“Solo quería trabajar para pagar la operación de su hermanita”: la tragedia que lloran en Comitancillo

Un futbolista, un maestro y un estudiante, entre las víctimas ejecutadas el sábado pasado por un cártel del narcotráfico que opera en Tamaulipas. Once de los fallecidos eran originarios de Comitancillo, San Marcos.

Natalia Tomás Agustín, madre de Iván Gudiel Pablo Tomás de 22 años, recibe apoyo de vecinos luego de conocer sobre la muerte del joven en Tamaulipas. Fotos: Juan Diego González
Natalia Tomás Agustín, madre de Iván Gudiel Pablo Tomás de 22 años, recibe apoyo de vecinos luego de conocer sobre la muerte del joven en Tamaulipas. Fotos: Juan Diego González

Todos tenían un sueño, una ilusión y un objetivo. La falta de oportunidades redujo la posibilidad de que esos anhelos los materializaran en Comitancillo, San Marcos, un poblado que dista 300 km de la capital. Para buscar mejores opciones en sus vidas, hicieron un préstamo de Q110 mil a cambio de una porción de sus tierras, esas que han usado para sobrevivir.

El 12 de enero, once comitecos emprendieron el viaje hacia los Estados Unidos. Salieron por la frontera de La Mesilla, Huehuetenango, según relató la mayoría de familiares que lloran su ausencia.

Mientras ellos se desplazaban en silencio, la caravana de migrantes hondureños lo hacía de manera más visible en el otro extremo del país. Pero los nacionales pasaron inadvertidos, como muchos de los que salen desde otros municipios fronterizos.

El sueño no se cumplió. Terminó a pocas horas de cruzar la frontera entre México y EE. UU. Murieron, según el reporte de las autoridades mexicanas, a manos de un grupo de sicarios al servicio de un cartel de narcotraficantes que luego de ejecutarlos a balazos, quemó sus cuerpos.

Llamadas

Cuatro madres y una hermana, del mismo número de víctimas, aseguraron que este grupo de migrantes, entre los 16 y 40 años, salió el 12 de enero. El 23 las llamaron —una de las personas que planificó el viaje— para decirles que “había ocurrido una tragedia. Habían matado a sus parientes en territorio mexicano”.

Nadie creyó la noticia. Algunos se habían comunicado por teléfono y les referían su ubicación, pero de pronto hubo silencio. Desde el miércoles 20 ya no se supo de ellos. Todo se ha ido confirmando según avanzan los días. Los que quedaron quisieran que no fuera verdad, pero por las coincidencias les parece imposible que no sean ellos.

Familiares viajaron a la capital ayer para que la Cancillería les diera información y se le practicara una prueba de ADN. Quieren estar seguros de la identidad de las víctimas y así poder sepultar en los cementerios locales a sus seres queridos.

El luto llegó a cada una de las casas. En cinco de ellas, todas construidas de adobe, colocaron altares con una foto de las víctimas. Les queda solo el recuerdo y los buenos momentos.

El común denominador para irse del país, según los entrevistados, fue la falta de oportunidades y la pobreza.

Comitancillo, en voz del concejal tercero, Arcadio Marroquín, ha sido un pueblo migrante, que con el pasar de los años ha hallado más peligros cuando van por el “sueño americano”.

De los 19 migrantes ejecutados, once se supone que son de este municipio.

Esta es la lista oficial que comparte la Municipalidad: Marvin Alberto Tomás López, de 22 años; Rivaldo Danilo Jiménez Ramírez, 17; Anderson Marco Antulio Pablo Mauricio, 16; Santa Cristina García Pérez, 20; Iván Gudiel Pablo Tomás, 22; Osmar Miranda, 19; Edgar López, 24; Robelson Elías Tomás, 17; Élfego Miranda Díaz, 40; Adán Coronado, 31 y Uber Feliciano, de 17.

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Foto: Juan Diego González
Foto: Juan Diego González

Era el apoyo de su hermana pequeña

Santa Cristina García Pérez, de 20 años, se había mudado primero con su hermano mayor a Zacapa para dedicarse al trabajo doméstico. “Se fue porque acá en la comunidad no hay trabajo. Quería ganar dinero para apoyarme a mí y su hermanita, Ángela, de 1 año y ocho meses, quien padece de labio leporino”, explicó Olga Pérez Guzmán, 39, madre de la víctima.

La intención de Santa Cristina era trabajar duro para ayudar a su familia y pagar la cirugía de su hermanita para corregir el labio leporino.

Viven en el caserío Peñaflor, Comitancillo. Santa Cristina era la segunda de 10 hijos, y quien se había convertido en el soporte familiar. Cursó hasta sexto primaria. No estaba casada ni tenía hijos. Irse a EE. UU. fue la esperanza para una mejor vida.

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Foto: Juan Diego González
Foto: Juan Diego González

Deja a una niña en la orfandad

Iván Gudiel Pablo Tomás, de 22 años, se había casado hace un mes con Zaidy Amabilia Aguilón Carías, de 18. Juntos procrearon a Alice Patricia, quien ahora tiene ocho meses. La madre de Iván Gudiel dijo que él tomó la decisión de irse porque tenía deudas que pagar y en la comunidad Peñaflor no hay muchas opciones para salir adelante.

“Él era un muchacho sano y bueno con nosotros. Cuando se fue me dijo que quería ayudarnos a mejorar mi situación y la de su esposa e hija. Él estaba muy involucrado en la iglesia católica local, en el ministerio de alabanza. Era un buen hijo”, expresó.

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Foto: Juan Diego González
Foto: Juan Diego González

Su primer y último viaje

“Yo no sé cómo voy a llenar este vacío tan grande que me deja la pérdida de mi hijo”, exclamó María Marcelina Mauricio Tomás, de 34 años, madre de Anderson Marco Antulio Pablo Mauricio, de 16. “Cuando lo fuimos a dejar con la persona que se los llevaría nos dijo: ‘Ahí se cuidan, papá y mamá, pronto voy a regresar’”.

Anderson era el mayor de los nueve hijos de la familia Pablo Mauricio, quien reside en el caserío Nueva Esperanza, Comintacillo. Según la madre, su hijo decidió no estudiar más tras terminar el segundo básico. “La pandemia lo desesperó y nos dijo que quería ayudarnos a salir de la pobreza. Por eso se fue. No podía detenerlo”, se lamentó.

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Foto: Juan Diego González
Foto: Juan Diego González

Quería darle lo mejor a su familia

Rivaldo Danilo Jiménez Ramírez iba a cumplir 18 años el 25 de mayo. Se graduó de bachiller en Mecánica Automotriz, pero nunca pudo conseguir un empleo en el ramo. Se dedicaba a labrar la tierra y ganaba Q50 al día. Su madre, Judith Ramírez y Ramírez, de 34 años, explicó que él les dijo que quería viajar a Estados Unidos, donde estaba su hermana mayor, Jessica, quien viajó el año anterior.

Quería ayudarles a mejorar su condición económica. Ellos viven en el Centro 2 de la aldea Tuilelén, que está a 45 minutos de la cabecera. Era el segundo de siete hermanos.

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Foto: Juan Diego González
Foto: Juan Diego González

Futbolista y buen hijo

Lidia Tomás López, de 25 años, hermana de Marvin Alberto, de 22, uno de los migrantes que murió en México, explicó que él decidió viajar para enviarle dinero a su madre, que está enferma.

Ellos viven en una humilde vivienda de adobe en el caserío Las Flores, Comitancillo. Marvin, quien era un destacado mediocampista del equipo Juventud Comiteca, de la Tercera División, era el soporte de su madre y sus cinco hermanos.

Para el viaje tuvieron que hacer un préstamo a un vecino, quien a cambio recibió la escritura de un terreno familiar. “Es una tragedia lo que ha ocurrido con mi hermano y las otras personas”, manifestó Tomás López.