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¿Hemos llegado al final de ver TikTok hasta el infinito?

Esto es lo que TikTok tiene la intención de hacer, conectar con tu ello puro, llegar hasta el fondo de lo que sabes y lo que podrías querer conocer con la esperanza de que nunca te salgas del desplazamiento infinito de la aplicación.

TikTok alguna vez ofreció oportunidades aparentemente infinitas de ser seducido por música, bailes, celebridades y productos, pero en tan solo unos cuantos años, su promesa de determinar el futuro se está evaporando. (Stephan Dybus/The New York Times)

TikTok alguna vez ofreció oportunidades aparentemente infinitas de ser seducido por música, bailes, celebridades y productos, pero en tan solo unos cuantos años, su promesa de determinar el futuro se está evaporando. (Stephan Dybus/The New York Times)

¿Que cuánto tiempo paso en TikTok? Te puedo decir qué quiropráctico está demostrando su técnica sin siquiera ver su cara. Sé a qué creador de contenido de moda le agrada Rei Kawakubo y quién tiene una colección absurda de Carol Christian Poell. También estoy enterado de cuáles microinfluentes de la ciudad de Nueva York se van de vacaciones juntos y qué creadores están construyendo una modesta base de seguidores burlándose de un pequeño grupo de raperos que hacen que Playboi Carti suene como Kendrick Lamar.

Durante incontables horas de desplazarme por la aplicación (una hora al día, mínimo, desde hace ya varios años), he acumulado una experiencia de hipernicho basada en mis intereses, conscientes e inconscientes. El resultado es una recopilación de personajes en línea que, en este punto, moldean mi consumo cultural mucho más que cualquier celebridad o fuente informativa.

Esto es lo que TikTok tiene la intención de hacer, conectar con tu ello puro, llegar hasta el fondo de lo que sabes y lo que podrías querer conocer con la esperanza de que nunca te salgas del desplazamiento infinito de la aplicación. De todas las plataformas de redes sociales, es la que más promete determinar el futuro. Es la que parece más en sintonía con los gustos individuales y la más capaz de moldear una monocultura en surgimiento.

No obstante, en los últimos meses, desplazarse por la fuente de noticias (“feed”) ha sido como caer dentro del cajón donde guardamos lo que no queremos tirar: es navegar una colección de deseos abandonados, objetos sin importancia que nos hacen preguntarnos quién los puso ahí y cosas que ocupan espacio de manera que te entorpecen para encontrar lo que realmente estás buscando.

Por supuesto, esto ha ocurrido antes (cuando Twitter pasó de ser un salón de buena fe a un derbi siniestro de indignación o cuando Instagram y su ejército de personas influentes aprendieron a homogeneizar la alegría y la belleza). (Algunas aplicaciones, como Vine, una precursora de TikTok, se cerraron antes de volverse verdaderamente aburridas). De manera similar, el malestar que ha comenzado a invadir TikTok se siente sistémico, impulsado por el mercado y también potencialmente existencial, lo que indica el fin de una era floreciente y el precipicio de un periodo desértico.

Es un resultado desafortunado de la confluencia de algunos factores cruciales. El más evidente es la llegada de la plataforma de compras de TikTok, que ha convertido a incluso los pequeños creadores en portavoces y a la página de recomendaciones Para Ti en un bazar desorganizado. El sitio también está viendo una utilidad cada vez menor como vehículo orgánico de descubrimiento de música, lo que debilita su conexión con la principal industria del entretenimiento que ha llegado a depender más de él.

Ese vínculo roto ha hecho más desafiante para TikTok crear y cambiar la monocultura, lo que parecía preparada para hacer una y otra vez a principio de la década de 2020. El gran éxito “Old Town Road” de Lil Nas X ganó impulso primero debido a su uso como un sonido en videos de TikTok, el baile del renegado se convirtió en un idioma visual universal, lo que subraya el poder de las tendencias de baile como un conector, y creadores jóvenes como Charli D’Amelio pasaron de adolescentes desconocidos a avatares globales de la cultura juvenil casi de la noche a la mañana.

Finalmente, y tal vez de la manera más obstinada, está el propio algoritmo de personalización de TikTok, que te lleva cada vez más hacia tu propio gusto, hasta que ha sido refinado casi por completo (una ventaja que se convierte, con el paso del tiempo, en una desventaja). Con todo en consideración, uno se cuestiona cómo un formato diseñado para el desplazamiento infinito ha llegado a sentirse tan finito.

Hace tan solo algunos años, TikTok parecía destinada a convertirse en la plataforma más longeva para la revolución del video breve, la YouTube del contenido consumido mediante el celular. Sus videos más atractivos tienen una sensación de hechos en casa, casi por accidente. Los encuentras, te entretienen y los dejas pasar. Aun así, algunas cosas se quedan el tiempo suficiente para convertirse en auténticos éxitos culturales tradicionales: rutinas de comedia, pasos de baile, palabras de jerga. Una conversación descentralizada enorme ocurre todos los días y la promesa de la aplicación es que podrías seguirla mientras también te muestran otras cosas nuevas.

No obstante, la expansión cada vez mayor de videos y creadores (TikTok tiene cientos de millones de usuarios en todo el mundo) hace que sobresalir de esa manera sea menos posible. De vez en cuando, la aplicación crea una nueva e inesperada estrella: por ejemplo, la obsesión actual con la pareja acomodada de Atlanta, Jett Puckett y su esposa, Campbell, o como él la llama de cariño, Pookie. Sin embargo, la mayoría de las tendencias que tienen éxito ahora (pensemos en la moda de vestirse como esposas de mafiosos o en la avalancha de narrativas de “no te lo vas a creer” que acompañaron a la tendencia pesto de Susi en el otoño, que convirtió una publicación sobre salsa comprada en tiendas en un flujo aparentemente interminable de confesiones de traumas (lo cual suele funcionar como hilo conductor para individuos dispares en lugar de agregar legiones de usuarios en torno a una personalidad principal o clip de sonido).

Con menos puntos en común, los usuarios ven cada vez más a TikTok como un lugar donde monetizar potencialmente su vida en línea, un reconocimiento implícito de que todo el tiempo que pasan en línea es una especie de trabajo. Los microanuncios de hazlo tú mismo que ahora obstruyen la fuente de noticias se sienten más portentosos (es como morir aplastado por mil enlaces de afiliados). TikTok Shop comenzó en septiembre y rápidamente reorientó la aplicación hacia los merolicos. Puedes vender tu propio producto, pero la mayoría de las personas hacen videos a través de los cuales promocionan productos que ya están en la tienda y, luego, ganan una pequeña comisión si los videos conducen a una venta.

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La velocidad y el volumen del cambio han sido sorprendentes. Con el tiempo, Instagram se saturó de contenido patrocinado y enlaces de compra, pero su interfaz de compras nunca descarriló la experiencia general de la aplicación. TikTok Shop lo ha hecho en tan solo unos meses, con lo que estropeó una enorme cantidad de buena voluntad en el proceso.

No obstante, tal vez nada haya sido tan importante para la experiencia de TikTok como la música; la primera era de la aplicación se aceleró con una fusión con la aplicación de sincronía de labios Musical.ly en 2018 y los “sonidos” son uno de los principios de la organización de la plataforma, lo que permite a los usuarios clasificar videos con base en la música de fondo que elijan.

En el año anterior o los dos años previos a la pandemia, TikTok no tenía rival como herramienta de descubrimiento de música. Sin embargo, la COVID-19 obligó a todos a usar sus teléfonos, lo que creó una avalancha de contenido. Cuando los mercadólogos y publicistas se dieron cuenta de que TikTok era su mejor opción para llamar la atención, se abalanzaron y llenaron la aplicación de anuncios.

Ahora, lo más común es que el clip musical subyacente en la mayoría de los videos no sea audible (existe algo parecido a una etiqueta, para ayudar a impulsar un video en las búsquedas). La viralidad de la música emergente se ha vuelto poco común (una resurrección reciente: “I Wouldn’t Mind”, de la banda independiente de tendencia cristiana He Is We, es una canción de hace quince años que ahora es la banda sonora de los bailes en clubes de Jersey). TikTok también depende de sus relaciones con las disqueras, lo que la hace vulnerable; Universal Music Group publicó una carta abierta el martes en la que mencionaba que dejaría expirar su acuerdo de licencia con TikTok si la compañía no aumentaba las tasas de pago, entre otras exigencias, y el jueves por la mañana sus canciones comenzaron a desaparecer de la plataforma.

No obstante, la forma en que el contenido visual se desarrolla en la aplicación también parece restarle importancia a la música. Ideas breves y legibles como las rutinas de baile y los videos de atuendos parecen haber abierto el camino a videos que se prestan a una visualización prolongada y relajada, como clips de cómo controlar un césped rebelde o limpiar una alfombra ubicada en un área lodosa. Esto crea una euforia de bajo grado con medios visuales; no se necesita sonido. (TikTok también ha alentado a algunos creadores a publicar videos originales más largos y que dependan menos de la propiedad intelectual de otros).

Todo esto subraya un problema fundamental de TikTok que sigue sin ser resuelto: aún no ha habido una evolución en la forma del contenido óptimo. Los estilos narrativos que funcionarán mejor en este formato todavía no han sido perfeccionados, al menos no por parte de los profesionales. Para una aplicación que exige mucha atención, no requiere mucha capacidad intelectual. Eso deja a TikTok vulnerable a los momentos en que los espectadores, en pocas palabras, se distraen.

Mi punto de quiebre ha estado a punto de llegar desde hace meses y TikTok parece sentir mi inminente reticencia. Ha estado tratando de atraerme con videos divididos en varias partes sobre mascotas abandonadas (oscuro); imágenes de equipos de patinaje sincronizados (lindos); videos de larga duración sobre limpieza de pezuñas y conservación de arte (fascinantes, claro), y, por supuesto, ese absurdo barbero turco que mientras corta el cabello da faciales y hace masajes (me apunto).

De vez en cuando, me muestra algo que encuentro emocionante, desconcertante o ambas cosas, como el joven productor musical que se destaca en recreaciones a gran velocidad de ritmos de hiphop hechos con FL Studio —menos de 14 segundos para “Crank That (Soulja Boy)” de Soulja Boy—.

No obstante, incluso esas alegrías son pasajeras, lo que me hizo pensar que tal vez yo era el problema, mis hábitos y gustos de visualización estaban tan arraigados que el refinado algoritmo de TikTok evitó molestarme con algo más allá de mis límites particulares.

Es casi imposible salir de ese callejón sin salida sin empezar de nuevo, así que lo hice. Cerré sesión con mi cuenta y creé una nueva. ¿TikTok sería más ambicioso, más agradable y más cautivante si no tuviera que preocuparse por ofrecer lo que sentía que necesitaba?

Probé quedarme más tiempo en videos que de otra manera omitiría, darle me gusta a clips inesperados con la esperanza de generar un conjunto diferente de recomendaciones. Con cada intento de contraprogramar mis propios instintos, me sentía más frustrado e insatisfecho. No había forma de evitarlo: extrañaba a mis personajes. Ni un día completo pasó antes de que volviera a iniciar sesión en mi propia cuenta. ¿Fue aburrido? Lo fue. Sin embargo, fue una especie de aburrimiento tranquilo, no lo suficientemente ofensivo como para eliminarlo y aun así salpicado de chispas de esperanza por una emoción a tan solo un desplazamiento de distancia.

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Al poco tiempo, volví a mi cuenta favorita en la aplicación, una página de bajo perfil que he estado siguiendo durante años y que agrega videos, aparentemente grabados en China, de trabajadores de una fábrica que introducen diversos artículos (bicicletas, bidones de petróleo, camas de camiones, carriolas) a una trituradora industrial.

Ver estos videos es mi camino más seguro hacia la calma y la tranquilidad. Los objetos arrojados a las fauces de la máquina parecen muy resistentes, pero en cuestión de segundos se reducen a pedazos, porque no son obstáculo para la rotación implacable de los dientes de acero. Es un contenido de TikTok óptimo (para mí y tal vez también para TikTok). Cada video es una historia completa de la inocencia que da paso a la resistencia y termina en derrota. Sé lo que pasará al final, pero observo todo el proceso. ¿Por qué resistir? Despedázame, papi.