Resumen 2020: El día en que todo un país se detuvo

El silencio se hizo rutina y las calles desiertas hablaban de una pandemia que llegó al país tres meses después del primer brote de Sars-Cov-2 en China. Al igual que diversas naciones del mundo, Guatemala cerró sus fronteras y se impusieron restricciones a la libre locomoción.

El silencio caminó por las calles desiertas; tras las puertas de las casas había temor e incertidumbre. Las cifras de contagios y fallecidos iban en alza. Foto: Carlos Hernández
El silencio caminó por las calles desiertas; tras las puertas de las casas había temor e incertidumbre. Las cifras de contagios y fallecidos iban en alza. Foto: Carlos Hernández

El 13 de marzo, el presidente Alejandro Giammattei anunciaba el primer caso y el primer deceso de covid-19 en Guatemala y decretaba un confinamiento que pocos días después se tornaba en un toque de queda a partir de las 16 horas. El efecto de estas medidas en la economía fue devastador. Se perdieron empleos y muchas familias se vieron obligadas a pedir ayuda en las calles durante las pocas horas disponibles de desplazamiento.

En 2020 ocurrió lo inimaginable: se suspendían todas las actividades sociales que implicaran la reunión de más de 100 personas, lo cual incluía todas las procesiones de cuaresma y Semana Santa y las ferias patronales. Se suspendieron las clases presenciales de todos los niveles educativos.

Ocho días después, el 21 de marzo, dieron inicio las restricciones totales del tránsito con el toque de queda que empezó a regir de las 16 horas hasta las 4 de la mañana del día siguiente.

Con esto la población conoció a una Guatemala que no habían visto nunca, un país en completo silencio y en paro bajo el Decreto 6-2020 como medida para evitar la propagación del virus.

El 20 de abril se empezaron a flexibilizar las medidas. El toque de queda se corrió para las 18 horas y después para las 21, hasta quedar descartado.

La reactivación económica comenzó de forma lenta y entre temores de un repunte del virus. En todo este maremagnum solo hubo algo que siempre marcó la diferencia: el espíritu solidario de los guatemaltecos que siempre aflora en la adversidad.