La pobreza hace más vulnerables a las áreas golpeadas por la tormenta Eta

Alta Verapaz es el departamento con el menor índice de desarrollo humano del país, según informes oficiales.

Personas tratan de ponerse a salvo en una comunidad de Panzós, Alta Verapaz. (Foto Prensa Libre: AFP)
Personas tratan de ponerse a salvo en una comunidad de Panzós, Alta Verapaz. (Foto Prensa Libre: AFP)

La naturaleza una vez más se ha ensañado en contra de Guatemala. La historia se repite ahora cada vez con más frecuencia sin que —pareciera—, nos haga reflexionar como sociedad. Como en cualquier desastre natural, los más afectados son los más pobres.

¿Pero cómo son los seis departamentos que han resultado más golpeados con las inundaciones y deslaves provocados por Eta?

El nivel de pobreza y pobreza extrema en cinco de estos se encuentra por encima del promedio nacional que es del 59.3% y 23.4%, respectivamente, de acuerdo con la más reciente Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística.

En Alta Verapaz estos números alcanzan el 83.1% y 53.6%; en Quiché, 74.7% y 70.6%; en Huehuetenango, 73l.8% y 28.6%; en Chiquimula, 70.6% y 41.1%; mientras que en Izabal son del 59.9% y 35.2%. Solo Zacapa está por debajo del promedio nacional con 55.9% de su población en pobreza y el 21.4% en pobreza extrema.

El más reciente informe de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) también ubica a estos departamentos, con excepción de Zacapa, con indicadores por debajo del promedio nacional que es de 0.492.

El desarrollo humano, según el PNUD, comprende la creación de un entorno en el que las personas puedan desarrollar su máximo potencial y llevar adelante una vida productiva de acuerdo con sus necesidades e intereses.

Dos menores de edad cargan sus pertenencias en una aldea de Panzós, Alta Verapaz, afectada por las fuertes lluvias que dejó Eta. (Foto Prensa Libre: AFP)

Sin embargo, eso no ha sido posible en muchas de las comunidades de estos departamentos que hoy han sido golpeadas por ETA.

En cuanto a las características de su población, el Censo 2018 da cuenta de que Zacapa está habitado principalmente por personas que se autoidentifican como ladinos, 97%. También es el caso de Izabal y Chiquimula, aunque con importantes porcentajes de indígenas mayas, arriba del 26%.

Los papeles se invierten al hablar de Quiché, Alta Verapaz y Huehuetenango donde la mayoría se autoidentifica como maya, 89%, 93% y 65%, respectivamente.

El Censo también revela importantes aspectos que los hacen más vulnerables a desastres naturales a estas familias, como los materiales de construcción de sus viviendas en donde no todas han sido construidas, como mínimo, de bloc.

En ese sentido, el 62% de las viviendas de Zacapa están construidas con este material, mientras que el 14% de bajareque, una suerte de palos y cañas entretejidos o recubiertos con barro, y un 12% de adobe.

En Izabal el porcentaje de casas con paredes de bloc es de 54%, mientras que el 29% tiene casas de madera. La cantidad de viviendas de bloc disminuye a un 43% en Chiquimula, departamento donde el 30% de estas es de adobe y el 20% de bajareque. En Huehuetenango el bloc es el material de las paredes del 42% de los hogares  el adobe el del 38%.

Daños sobre el puente sobre la ruta RN7 que comunica a Alta Verapaz con El Estor, Izabal. (Foto Prensa Libre: AFP)

En los otros dos departamentos, Quiché y Alta Verapaz no predominan las viviendas de bloc. Así en el primero, la mayoría de las viviendas, el 44%, son de adobe, mientras que en el segundo el 54% han sido construidas con paredes de madera. En menos medida, también se cuentan casas construidas de bloc, lepa, caña y bajareque.

Pobreza y tragedias

El director del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático, Alex Guerra, expuso que la pobreza en que viven muchas familias en la provincia es otro factor que los hace más vulnerables, puesto que ante la falta de recursos han ubicado sus viviendas en lugares muy riesgosos y las han construido de materiales no adecuados.

Esto se combina con la ausencia del Estado en las áreas rurales que ha sido incapaz de controlar el crecimiento de las áreas habitadas, fenómeno que se da incluso en la capital. Esto da como resultado más vulnerabilidad.

Por otra parte, los niveles de educación son bajos y las personas no conocen planes de respuesta rápida a desastres naturales, si es que los hay, o bien sea no están disponibles en idiomas mayas. “Es una suma de factores que hacen que en estos eventos los más afectados sean más los pobres”, subraya Guerra.

“Estos eventos evidencian una vez más que estamos muy expuestos al peligro y nuestro grado de vulnerabilidad y de que no estamos preparados como sociedad”, añade el experto. Enfatiza en que para reducir los riesgos urge trabajar en el ordenamiento territorial y no autorizar construcciones en áreas propensas a deslaves o inundaciones.

Puerto Barrios, Izabal, fue un áreas inundadas por la tormenta tropical Eta. (Foto Prensa Libre: AFP)

Asimismo, reconoce que sería muy difícil reubicar a las familias que viven en estas áreas, pero que es lo que se debe hacer si se quieren minimizar los impactos de los eventos naturales.

Geología

En ese sentido el ingeniero geólogo Manuel Mota Chavarría explica que las montañas del país son relativamente jóvenes lo que significa que geológicamente aún son inestables y arenosos porque no se han terminado de estabilizar, y continúan en un proceso natural de transformación, por lo cual los deslaves a raíz de las lluvias son normales y seguirán ocurriendo.

“Pensemos en que una montaña está arriba y por la gravedad misma en algún momento tiene que caerse. Entonces, si a la presión de la montaña le añadimos episodios de lluvias intensas, como ha sido la variable en los últimos años, la montaña se desmorona”, precisó Mota.

Agregó que a esos factores se le agregan otros causados por el hombre como la deforestación y la urbanización de áreas riesgosas lo cual acelera el proceso.

El experto ejemplificó que en los barrancos de la capital suele haber muchos depósitos volcánicos que tienen 60 mil años “y sobre eso construimos y vivimos, pero no entendemos que geológicamente 60 mil años… ¡Eso acaba de pasar!, y esos materiales no están duros y seguro se erosionarán”.

Cambios

Los expertos coinciden con que los eventos atmosféricos se han incrementado en los últimos años y mientras antes quizás pasaban décadas para que ocurriera una tormenta que pusiera en problemas mal país, ahora no pasan más de 10 años. Por ejemplo, desde 1998 para acá, por lo menos cuatro tormentas tropicales han causado severos daños y muerte.

En tal sentido, también están de acuerdo con que la clave debe ser cambiar la cultura y aprender a conocer y tener conciencia de los lugares en donde vivimos y la preparación que debemos de tener en caso ocurra algún evento natural.

Miles de afectados ha dejado la tormenta Eta en el país. (Foto Prensa Libre: AFP)

A criterio de Mota esto debe comenzar desde la educación primaria. “Si le pregunta a alguien del sistema educativo, dónde está el desarrollo educativo para los procesos de prevención y conocimiento de amenazas, no hay. Y si existen no los llevan a la práctica”, cuestionó.

Guerra señala que esta cultura de prevención no se tiene ni siquiera en las universidades, e incluso tampoco los arquitectos e ingenieros que diseñan casas, puentes y carreteras.

Agrega que el nivel de riesgo está determinado por la posición geográfica de un país y las amenazas naturales, ante lo cual nada se puede hacer; sin embargo, sí está en nuestras manos estar preparados, diseñar sistemas de alerta temprana, planes de respuesta rápida y recuperación que hoy en día son muy débiles.

En la aldea Las Posas, Izabal, las personas tratan de ponerse a salvo en una lancha. (Foto Prensa Libre: AFP)