcotraficantes”.
Según el periodista, se
calcula que anualmente en el mundo la economía emergente mueve unos US$10 trillones y que dos terceras partes de la población mundial sobreviven en el Sistema D.

US$10 trillones se calcula que mueve la economía informal en el mundo.

Actividades

Del campo

La agricultura sigue siendo la actividad económica con  más presencia en el país. El  32.3 por ciento de los guatemaltecos trabajan en el campo. Le sigue el comercio  con  29 por ciento; la industria manufacturera,  13.7 por ciento; el 8.2 por ciento se dedica a otras actividades de servicios, el 7.1  por ciento trabaja en la administración pública, el  5.8, 1.9, 0.9, 0.7 y 0.4 se dedican a la construcción, servicios profesionales, financieros y de seguros, comunicaciones e  inmobiliaria, respectivamente.

Por sectores

Burocracia mejor pagada

Según la Encuesta Nacional de Empleo e Ingresos,  los empleados públicos perciben mejores sueldos que los trabajadores del sector privado. El estudio señala que en promedio a escala nacional un burócrata puede percibir ingresos de Q3 mil 648, mientras que un empleado privado gana Q1 mil 826. En el sector urbano metropolitano la media de los empleados públicos recibe un salario mensual de Q4 mil 335, mientras que los trabajadores de la iniciativa privada, Q2 mil 709.