Ventana

Del temor a la fascinación

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

En 1975, Steven Spielberg estrenó la película Tiburón. ¿Quién de nuestra generación no la vio? Fue un hito en la historia del cine, pero para los tiburones fue fatal, porque la muerte de seres humanos por tiburones es escasa. El 90% de ellos es incapaz de lastimar al ser humano; sin embargo, se les empezó a ver como asesinos “come hombres”. Esa oscura sombra opacó sus asombrosas cualidades. Los tiburones son los depredadores tope en la cadena alimenticia. Conservan equilibrada la cadena alimentaria en los mares. Se alimentan de peces más viejos o enfermos, por lo que mantienen las poblaciones de otros peces sanos y en la proporción adecuada para su ecosistema.

El tiburón, como la raya, son parientes cercanos. La raya es conocida como ave de los mares. Se desliza sobre las aguas “batiendo sus alas.” Los tiburones, como las rayas, son especies amenazadas por la sobrepesca y la contaminación de los océanos. La línea anatómica del tiburón es aereodinámica. Es bella. El tiburón existe en el planeta desde hace ¡450 millones de años! Sus parientes vivieron junto a los dinosaurios y les sobrevivieron por su gran capacidad de adaptación. Poseen seis sentidos: olfato, vista, tacto, gusto, línea lateral —órgano sensorial que le sirve para detectar el movimiento y la vibración del agua— y las ámpulas de Lorenzini, conocidas como el sexto sentido de estos escualos. Les permite captar campos eléctricos y cambios de temperatura. Existen más de 400 especies de tiburones en el mundo y por esa razón tienen aspectos muy distintos. Su tamaño puede ser gigantesco, como el tiburón ballena de más de 10 metros hasta medir 30 cm y caber en la palma de nuestra mano.

Elisa, una amiga que bucea y ama el mundo marino, le tenía pavor a los tiburones. Sin embargo, los admiraba. Un día decidió que tenía que sobrepasar su miedo y se atrevió a realizar su primera inmersión con 10 tiburones de arrecife hembra en el litoral del Atlántico. “Al verlos,” me dijo, “sentí una paz inexplicable. Fue conmovedor. Vi en sus miradas que tenían la misma curiosidad por conocerme que yo. Recordé que es muy cierta la expresión: protegemos lo que amamos”. Desde entonces lucha incansablemente para salvarlos de su peor enemigo: el ser humano.

Estamos en Cuaresma y el consumo de pescado en esta época se incrementa, especialmente al que le dicen “seco-salado”. Me han comentado que en algunos casos quienes lo procesan no cumplen con las normas de higiene esenciales. Secan el pescado en los patios de sus casas, inclusive en canchas de basquetbol, expuesto a moscas, cucarachas, roedores, orines de perro y gato. Lo peor también es que, ese pescado, que imita al bacalao, es raya y tiburón. En estos meses, en el litoral del Atlántico como en el Pacífico, se les caza indiscriminadamente, aumentando el riesgo de su extinción y con ellos también la pérdida de otras especies de crustáceos o moluscos de importancia comercial.

A nivel global están surgiendo más organizaciones que luchan para salvar las especies marinas, entre ellas, a los tiburones y las rayas. Por ejemplo, luchan en contra de la sopa de aleta de tiburón, que es una delicatessen en China. Promueven el turismo de avistamiento de tiburones. Para los más atrevidos y aventureros, está la inmersión con los tiburones, pero siempre guiados por expertos. Que no se nos olvide que los guatemaltecos necesitamos a los tiburones y a las rayas y que ellos nos necesitan a nosotros. “¡Respetemos su hábitat y protejámoslos!”, cantó el Clarinero.

clarinerormr@hotmail.com