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500 años de la Noche Triste: cómo fue la “infernal” derrota de Hernán Cortés y sus tropas a manos de los mexicas

Luego de alistar a sus hombres, construir un puente portátil de madera y empacar oro y joyas, el conquistador Hernán Cortés ordenó la sigilosa retirada que se convertiría en su más grande derrota.

La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II solo duró unos días. (Foto Prensa Libre: Getty Images)

La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II solo duró unos días. (Foto Prensa Libre: Getty Images)

Era la madrugada del 30 de junio de 1520, hace 500 años, cuando el líder de la expedición enfrentaría la mayor caída del ejército conquistador de México integrado por un millar de españoles y varios miles de indígenas.

La batalla se conocería mucho tiempo después como la “Noche Triste”, un episodio retratado por los cronistas españoles como un “infierno”.

“De los muchos que se ahogaban, ellos y los caballos, y de otros muchos soldados que allí en el agua mataban y metían en las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oír, pues la grita y lloros y lástimas que decían demandando socorro”, escribió Bernal Díaz del Castillo (ortografía de la época).

“El foso se hincho hasta arriba, cayendo los unos sobre los otros, y los otros sobre los otros, de manera que todos los del bagage, quedaron allí ahogados, y los de la retaguardia, pasaron sobre los muertos”, relató por aparte Bernardino de Sahagún.

Hernán Cortés
(Foto Prensa Libre: Getty Images)
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Hernán Cortés (1485-1547) conquistó México para la corona española casi un año después de la “Noche Triste”.

Y es que la huida de los españoles y sus aliados indígenas fue descubierta por los mexicas, el pueblo descendiente de los aztecas que en noviembre de 1519 se encontró con Cortés y sus hombres en México-Tenochtitlan, la gran capital del imperio.

“Fue la derrota más grande que sufrieron los españoles. Y a partir de ahí quedó claro que la lucha iba a ser a muerte”, dice a BBC Mundo el historiador Federico Navarrete, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

“Marcó la afirmación de la guerra como única resolución entre los mexicas y los españoles. Y eso culminaría con la gran batalla por México-Tenochtitlan que se dio al año siguiente”, añade.

Una ilustración del encuentro entre Moctezuma II, que gobernó Tenochtitlán de 1502 a 1520, y el conquistador español Hernán Cortés.
(Foto Prensa Libre: Getty Images)
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Una ilustración del encuentro entre Moctezuma II, que gobernó Tenochtitlán de 1502 a 1520, y el conquistador Hernán Cortés.

Una lucha que, sin embargo, no fue entre españoles e indígenas como dos bandos separados, advierte tanto Navarrete como el historiador Esteban Mira, de la Universidad de Sevilla (España).

“Fueron hechos violentos que ocurrieron hace cinco siglos y hay que verlos en su contexto histórico. No fue un enfrentamiento entre españoles y mexicanos como torticeramente algunos quieren hacer ver”, explica en conversación de BBC Mundo.

¿Por qué huía Cortés?

Un mes antes de la Noche Triste, un episodio de violencia exacerbó la violencia entre ambos bandos.

La diplomacia ya había fracasado y el rey mexica Moctezuma II era prisionero del ejército ocupante en mayo de 1520 cuando el número dos de la expedición, Pedro de Alvarado, ordenó una ofensiva durante una ausencia de Cortés.

Una ilustración de la Matanza del Templo Mayor
(Foto Prensa Libre: Códice Durán)
Códice Durán
La Matanza del Templo Mayor exacerbó aún más las hostilidades.

“Atacaron a traición a la población de México-Tenochtitlan, mataron a centenares, si no es que millares de personas desarmadas en lo que es conocido como la Matanza del Templo Mayor”, explica Navarrete.

Las confrontaciones escalaron e incluso el rey Moctezuma II fue asesinado durante una reyerta posterior. Y bajo el mando del nuevo rey, Cuitláhuac, el combate a los ocupantes se intensificó.

“Tras permanecer ocho días situados, hambrientos, cansados y la mayoría heridos, no les quedó más opción que disponer la huida, en la madrugada del 30 de junio de 1520”, explica Esteban Mira.

“Cuando se dieron cuenta que no podían sobrevivir más, debido al asedio, fue cuando decidieron huir de la ciudad el 30 de junio de 1520”, añade.

El fallido plan

Cortés, que era hábil para la estrategia y la negociación, no pudo sofocar los ánimos a su regreso a la urbe mexica luego de un viaje imprevisto que debió hacer entre mayo y la primera mitad de junio.

Al ver la situación al límite, ideó la retirada que se debía efectuar en la noche, durante una festividad mexica, para evitar al máximo que los rivales se dieran cuenta y los atacaran.

“Fui requerido muchas veces que me saliese, y porque todos o los más estaban heridos y tan mal que no podían pelear, acordé de lo hacer aquella noche, y tomé todo el oro y joyas de vuestra majestad que se podían sacar”, escribió el propio Cortés.

Debido a que México-Tenochtitlan era una isla, su salida de tierra era por unas calzadas -con canales que las cruzaban- que los mexicas podían controlar fácilmente, por lo Cortés ordenó construir un puente portátil de madera.

La sigilosa retirada de unos 1.300 españoles y varias veces ese número de indígenas aliados pudo avanzar solo un par de kilómetros por la calzada hacia el pueblo de Tacuba.

“Salieron de casa a medianoche en punto, y con gran niebla y muy callandito para no ser sentidos, y encomendándose a Dios para que los sacase con vida de aquel peligro y de la ciudad”, dice el relato del cronista Francisco López de Gómora.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,
(Foto Prensa Libre: cortesía de Tomás J. Filsinger)
Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

Pero fueron descubiertos: “Los centinelas de los enemigos y los guardas del templo y ciudad sonaron entonces sus caracolas y dieron voces que se iban los cristianos: y en un salto, como no tienen armas ni vestidos que echar encima y los impidan, salió toda la gente tras ellos con los mayores gritos del mundo”.

“Gritos, llantos, alaridos y espanto”

Entre los pocos documentos mexicas que se conservan, los Anales de Tlatelolco describen discretamente la huida.

“Durante la celebración de la fiesta Tecuilhuitl partieron en la noche y se marcharon. Fue entonces cuando murieron en el Canal de los Tolteca y que los obligamos a dispersarse”, dice una de sus páginas.

Una ilustración del Lienzo de Tlaxcala
(Foto Prensa Libre: Lienzo de Tlaxcala)
Lienzo de Tlaxcala
Se cuenta que una vendedora descubrió la huida y lanzó el grito de ataque.

Sin embargo, los cronistas españoles relataron el infierno visto luego de que una multitud de mexicas, desde el agua y por tierra, los atacaron y destruyeron el puente portátil que llevaban.

Muchos cayeron al agua, señala Bernal del Castillo: “decían demandando socorro: ‘Ayúdame, que me ahogo’; otros, ‘Socorredme, que me matan'”.

“Yendo por la calzada, ya que arremetían a los escuadrones mexicanos, echábanseles al agua, y de la una parte la laguna y de la otra azoteas, y por tierra les tiraban tanta flecha y vara y piedra”, relata.

Una ilustración del Lienzo de Tlaxcala
(Foto Prensa Libre: INAH)
INAH
De los que lograron huir, muchos pasaron sobre los cuerpos y las valijas con tesoros que quedaron sobre un canal.

Para López de Gómora, el haber cruzado de noche fue parte de la tragedia: “oscura y con niebla, fue de muchos gritos, llantos, alaridos y espanto; pues los indios, como vencedores, voceaban victoria, invocaban sus dioses, ultrajaban a los caídos y mataban a los que en pie se defendían”.

¿Lloró la derrota?

El número de bajas españolas se calcula en unas 600, pero varios cientos más fueron los indígenas aliados de los conquistadores, más otro tanto de los mexicas.

Los sobrevivientes llegaron al pueblo de Tacuba, donde los líderes militares hicieron el recuento, algo que el cronista Díaz del Castillo relató de una forma que dio paso a una leyenda.

“Volvamos a Pedro de Alvarado, que, como Cortés y los demás capitanes y soldados le encontraron de aquella manera que he dicho, y como supieron que no venían más soldados, se les saltaron las lágrimas de los ojos”, escribió.

El momento creó una escena en el imaginario popular de Hernán Cortés llorando su derrota al pie de un gran árbol de ahuehuete del cual aún queda un viejo tronco en Tacuba hasta la actualidad.

“No hay pruebas documentales que lo avalen, más allá de las palabras de Bernal Días”, explica el historiador Esteban Mira.

“Idealizado el episodio, no tiene nada de particular que sucediese más o menos así. No hay que olvidar que el metellinense (originario de Medellín, España) era una persona muy emocional, de lágrima fácil y tenemos certeza de varias ocasiones a lo largo de su vida en las que rompió a llorar”, añade.

El Árbol de Ahuehuete de Tacuba
(Foto Prensa Libre: Google)
Google
En Ciudad de México aún queda parte del árbol donde se dice que lloró Cortés en el barrio de Tacuba.

Mientras que en España, explica, casi nadie sabe de la Noche Triste, ni quién fue Hernán Cortés, pues “en los programas educativos a la conquista en general apenas se le dedican una o dos horas de clase”, en México suele levantar ánimos nacionalistas.

“El nacionalismo nos ha hecho que nos identifiquemos más con los mexicas y los indígenas que con los españoles. Eso tiene el grave defecto de no tomar en cuenta que el ejército que conquistó México-Tenochtitlan era 99% indígena y solo 1% español“, explica Navarrete.

“La guerra no fue entre indígenas y españoles. Fue una guerra entre indígenas, y los españoles estaban en uno de los dos lados. Pero eso normalmente no lo vemos”.


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