pluma invitada

Cuando un ciego guía a otro ciego

Talentosos guatemaltecos y extranjeros amantes de Guatemala han escrito desde 1977 más de 10 docenas de opúsculos y artículos de prensa, aportando sus talentos y experiencias con vistas a resolver los múltiples problemas que mantienen a este país en el estancamiento secular de nuestro desarrollo.

Tengo en mis manos el opúsculo del autor David Cohn Pollag, nacido en Guatemala en 1936. De padre judío-alemán y madre católica guatemalteca. Creció entre los sectores más pobres de la población guatemalteca, haciendo sus estudios primarios y secundarios en escuela pública. Por sus méritos fue becado en la University of the Pacific, en California. Graduado de licenciado en Psicología en la URL de Guatemala. Experiencia de vida y trabajo en tres continentes; de ellos, dos años de trabajo agrícola en dos kibutz en Israel. Un año como psicólogo, en la comunidad para desadaptados sociales. En Lausana, Suiza.

Esos datos eran suficientes para que las cartas remitidas por Pollag a las autoridades guatemaltecas de 1977, bajo la presidencia del general Kjell Eugenio Laugerud García y, luego, en 1990, al licenciado Marco Vinicio Cerezo Arévalo y a los entonces candidatos presidenciales Serrano Elías y Arzú Yrigoyen, de las cuales tengo copia en mi poder, merecieran que los interfectos hubieran hecho algo más que agradecer al Sr. Cohn Polag por “el envío de su interesante trabajo”. Copia de estas amables pero en ese momento diplomáticas respuestas también obran en mi poder.

Las cartas de Pollag eran emisarias del envío de “todo” el trabajo pormenorizado y detallado de sus experiencias y las ventajas socioeconómicas, culturales y sanitarias, que tendría para Guatemala el establecer el primer sistema israelita de Kibutz, para sistematizar e incrementar la productividad agrícola con alta rentabilidad para los trabajadores agrícolas, satisfacer a menor costo la demanda interna y, en consecuencia, la exportación de los excedentes.

Pollag, en carta dirigida en septiembre de 1990 al director de la AID, dice: “Todo, menos el Kibutz israelí ha sido ensayado en Guatemala. La Reforma Agraria en El Salvador, promovida por los EE. UU., no logró evitar una guerra fratricida de 10 años. La sustitución de las importaciones de la década de los sesentas, la “Alianza para el Progreso” de Kennedy, y ahora la iniciativa de “La cuenca del Caribe”, han sido todos programas ineficientes y han producido solo mejoras parciales y el progreso de mayormente un pequeño sector o estrato superior, así como del capital extranjero aquí invertido. El país no ha logrado un desarrollo sanamente estructurado y progresivo”.

Eso me lleva a pensar que la aportación de Pollag no pudo ser valorada porque en esa época estaba vigente el fantasma del comunismo internacional, de la farándula política del siglo XIX, pero hoy día creo que la ciudadanía no puede seguir siendo arrastrada por el carro desvencijado de la farándula política esclava de fórmulas hueras y sepultadas.

Si la propuesta hubiera sido valorada en toda su dimensión, la situación del campesinado guatemalteco y nuestro subdesarrollo secular hace 38 años hubiera empezado a ser diferente.