Migrantes

Migrantes hispanos alcanzan el “sueño americano” en el sur de EE. UU.

Gobierno estadounidense impulsa la migración regular, pero el número de visas que extiende por año es insuficiente.

Un trabajador salvadoreño beneficiado con una visa H-2A, en la empresa agrícola Baumann Farms, en el estado de Wisconsin. (Foto Prensa Libre: Cortesía Embajada de EE. UU. en El Salvador)

Un trabajador salvadoreño beneficiado con una visa H-2A, en la empresa agrícola Baumann Farms, en el estado de Wisconsin. (Foto Prensa Libre: Cortesía Embajada de EE. UU. en El Salvador)

El grupo de música norteña tocaba sus mejores canciones, los trabajadores de Prime Landscape sonreían, se carcajeaban en medio de sus pláticas, comían tacos de res o cerdo —muy picantes, decían— mientras el dueño de la empresa entregaba premios a sus colaboradores.

El día era gris, pero contrastaba con los rostros radiantes de decenas de trabajadores migrantes a quienes el patrón les había organizado un convivio por haber culminado un año más de labores. Todos, en su mayoría mexicanos, fueron contratados por el programa de visas H-2, que permite la contratación de un migrante para trabajos agrícolas (H-2A) o de otro tipo (H-2B), si el fin es laborar en construcción, jardinería y otros servicios.

En esta firma laboran cerca de 60 migrantes que viajaron por avión y que tienen la facilidad de regresar a sus hogares cada cierto tiempo. Algunos firman contratos por tres meses, otros por seis y algunos por nueve. Muchos son recontratados y vuelven dos, tres veces y hasta más.

Los empleados de Prime Landscape estaban felices ese viernes 17 de noviembre, dos semanas después su contrato terminaba y regresarían con sus familiares a pasar las celebraciones de fin de año y confían en que volverán.

Buena oportunidad

Los migrantes coinciden en que la experiencia ha sido buena, que los trámites no son muy difíciles y que reciben un buen trato, con salarios que se aproximan a los US$20 por hora y que trabajan de 40 a 45 por semana.

Las labores son sencillas, aseguraron, como cortar la grama, dar mantenimiento a jardines, a campos donde se practica deporte o reparar máquinas que sirven para sus tareas diarias.

Se desempeñan en distintas ciudades de Texas, cuyas distancias entre sí pueden ser muy largas, pero las horas de pago comienzan desde que llegan al lugar de trabajo y se suben a los automóviles que los llevan al lugar donde trabajarán.

“Mi experiencia ha sido muy buena, ya tengo 10 años de están yendo y viniendo. Los trámites no son difíciles mientras no tenga problemas con migración”, dijo Jacobo Misael, migrante originario del estado de México.

“El 3 de diciembre me voy y después regreso en marzo, de nuevo, con la misma ilusión”, añadió Otilio Saravia, del mismo estado mexicano, y que tiene tres hijos pequeños cuya ausencia es a lo que más le ha costado acostumbrarse.

Los migrantes coinciden en que, si bien, la comida y el clima es de los factores que más cuestan acoplarse, la falta de los seres queridos es lo más difícil. Asimismo, concuerdan en que en sus países de origen hay poco trabajo y en los que están disponibles, pagan muy poco, “apenas para sobrevivir”.

Rudy Azmitia, de 45 años, es salvadoreño y tiene tres años de migrar de forma regular a EE. UU. Cuenta que mientras estaba en su país conoció personas que intentaban el viaje irregular, pero que eran deportados y lo perdían todo.

Narra que se enteró de la oportunidad por un anuncio en un medio de comunicación y acudió a la institución donde daban información e hizo una fila en la que había unas 200 personas. “Allá —en El Salvador— trabajaba en la agricultura, pero solo ganaba para comer”, cuenta, mientras sostiene una máquina con la que hace trabajos de jardinería.

Su sueldo es de US$19 la hora y de lo que gana le alcanza para pagar la renta de su habitación que comparte con otros migrantes —US$1 mil 200 al mes—, para alimentarse y para enviarle a su familia y pagar la educación de sus hijos y la remodelación de su casa.

Una semana antes de que termine el contrato “pasan preguntando quién va a regresar el otro año para que dejemos nuestro número de teléfono”, añade Azmitia, quien aprovecha para pedir a las autoridades que otorguen más visas de ese tipo para evitar el sufrimiento que provoca la migración irregular.

José Luis Monterroso, 45, es de Ahuachapán, El Salvador, y también se muestra agradecido por la oportunidad de trabajo. Dice que ha podido mantener a su familia mejor que antes, cuando se dedicaba a la siembra de maíz.

Ahora, cada vez que regresa, aprovecha para revisar su parcela y hacer algunos trabajos agrícolas. “Estoy satisfecho de ver a mis hijos crecer. Acá la gente es muy buena, aprendo cosas y eso es de gran beneficio para nosotros”, comenta.

Son muy necesarios

Greg Hamman, propietario de Prime Landscape, explicó que los migrantes que laboran en su compañía llegan de forma legal, pagan impuestos y es gente “muy calificada que vienen para trabajar y ayudar a sus familias”.

Trabajadores temporales de Prime Landscape fueron agasajados el pasado 17 de noviembre al terminar un periodo de labores. Hubo música, comida y premios. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

Actualmente, destacó, no hay mano de obra estadounidense que se dedique a esas labores, por lo cual las empresas necesitan de la mano de obra migrante. Añadió que el idioma no es una barrera para trabajar porque en su empresa hay suficientes personas que hablan inglés y español.

Aunque hoy en día no cuenta con empleados guatemaltecos dijo estar abierto a contratar de esta nacionalidad si las compañías reclutadoras lo recomiendan. “Pretendemos que vengan más, necesitamos que venga más”, subrayó Hamman.

Destacó que esta dinámica es un “gana-gana”, porque se benefician los migrantes que hacen dinero para sus familias y él porque cuenta con mano de obra suficiente para atender la demanda de sus clientes.

Los migrantes han sido fundamentales para el desarrollo de compañías estadounidenses “porque nosotros —en EE. UU.— no tenemos trabajadores que puedan suplir estas necesidades”, enfatizó.

Resaltó que sus trabajadores extranjeros cuentan con licencia de conducir y tienen todos los derechos que tiene un empleado estadounidense, incluso el mismo salario, así como bonos y otros beneficios. “Ellos no roban el trabajo, ellos hacen el trabajo que los estadounidenses no quieren hacer”, concluyó Hamman.

José Luis Monterroso de El Salvador trabaja en Prime Landscape en trabajos e jardinería. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

Sally Bourgerie, gerente de recursos humanos de Prime Landscape, quien tiene a su cargo el reclutamiento de mano de obra migrante y hacer los procedimientos legales, destacó que dan prioridad a aquellos que ya han laborado en EE. UU., pero que, a cada cierto tiempo se abre la oportunidad de convocar a nuevos empleados.

Dijo estar satisfecha con el programa de visas H-2B y que no ha tenido la oportunidad de trabajar con guatemaltecos, pero que están abiertos a hacerlo. “Hay mucha necesidad de trabajadores en esta área de los Estados Unidos, por eso estamos tan contentos con el programa”, destacó.

Industria alimenticia

Ruiz Foods Products Inc. Es otra de las compañías que trabajan con migrantes que han llegado con visas H-2B. Para esta firma labora José Guarcas, un guatemalteco originario de Suchitepéquez y que vive en Escuintla.

Es la cuarta vez que viaja a trabajar a EE. UU., relata. Hace 10 años, su experiencia como soldador lo llevó a trabajar por dos temporadas en barcos en las costas de Florida. Este año es la segunda vez que labora en la mencionada compañía alimenticia con sede en Denison, Texas.

Marta Mojica y Joseline Benavides posan para una fotografía para Prensa Libre en Waterloo Park, en Denison, Texas. Ambas laboran para la empacadora de comida Ruiz Foods Inc. Son beneficiarias de visas H-2B. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

“La experiencia ha sido buena. Es una gran oportunidad y hay que aprovecharla y, claro, portarse bien para dejar abiertas las puertas en el futuro”, comenta Guarcas. En 2022 y este año su contrato es por cuatro meses, el actual vence el 20 de diciembre, fecha en la que regresará a Guatemala, y espera calificar de nuevo en el futuro.

Con lo que gana paga su estancia en EE. UU., vivienda, ropa y alimentos, y le alcanza para enviar remesas a su familia en Escuintla. Agrega que le gustaría que más gente tuviera la misma oportunidad ya que “la situación en Guatemala está crítica”.

“Con lo que trabajo en Escuintla me alcanza para unas cositas y pagar algunas deudas”, añade Guarcas. Con lo que ha ganado en estas dos últimas temporadas ha logrado remodelar su casa. “Y pienso seguir haciéndolo”, dice.

Joseline Benavides labora en la misma empresa de José, es salvadoreña, y asegura que como empleados migrantes tienen los mismos derechos que los trabajadores estadounidenses y coincide en que la experiencia ha sido buena y espera regresar al terminar su contrato actual.

“Mientras esté la oportunidad, yo aplique y me asignen voy a seguir viniendo las veces que sean”, resalta con entusiasmo.

Rudy Azmitia, de El Salvador, muestra la maquinaria que utiliza en sus labores de jardinería. (Foto Prensa Libre: Sergio Morales)

Denis Mejía, guatemalteco, contó su experiencia de este año —de junio a octubre— al laborar para la compañía Cheaster Leasing en Cleveland, Ohio. Calificó el trabajo como “positivo”, aunque el suelo que recibía era mejor, US$12 la hora, más propinas.

La mayor parte del tiempo trabajó haciendo entregas de mesas, sillas y toldos para celebraciones. Sin embargo, en las últimas semanas de trabajo, debido a que se disminuyó la demanda de eventos o celebraciones, la compañía también los empleo para trabajos de jardinería y empaques, donde ganó un poco mejor, US$14 la hora.

Es la primera vez que Mejía trabajó con una visa H-2B, pero dice que le gustaría regresar. Aquí en Guatemala trabajaba en un call center donde ganaba menos, por tal razón, afirma, el próximo año intentará aplicar de nuevo para trabajar en EE. UU.

Con 40 años y con estudios universitarios, sabe que en Guatemala hay muchos jóvenes que ofrecen sus servicios por menos pago, contrario a lo que sucede en EE. UU. en donde hace falta la mano de obra para trabajos rudos ya que la fuerza laboral incluso se compone por personas de la tercera edad.

“En EE. UU. hay un montón de trabajos que los estadounidenses no quieren hacer”, detalló.

¿Cómo aplicar?

Por lo regular, los interesados se enteran de la posibilidad de trabajar en aquel país por anuncios de los gobiernos o embajadas de EE. UU., en medios de comunicación o redes sociales.

En el caso de Guatemala se debe ingresar al sitio en internet reclutadoras.mintrabajo.gob.gt, crear una cuenta y completar un formulario. También se puede pedir información al teléfono 24222500 del Programa de Trabajo Temporal.

Solo en el año fiscal 2022, EE. UU. otorgó 422 mil 980 visas H2, según datos oficiales del gobierno. De estas, apenas 19 mil 34 fueron para los países del Triángulo Norte de Centroamérica, de las cuales nueve mil 267 fueron para trabajadores guatemaltecos.  Este año, hasta agosto, se han aprobado 10 mil 962 visas H-2A y H-2B, según el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El pasado 17 de noviembre el Gobierno de EE. UU. aumentó la cuota de estas visas para el año fiscal 2024 hasta en 64 mil 716, de las cuales 20 mil serán nuevas y se distribuirán a trabajadores de Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala y Haití.

Un migrante trabaja en Baumann Farms en Wisconsin, bajo el programa de visas temporales de trabajo H-2A. (Foto Prensa Libre: Cortesía Embajada de EE. UU. en El Salvador)

Los números parecen insuficientes para la cantidad de guatemaltecos que año con año migran de forma irregular a EE. UU. Solo en el año fiscal 2023 que recién acaba de finalizar, la Patrulla Fronteriza detuvo a 221 mil 849 connacionales.

Analistas sostiene que reducir la migración irregular depende, más que de las facilidades que otorgue EE. UU., del mejoramiento de las condiciones socioeconómicas en los países de origen.

Michael Brooke, portavoz de la Embajada de EE. UU. en El Salvador, precisó que las visas H-2 son una oportunidad “buena y viable para personas trabajadoras” y que representan beneficios para las compañías y para los trabajadores que pueden permanecer en ese país de forma legal, ganar dinero e invertirlo en sus países de origen.

Es mejor viajar de una manera legal a los Estados Unidos. El viaje irregular convierte el sueño en una pesadilla, pero con las visas H-2 el sueño se convierte en realidad”, apuntó.

Granja Automated Harvesting en Salinas, California, que también recibe a trabajadores migrantes. (Foto Prensa Libre: Cortesía Embajada de EE. UU. en El Salvador)

 

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