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¿Fe o ciencia?: El dilema de los cortejos procesionales

Dos años después y luego de casi 700 mil contagios confirmados y 17 mil muertes por covid, algunas hermandades se aprestan para retomar los cortejos procesionales. Aunque otras optaron por cancelarlos.

Un joven vestido de cucurucho llora mientras se aleja de la fachada de la iglesia La Merced en Antigua Guatemala el Viernes Santo del 2020, cuando se cancelaron las procesiones y en el país se mantenian vigentes muchas restricciones. (Foto Prensa Libre: EFE)

Un joven vestido de cucurucho llora mientras se aleja de la fachada de la iglesia La Merced en Antigua Guatemala el Viernes Santo del 2020, cuando se cancelaron las procesiones y en el país se mantenian vigentes muchas restricciones. (Foto Prensa Libre: EFE)

Cuando se anunció el primer caso de coronavirus en Guatemala, en marzo de 2020, de inmediato se cancelaron las actividades  de Cuaresma y Semana Santa. La feligresía lamentó que las imágenes se quedaran ese año en sus capillas de devoción y que no hubiera cortejos procesionales.

Para muchos católicos —tal vez todos— era la primera vez que no verían procesiones en las calles; otros no daban crédito a la noticia y no se imaginaban cómo sería pasar esas fechas tan importantes sin llevar en hombros a una imagen o ver pasar el cortejo.

La angustia  por no participar en estos actos religiosos se extendería un año más, luego de que, en septiembre de ese año, la Iglesia  mantuvo la suspensión de  actividades para el 2021.

Ahora, casi dos años después y luego de casi 700 mil contagios confirmados y 17 mil muertes por covid, las hermandades se aprestan para retomar los cortejos, “tan importantes para el bienestar emocional e incluso espiritual de muchos”, según aseguran sus integrantes.

El Arzobispado de Guatemala, del que dependen las parroquias e iglesias católicas de la capital y Sacatepéquez,  dio el aval en noviembre último, aunque dejó abierta la posibilidad de que los cortejos vuelvan a suspenderse si hubiera un aumento de casos de covid y el Gobierno dictaminara restricciones.

Algunas hermandades e iglesias optaron por cancelar los cortejos, como el Santuario Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, Don Bosco, que había programado la salida de la Virgen de la Pólvora el  1 de enero.

También lo hizo la Hermandad de Jesús Nazareno del Consuelo, del Templo de la Recolección, que anunció la suspensión de los cortejos del primer y cuarto domingos de Cuaresma.

Además, el fin de semana recién pasado se canceló la procesión del Viernes Santo de la iglesia de Santo Domingo.

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En Antigua Guatemala se suspendieron los cortejos de Jesús Nazareno de la Salvación de la aldea Santa Catalina Bobadilla, del primer domingo de Cuaresma, y de la imagen de Cristo Rey de la iglesia de Santa Inés, que sale   Lunes Santo.

Otras hermandades alistan protocolos para minimizar el riesgo de contagios durante los cortejos, confiadas en el avance de la vacunación, por lo menos en los centros urbanos, lo que ha demostrado reducir los riesgos de muerte y de hospitalización ante la variante ómicron, que predomina en el mundo y que parece ser menos letal.

El  9 de febrero recién pasado se hizo oficial que saldrá el cortejo de Jesús Nazareno de Los Milagros del Santuario de San José, del primer jueves de Cuaresma. La hermandad garantizó que cumplirá con “todos los lineamientos y protocolos” del Ministerio de Salud, incluso  con la suspensión de la procesión si la capital se encuentra en alerta  roja.

Sentimientos, costumbres y fe

Llevar en hombros un anda puede ser una experiencia única para un cargador. Aunque las hermandades reconocen que hay quienes cargan por costumbre e incluso ni participan activamente en sus parroquias, otros han desarrollado una conexión espiritual muy especial por alguna imagen.

Alfonso Ramírez, presidente de las hermandades de pasión de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala.

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Periódicamente las veneran y rezan, e incluso no falta  quien  agradezca los milagros recibidos. Hubo personas que   lloraron cuando, hace dos años, se anunció la suspensión de los cortejos.

“A través de las imágenes se agradecen las bendiciones, la vida, los hijos… Por medio de ellas también pedimos por nuestras necesidades”, explica Alfonso Ramírez, presidente de las hermandades de pasión de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala.

Procesión de Jesús de la Caída de San Bartolo, Antigua Guatemala. La ciudad colonial suele recibir a miles de visitantes por las procesiones.  (Foto: Hemeroteca PL)

Ramírez enfatiza  que las imágenes se veneran, no se adoran, pero a través de ellas el cargador puede establecer una comunicación con Dios porque “nos recuerda a alguien que vino a la Tierra a morir y a sacrificarse por todos nosotros para que actuemos de mejor manera en nuestras vidas”.

“Lo mismo pasa con la foto de mamá o papá, que, cuando mueren, los recordamos y les hablamos a las fotos y logramos una interrelación con ellos”, subraya.

No por gusto las procesiones de Guatemala son reconocidas en todo el mundo y la tradición de cargar ha sido heredada desde los tatarabuelos, incluso desde tiempos de la Colonia, cuentan algunos feligreses.

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Impacto

Las hermandades coinciden en que en estos dos años en que las imágenes tuvieron que  quedarse en las iglesias ha habido un fuerte impacto emocional y espiritual, no solo entre los cargadores, sino para quienes suelen salir a las calles a presenciar el paso de los cortejos.

Hugo Archila, secretario de Relaciones Públicas de la Hermandad de la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno del Consuelo, del templo de la Recolección.

Un ejemplo son las personas que no necesariamente cargan, pero  se esmeran en la elaboración de alfombras.

“Muchas familias se juntan en la casa de los padres o abuelos para colorear el aserrín, hacer moldes y esperar el paso de los cortejos. En otros casos, las familias se juntan para ir a cargar y después a almorzar o cenar. Todo eso se ha extrañado”, dice Hugo Archila, secretario de Relaciones Públicas de la Hermandad de la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno del Consuelo, del templo de la Recolección.

Ahora que se aproximan las fechas,  algunas hermandades ya han sacado a la venta los turnos y muchas personas han tenido la oportunidad de saludar a los amigos que no veían desde hace mucho tiempo, lo cual “ha reavivado la emoción y la esperanza”, añadió.

El año pasado los fieles se tuvieron que conformar con acudir a las iglesias a venerar a las imágenes de su devoción. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

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Archila dijo que el impacto ha sido a todo nivel, aunque los que son “devotos verdaderos” han ido a venerar a las imágenes a sus capillas, y a pesar de que no salieron a las calles los dos años anteriores, no cambió su fe en ellas, y “eso es lo más importante”.

Para Miguel Ángel Ávila, coordinador general de la Hermandad del Señor Sepultado Cristo del Amor, del templo de Santo Domingo, el impacto ha sido más emocional que espiritual, pues  han tratado de suplir los cortejos con otras actividades y las imágenes “están en constante veneración en los templos”.

¿Qué dicen los médicos?

La comunidad médica está al tanto de la evolución de la pandemia, no solo en Guatemala, sino en todo el mundo, porque esto puede marcar cómo será el comportamiento del virus en las próximas semanas.

Las infecciones en  países como Sudáfrica —donde se alertó al mundo por primera vez de la variante ómicron—, Estados Unidos y varios de Europa indican un crecimiento vertiginoso de las infecciones en un mes y luego una baja notable. Esta cima, en Guatemala, podría ocurrir entre la tercera o cuarta semanas de febrero, lo que significa que, entrada la Cuaresma, podrían empezar a disminuir los casos, y para Semana Santa ubicarse en la base de la curva.

Los contagios podrían aumentar, dependiendo de cómo se comporten las subvariantes de ómicron, aunque dicha alza sería por   corto tiempo, a juzgar por la experiencia en otros países, considera Erwin Calgua, epidemiólogo clínico de la Universidad de San Carlos.

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Al hablar de la posibilidad de que haya procesiones, el epidemiólogo opina que no se percibe que la Semana Santa de este año tenga más restricciones que la del año pasado. Además, la Organización Mundial de la Salud podría definir el fin del estado de pandemia y bajarlo a endemia, lo que será muy importante en función de las decisiones que tomen los ministerios de Salud del mundo.

Una familia realiza un pequeño altar al Sagrado Corazón en la aldea San Felipe de Antigua Guatemala (Guatemala), el Viernes Santo del 2020, cuando recién había ingresado el virus al país y se suspendieron todas las procesiones. (Foto Prensa Libre: EFE)

En todo caso,  la conveniencia   de los cortejos se puede determinar  unas semanas antes, con base  en si las tendencias globales de disminución se cumplen en Guatemala.

De ser así, podríamos llegar al fin de las restricciones, ya que, con ómicron, si una persona está vacunada con el esquema completo y lleva un control de sus enfermedades puede vivir de esa manera, indican los expertos.

Otros países como Dinamarca   han eliminado todas las restricciones e incluso el uso de la mascarilla es opcional, “y no es un mal ejemplo del manejo de la pandemia”, destaca Calgua.

A escala global ha quedado demostrado que las vacunas reducen en buena medida el riesgo de muerte, enfermedad grave y hospitalización.

Se puede manejar

Hay quienes consideran que para la salud mental es importante   retomar actividades como las procesiones, que permiten que haya una interacción social, y creen que   bien manejadas   no implicarían riesgo, por ser   al aire libre.

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José Ortiz, epidemiólogo del Observatorio de Covid-19 en Guatemala, expone que el requisito número uno para un devoto debe ser el esquema completo de vacunación. “Solo una vacuna no es suficiente para que el cuerpo produzca anticuerpos”, remarca, y destaca  que en las poblaciones cuyos habitantes cuentan con al menos dos dosis “la gente se complica menos y muere menos”.

Luego,  habrá que ser muy prudente cuando las andas estén dentro de la iglesia o cuando haya actividades en el interior de los templos, añade.

Un hombre con su traje de cucurucho camina frente a la iglesia La Merced en la Antigua Guatemala (Guatemala) que, como todas, estuvieron cerradas para la Semana Santa del 2020. (Foto Prensa Libre: EFE)

El médico considera que esta puede ser una oportunidad para que Gobierno e iglesias trabajen de la mano y se acerquen a la población que no se quiere   vacunar  pero desea participar en las actividades eclesiales.

Comentó que la salida de un cortejo no necesariamente debe implicar aglomeraciones, pues  “a estas alturas de la pandemia la gente, de alguna manera, ya entendió”.

“No creo que haya mayor problema”, resaltó Ortiz.

Lineamientos mínimos

La responsabilidad de establecer   protocolos es de cada hermandad, y deben hacerlo  “tomando en cuenta los lineamientos ya establecidos”, precisó el Ministerio de Salud en una comunicación con Prensa Libre.

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Esto lineamientos incluyen los aforos máximos permitidos, el uso de mascarilla y el distanciamiento físico mínimo de un metro y medio entre personas. El aforo se define en función del color de   alerta del semáforo covid-19 y el protocolo se debe  someter a   aprobación en el área de Salud a que corresponda cada iglesia.

Lorena Gobern, jefa del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud, dijo que, de acuerdo con los años 2020 y 2021, durante esas fechas “los casos y tamizajes se reducen hasta un 50 por ciento”, aunque el año pasado, en la primera y segunda semanas después de   Semana Santa, se evidenció un incremento sostenido de casos que se  atribuyó “al comportamiento social característico de esas fechas”.

Igual que en 2020, en 2021 ninguna diócesis autorizó  procesiones.

Parroquia de Candelaria, en la zona 2 capitalina, decorada en Jueves Santo del 2020, cuando no salió el tradicional cortejo de Cristo Rey. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Gobern subrayó que los eventos masivos que no se organicen adecuadamente “pueden ser de riesgo, por el aumento de transmisión”, de ahí la importancia de que las hermandades diseñen protocolos adecuados basados en el acuerdo ministerial 32-2022 que publicó la cartera el  11 de febrero pasado.

En este acuerdo se disminuye de 10 a cuatro los metros cuadrados del aforo para las actividades de concentración masiva —entre ellas las religiosas—, mientras se está en alerta roja; de seis a tres metros cuadrados en naranja y de cuatro a 1.5, en amarilla.

Expectativa de devotos católicos

Las hermandades   trabajan en protocolos para la preparación de los cortejos, pues requieren al menos  dos meses de anticipación.

Algunos están a la expectativa de si se acortarán los recorridos o las dimensiones de las andas, porque eso implicaría una reducción en el número de cargadores, lo que puede causar inconformidades entre quienes se queden sin turno.

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Entre las hermandades y las personas que acuden a las procesiones existen quienes se preguntan por qué deben restringirse los cortejos mientras otros centros de diversión, como los bares, están abiertos.

“Estamos en una mejor posición que hace dos años”, refiere Miguel Ávila, de la Hermandad de Santo Domingo. “Poco a poco vamos viendo una luz al final del túnel y creo que es cuestión de tiempo para que esto regrese a la normalidad que antes conocíamos”, dijo.

¿Qué deben regular?

A manera general, Lorena Gobern, jefa del Departamento de Epidemiología del Ministerio de Salud, explica que se tienen que definir las actividades de prevención, antes, durante y después de  un cortejo procesional, así como detallar claramente los objetivos y  responsables de los lineamientos.

Personas esperan noticias de sus seres queridos dentro del improvisado hospital para atención de covid-19 en el Parque de la Industrial. Guatemala enfrenta una cuarta ola de contagios, pero los epidemiólogos confían que para Semana Santa hayan bajado. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Erwin Calgua, epidemiólogo clínico de la Usac, cree que es posible diseñar un protocolo que minimice considerablemente el riesgo de contagios, pero las hermandades deben asesorarse con especialistas en Epidemiología, que son los expertos en el manejo de brotes de una enfermedad y  en medidas de bioseguridad.

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Aparte de la vacunación, que debe ser el primer requisito en un protocolo, el médico indica que es  importante observar las tendencias epidemiológicas del momento y anticipar los escenarios, lo cual requiere estar atento todos los días al surgimiento de nuevas variantes o a la evolución de las  existentes.

En segundo lugar,  debe contener las medidas necesarias que respondan cómo se puede evitar un brote; por ejemplo, el tipo ideal de mascarilla que se usará. En el caso de ómicron, dice, funcionan las KN94 o N95, que por ningún motivo se deben retirar  de la nariz y la boca.

El protocolo también debe definir cómo actuar si ocurre o se detecta un contagio, y cómo se vigilará el círculo de personas que pudo haber tenido contacto con el virus.

José Ortiz, epidemiólogo del Observatorio de Covid-19 en Guatemala, no descarta que las hermandades puedan requerir una prueba de covid negativa un día antes del cortejo, aunque reconoce que requeriría un esfuerzo económico y logístico muy grande.

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