Juan Ajanel: “Cuando empezaron los disparos, me asusté”

Una herida de bala dejó a Juan Alexander Ajanel Chiti postrado en una silla de ruedas. El hecho ocurrió cuando él tenía 15 años. Actualmente tiene 33, y ha dedicado buena parte de su vida a la ayuda a personas con capacidades especiales.

Juan Ajanel elabora silla de ruedas para los más necesitados. (Foto Prensa Libre: Gabriela López)
Juan Ajanel elabora silla de ruedas para los más necesitados. (Foto Prensa Libre: Gabriela López)

La emoción por participar en el tradicional recorrido de las antorchas de Independencia, invadía a Juan.
 
“Todo era diversión”, recuerda de aquel domingo 14 de septiembre de 1997, cuando junto a su familia y amigos viajaron a Santiago Atitlán, Sololá, a traer la antorcha.

Cuando regresaban del viaje, en un lugar muy cercano a San Lucas Sacatepéquez, se encontraron con tráfico en la ruta. Un camión y unos carros bloqueaban la carretera. Todos imaginaron que se trataba de un accidente.

Cuando detuvieron la marcha, se percataron que un grupo de hombres armados con pasamontañas asaltaba en el lugar.

“Cuando empezaron los tiros, me asusté”, en ese momento el miedo paralizó a Juan, quien comenzó a correr entre los carros, y en su intentó de huir, una bala penetró su espalda.

“Tuve una sensación de agua fría por la espalda; luego caí”, afirma. Recuerda que uno de los delincuentes intentó dispararle de nuevo, pero él le suplicó que no lo matara. 

 
UN NUEVO GOLPE
 
A tres días del incidente recuperó la memoria, y fue cuando le dieron la noticia que tendría que vivir por el resto de su vida en una silla de ruedas.

A cuatro meses de lo ocurrido, nuevamente Juan tocaba fondo. Su mamá perdió una batalla contra una enfermedad que la aquejaba.  

Gracias a una amiga encontró ayuda y empezó su proceso de recuperación.

“Mi abuelito me decía: Si ya empezaste a escalar la montaña y estás en lo más difícil, ten cuidado con ver atrás. Cuando vayas llegando al cráter del volcán, allí puedes ver atrás, antes no”, destaca.

En la actualidad, Juan es encargado del departamento de producción de una fábrica de sillas de ruedas en Fundación Transiciones, en Antigua Guatemala.

Con una gran sonrisa, asegura que trabajar en esa fundación le cambió la vida. “Pasé momentos muy difíciles, pero le doy gracias a Dios que nunca se me pasó por la mente quitarme la vida”, subraya.