Muere a los 83 años el exdictador Manuel Antonio Noriega

A los 83 años de edad, murió el exdictador panameño Manuel Antonio Noriega. La noticia fue confirmada esta  noche por personal médico del Hospital Santo Tomás, donde estaba bajo cuidados intensivos

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Manuel NoriegaPanamá
El exdictador panameño Manuel Antonio Noriega murió a los 83 años en el hospital Santo Tomás informaron hoy fuentes hospitalarias. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
El exdictador panameño Manuel Antonio Noriega murió a los 83 años en el hospital Santo Tomás informaron hoy fuentes hospitalarias. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Desde el 28 de enero, Noriega salió del reclusorio luego de recibir arresto domiciliario por tres meses, para someterse a una cirugía.

En mayo, el exdictador cumplió dos meses ingresado en la unidad de cuidados intensivos del hospital después de haber sido operado de un tumor cerebral y su estado de salud era delicado.

A Noriega, le fue extirpado el pasado 7 de marzo un tumor benigno en el cerebro y tras sufrir una hemorragia a las pocas horas tuvo que ser sometido a una segunda operación.

En fecha reciente un juez había aprobado extendido a un año la medida temporal de arresto domiciliario hospitalario a Noriega.

  • Entrevista publicada en junio del  2015

Así fue la vida del dictador

El ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega, juzgado en Francia por lavado de dinero de la droga a finales de la década de 1980, fue un militar sin escrúpulos, agente de la CIA vinculado al narcotraficante colombiano Pablo Escobar y las guerras civiles en Centroamérica.
 
Noriega fue el “hombre fuerte” de ese país durante seis años, al frente del poder, pero en la sombra, de los gobiernos de turno entre 1983 y 1989.
 
Nacido en febrero de 1934, en el Darién, limítrofe con Colombia, en el seno de una familia pobre de origen colombiana, Noriega abrazó muy joven la carrera militar al dejar atrás, por razones económicas, su deseo de ser psiquiatra.
 
Tras participar en 1968 en un golpe militar contra el presidente Arnulfo Arias, comenzó su ascenso al defender al general Omar Torrijos contra una tentativa de derrocamiento, y se convirtió en uno de los militares más cercanos del caudillo nacionalista, que lo puso directamente al frente de los servicios de Inteligencia.
 
Desde esa época, había sido enrolado como espía de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), omnipresente en Panamá para vigilar el Canal.
 
Luego de la muerte de Torrijos en 1981, en un misterioso accidente de aviación, y la negociación de los tratados que aseguraron la devolución del Canal a Panamá, Noriega se convirtió en el “hombre fuerte” de ese país.
 
En el marco de las guerras civiles que azotaban a la región, Noriega fue capaz de jugar en varios frentes, lo que le permitió mantenerse en el poder, pasando de aliado fiel a enemigo número uno de EE. UU.
 
En 1983, las Fuerzas Armadas, la Policía, el Departamento de Migración, el control aéreo y la administración del Canal estaban bajo el control único de Noriega, general y comandante en jefe de la Guardia Nacional.
 
Noriega se disputó el poder con el general Rubén Darío Paredes, entonces jefe de la Guardia Nacional, quien creyendo tener el suficiente apoyo, en 1983 pidió la baja del Ejército para presentarse como candidato a la Presidencia.
 
El 12 de agosto de ese año, Noriega fue nombrado jefe de la Guardia Nacional, en sustitución de Paredes. Pese a las acusaciones de tener vínculos con el narcotráfico y el contrabando de armas, por medio de su asesor Mike Harari, antiguo jefe de los servicios secretos israelíes, Noriega contó con el apoyo de Estados Unidos.
 
En 1984 arrestó al teniente coronel Julián Melo, uno de sus más estrechos colaboradores, como responsable de una red de narcotráfico.
 
El oficialista Nicolás Ardito Barletta, que ganó las elecciones de 1984 gracias a un fraude, fue obligado a dimitir un año después por Noriega, tras abrir una comisión para investigar el asesinato del opositor Hugo Spadafora, del que era acusado el “ex hombre fuerte” de Panamá.
 
El sustituto fue el hasta entonces vicepresidente Éric Arturo Del Valle, que correría la misma suerte en 1988, cuando ordenó el paso a retiro de Noriega y su destitución. “El que se va es él”, fue la respuesta de los militares cuando Del Valle anunció la destitución de Noriega, tras casi un año de crisis política protagonizada por la Cruzada Civilista para acabar con la dictadura militar.

Se inicia la crisis

El detonante de esa crisis fue el coronel Díaz Herrera, que en mayo de 1987, despechado por su pase a retiro, acusó a Noriega de narcotráfico, del asesinato de Spadafora, de complicidad en la muerte de Omar Torrijos y del fraude electoral de 1984.
 
A medida que avanzaba la década, Washington empezó a aislarlo y la represión interna se intensificó. En 1986, una filtración de la inteligencia estadounidense llevó al diario The New York Times a cuestionar el papel de Noriega en el asesinato, dos años antes, de un opositor que fue decapitado.
 
Estas denuncias llevaron a EE. UU. a cambiar su opinión sobre quien hasta entonces era su hombre de Panamá, hasta darle totalmente la espalda y, a petición de la justicia, terminar por reclamarlo para juzgarlo por narcotráfico.
 
Las elecciones de 1989, ganadas por Guillermo Endara, fueron anuladas en medio de disturbios y se nombró presidente a Francisco Rodríguez, lo que supuso la continuidad de un régimen tutelado por los militares.
 
El 20 de diciembre de 1989, cinco días después de que asumiera el puesto de jefe del Gobierno, las tropas estadounidenses invadieron Panamá para “restablecer la democracia” y capturar a Noriega, algo que lograron el 3 de enero de 1990.
 
La cifra de víctimas mortales durante la invasión, según la Iglesia Católica, fue de 655 por el lado panameño, de los cuales 314 eran militares.

Dictan condena

Casi dos años después, en septiembre de 1991, comenzó el juicio en su contra y el 9 de abril de 1992 fue condenado a 40 años de cárcel por ocho delitos de narcotráfico y blanqueo de dinero por la justicia estadounidense.
 
La condena fue a 17 años por buena conducta, que cumplió en septiembre del 2007.
 
Noriega fue juzgado en ausencia en 1999 en Francia. El Tribunal Correccional de París lo condenó a 10 años de cárcel por lavado de dinero del narcotráfico y pidió su captura y extradición, que firmó la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton.
 
La misma pena de cárcel reclamó el miércoles último el fiscal Michel Maes —junto a una multa de €2.3 millones (US$2.8 millones)— tras considerar que “el papel de Noriega fue simple y claro: proteger el transporte regular de droga por Panamá y de las sumas de dinero” que recibía de un “tráfico íntimamente vinculado con el cartel de Medellín”.